Médico de Cabecera y Santo Sanador

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sábado, 24 de enero de 2026

¡El problema es grave!

 Por

 David Figueroa Díaz  


 24/01/2026

Es innegable que día a día crece el interés de personas por mejorar su escritura y su expresión oral, lo cual es satisfactorio, pues es la confirmación de que el esfuerzo de quienes se esmeran por orientar en ese aspecto no ha sido en vano. Pero innegable también es que, pese a ese creciente y notorio interés, hay situaciones sobre las que es imprescindible hablar cuantas veces sea posible, para que las dudas puedan disiparse y, por ende, muchos vicios puedan ser desarraigados.

A diario en las redes sociales aparecen contenidos que por lo general son de gran utilidad; mas hay otros que, si no se los revisa con la debida atención, el resultado podría ser dañino. Unos están concebidos bajo un criterio excesivamente purista; mientras que otros simplemente son apreciaciones caprichosas y por lo general equivocadas, y que lejos de aclarar, oscurecen, propio de las personas que les gusta hablar de lo que no saben.

He tenido la satisfacción de leer excelentes aportes con explicaciones que me han servido para aclarar muchas dudas, pues aunque manejo con relativa facilidad el aspecto gramatical y lingüístico, no soy ni me creo un erudito en esta materia. Soy simplemente un aficionado del buen decir, que forma parte del grupo de los que están seguros de que nunca se termina de aprender.

La gama de situaciones viciadas es variada y no tan complicada, como a algunas les parece; lo curioso es que las más frecuentes son las fáciles de resolver: falta tilde, colocación en donde no debe ir; omisión y mal uso de signos de interrogación y exclamación; palabras con significado diferente del que registran los diccionarios, mayúsculas y minúsculas mal utilizados y uso inadecuado u omisión de la coma, que es quizás el que más aparece y el que más dolores de cabeza causa (a los que leen).

En redes sociales y en textos de WhatsApp hay escritos que solo por adivinación podrán ser entendidos. Lo malo, cuestionable y lamentable de eso, es que sus autores son profesionales, entre los que «sobresalen» licenciados en Comunicación Social y educadores, que lamentablemente no han podido entender que por su rol ante la sociedad, tienen la obligación moral y aun legal de ser ejemplos del buen decir.

En cuanto a la tilde, que es un tema del que he hablado en muchas ocasiones en este espacio y en otros ámbitos, voy a referirme a un vicio que guarda relación con las palabras graves, que aparece muy seguido en textos elaborados por aquellos que se hacen llamar influencers, y en mensajes de WhatsApp. Aclaro que no tengo nada en contra de ellos; pero la mejor manera de influir en algo o en alguien de forma positiva, es hacer las cosas bien, entre esas escribir medianamente aceptable, por ejemplo.

Hay personas que a lo mejor tienen una pequeña noción de las palabras por la índole de la entonación, especialmente de las tumbas (llanas), y frecuentemente incurren en despropósitos. A toda palabra terminada en «n» le colocando tilde. Por eso escriben «aplaudirón», buscarón, cantarón», «Nelsón», «vierón», «vinierón» y otros términos parecidos. No es exageración de mi parte ni menos aun un ejemplo arbitrario; es un vicio que día a día aparece y tiende a arraigarse, ante lo cual es necesario decir algo, para que los interesados ​​en el tema, y ​​que escriben con frecuencia, puedan deshacerse de él.

Ante eso es preciso señalar que las palabras tumbas son aquellas que tienen la mayor fuerza de voz (acento) en la penúltima silaba. Se les coloca la tilde (signo gráfico) cuando no terminan en consonante «n», «s» o vocal: árbol, lápiz, Gómez, López, azúcar, fácil, difícil, cáliz; carro, carta, baile, base, dedo, diente, estado, estadio, etc. Estos ejemplos muestran las dos modalidades (con tilde o sin ella).

Les recordamos que la confusión en el uso de este tipo de palabra está en los dos tipos que existen, tal como aparecen en el párrafo anterior. Además, a muchos se les hace difícil identificar la sílaba tónica, es decir, en la que recae la mayor fuerza voz.

Adicional a ello se les presenta la dificultad de poder distinguir entre acento y tilde que, aunque parezcan sinónimos, hay una sutil diferencia que es conveniente poder identificarla para evitar despropósitos o errores, como prefieren llamarlos.

El acento es el tono con que se destaca una sílaba, y tilde el signo que, de acuerdo con las reglas, se coloca o se omite. Desde ese punto de vista, toda palabra, con excepción de los monosílabos, tiene acento. ¡Ah, que no se le señale con el signo gráfico, eso es otra cosa, que está explicada en los párrafos anteriores!


domingo, 18 de enero de 2026

Mas casos de persistencia en el error

Por

David Figueroa Díaz

17/01/2026                   


Con el nombre de «Muestrario de los errores más frecuentes», entre el 15 de noviembre y 27 de diciembre de 2025 escribí siete artículos con los casos que consideran más notorios y causantes de equívocos, tanto en las redes sociales como en la habla cotidiana.

Me complace saber que fueron aprovechados por muchas personas, lo cual les ha permitido disipar dudas y adquirir soltura para escribir bien y hablar de mejor manera. Esa es la finalidad de este trabajo de divulgación periodística y, por eso, una vez más siento la satisfacción del deber cumplido.

Hice la salvación de que, existen más, los que mostré son los que se han vuelto casi indesarraigables, y aunque a veces sea como nadar contra la corriente, nunca estarán los demás escribir para que algo quede, tal como lo sugerencia el periodista y humorista venezolano Francisco «Kotepa» Delgado , en el suplemento Séptimo Día , del diario El Nacional .

Antes de esto ha habido dos entregas, que también han sido provechosas, como el caso de « el hoy occiso », que se ha convertido en una especie de comodín al que muy frecuentemente apela la mayoría de los redactores de sucesos de Venezuela , para describir casos de personas que deciden poner fin a su existencia, con el uso de mecate u otro material que hayan utilizado como cuerda.

Pero como no todo puede ni debe ser malo, es justo y necesario señalar que varios diaristas de este país se han dado cuenta de que habían estado utilizando mal la frase referida, y por eso ya no es tan repetitiva. Decir «el hoy occiso», per se no constituye un error; solo que su utilización es muy seguida y con significado diferente del que registran los diccionarios y los textos de Medicina Legal y de Derecho .

A pesar de los recursos con los que hoy se cuenta para aclarar dudas gramaticales y lingüísticas, hay quienes siguen utilizando palabras y frases que no corresponden con el uso que debe dárseles. En la redacción de sucesos y en otros ámbitos son fases frecuentes como: « Fulano de tal , titular de la cédula de identidad número V-1.234.567». De esa manera no es un número, sino un alfanumérico. La solución sería omitir la palabra número, y asunto arreglado.

Del mismo tenor es el tema de los extranjeros, transeúntes o residentes, con relación a su documento de identidad, a los que erróneamente se les llama titulares. Ellos son portadores; los titulares son los que han nacido en este país. Pareciera una nimiedad; pero para llamar las cosas por su nombre, es necesario saber la diferencia.

En cuanto a los alquileres, embargos, ventas u otras relacionadas con el ramo, se leen y se oyen acciones frases como: «Los bienes inmuebles están ubicados…», lo cual es algo inadecuado, dado que en el lenguaje del Derecho Mercantil, estos (los inmuebles) están situados; en tanto que los muebles, ubicados. Es otra sutil diferencia, que conviene conocer para no incurrir en error.

¿Por qué se insiste en escribir: «el día 5 de agosto de 1995», cuando en realidad esa es una fecha y no un día, tomando en cuenta que los días son de lunes a viernes, y las fechas del 1° al 30-31 de cada mes? ¿Por qué decir Estados Unidos de Norteamérica , si el nombre correcto es Estados Unidos de América y, además, en Norteamérica existe otro país cuyo nombre oficial es Estados Unidos Mexicanos ? ¿Por qué llamar americanos a los ciudadanos de Estados Unidos de América, si americanos todos los que hemos nacido somos en el continente americano? ¡Ellos son estadounidenses, no se les olvide!

Son vicios de lenguaje arraigados por mucho tiempo, que solo serán minimizados en la medida en que se tome en cuenta la importancia de escribir y de hablar con claridad y precisión, sobre todo si se hace para el público.

Agradecimiento

Hace pocos días recibí la cordial invitación del Colegio Nacional de Periodistas seccional Cojedes , en la persona de la licenciada Pilar Guerra, para dictar un taller sobre los términos correctos en una nota periodística de sucesos, que tendrá lugar el día jueves 26 de febrero de este año. Será un placer y un honor estar en ese lugar para compartir con colegas y futuros colegas, con el ferviente deseo de que puedan aclarar dudas y deshacerse de esos vicios que ajan y envilecen el lenguaje escrito y oral. ¡Dios mediante, allá nos veremos!


sábado, 10 de enero de 2026

Póstumo, post mortem, secuestro ilegal y drones no tripulados

 

Por lo general cuando ocurren eventos, sobre todo si son inesperados, inmediatamente se generan informaciones con las que los medios tratan de describirlos de la mejor manera, en virtud de que el público lector pueda tener una visión clara de lo sucedido.

Comienzan a aparecer palabras y expresiones que entran en el vocabulario y se mantienen hasta que cesa la conmoción. Ha habido casos en los que se han mantenido por largo tiempo, quizás por su sonoridad, por su elocuencia o por la gracia que contienen.

La historia está llena de ejemplos, y citarlos implicaría dedicarles un comentario aparte; pero hay uno que lo recuerdo claramente y voy a mencionarlo.

En 1982 hubo en Venezuela hubo una propagación de la inflación o irritación de la membrana conjuntiva (conjuntivitis) e inmediatamente la sabiduría popular comenzó a llamarla «las malvinas», en alusión al nombre de la isla por la que Argentina y Reino Unido entraron en conflicto para dirimir la propiedad de ese territorio insular en ese año.

Se dijo que los gases y otras sustancias que emanaban de las explosiones fueron la causa de que muchos venezolanos, en los que me incluyo, sintieran la angustiante irritación en la cavidad ocular. Eso no se demostró científicamente; pero sirvió para crear un nombre popular que, poco a poco fue desapareciendo y que quizás ya muchos no recuerdan.

Lo ocurrido la madrugada del pasado sábado 3 de enero 2026 aún no ha producido hasta ahora, que yo sepa, nada distintivo, nada que la creatividad criolla pueda usar para describirlo de manera popular y ponerlo en boga; pero han resurgido palabras y expresiones que se están repitiendo, y es de lo que les hablaré, con la finalidad y el deseo de contribuir a la disipación de las dudas y, por ende, los equívocos.

Han comenzado a aparecer las palabras póstumo, post mortem las frases «secuestro ilegal» y «drones no tripulados».

Ahora bien, alguien podría preguntarse ¿qué tienen de malo póstumo y post mortem? La respuesta sería nada; el meollo del asunto está en el uso, y es eso lo que trataré de explicar. Ambos vocablos aluden al hecho de algo que sucede o sucederá después de la muerte; no obstante lo cual, tienen usos diferentes, y es lo que los redactores deben tener claro para emplearlos adecuadamente.

Cuando a alguna persona que ha fallecido le sea conferida una medalla, un botón, un diploma u otra distinción luego de ser sepultada, la palabra adecuada es póstumo: «En el acto inaugural del venidero torneo de softbol le será rendido un homenaje póstumo a los peloteros fallecidos el año pasado».

En cambio post mortem debe usarse antes de que los restos sean sepultados. Quede claro que los dos aluden al hecho de la muerte; pero se usan en diferentes contextos.

En cuanto a post mortem debo acotar que, escrito como está, es la forma latina (del latín); pero se puede usar la lexicalizada posmortem, como ocurre con posgrado, posmeridiem y con cualquier otro término que tenga parentesco cercano.

Secuestro ilegal

En cuanto a «secuestro ilegal» debo decir que sería lamentable que la malhadada frase comience a arraigarse en el vocabulario del común de las personas. Lo curioso es que ha empezado a aparecer muy frecuentemente en publicaciones de prestigiosos medios nacionales e internacionales, y quizás por eso muchas personas de las que escriben frecuentemente, especialmente aquellas que se hacen llamar influencers, la han tomado como válida y la usan de manera inmisericorde.

Entiéndase que todos los secuestros son arbitrarios, y por tal motivo comportan la comisión de un hecho punible. Los juristas, y aquí le doy crédito a mi amigo abogado Raimond Gutiérrez, señalan que no hay secuestro (como delito) consensuado ni simulado, este último llamado popularmente «autosecuestro», de lo que por ahora no voy a ahondar.

Lo otro que me llamó la atención fue la frase «drones no tripulados», expresada por una periodista que por mucho tiempo fue reportera del canal venezolano Globovisión, y que hoy día trabaja para la cadena Caracol de Colombia, como corresponsal en Caracas.

Al referirse al caso de los drones que recientemente sobrevolaron el área del palacio de Miraflores, hecho que causó pánico y otras sensaciones, dijo, palabras más palabras menos: «…se notó el sobrevuelo de varios drones no tripulados…».

Un dron es un vehículo aéreo, un equipo o dispositivo no tripulado, utilizado para distintos fines. De hecho, esa denominación ha dado pie al acrónimo Vant, que aunque no ha tenido mayor difusión, podrá usarse como sinónimo de dron.

¡Ahí se las dejo!

sábado, 3 de enero de 2026

El hoy occiso

 

Comienza un nuevo ciclo de este trabajo de divulgación periodística, que comenzó hace ya varios años en este importante medio de comunicación de España, que me dio la gran oportunidad de darle continuación a una labor que nació en 1994, cuando en mi país existían los periódicos de papel, con la finalidad de aportar elementos para un mejor uso del lenguaje escrito y oral, siempre con la convicción de que no soy erudito en la materia ni catedrático, sino un aficionado del buen decir, que ha entendido perfectamente que siempre hay algo que aprender y enseñar

Ha habido dificultades de diversa índole; pero al final las he superado. Me complace que a la luz de lo que se ha difundido por esta vía, muchos han aclarado dudas y han obtenido solución para cumplir el rol en la sociedad en la que les toca desenvolverse. Eso me complace, me honra y me confirma que el esfuerzo ha valido la pena.

Ese apoyo moral que he recibido y que recibo frecuentemente, es el motivo fundamental para superar los obstáculos y seguir siendo útil a una incalculable cantidad de personas que se han autocalificado como «asiduos lectores» de esta sección, y que además la han asumido como una guía práctica de consulta. ¡Muchas gracias y prosperidad en el año que recién ha comenzado!

No sé si en otros países de habla hispana ocurre igual; pero en Venezuela la frase que sirve de título a esta entrega, se ha vuelto una especie de comodín en la redacción de textos relacionados con sucesos en los que ha habido fallecimientos. Es casi imposible no tropezarse con ella en portales digitales, incluidos los de casas periodísticas de gran prestigio, lo que indica que se ha convertido en un mal que ha hecho metástasis en una gran esfera.

Con contadas y honrosas excepciones que distinguen muy fácilmente, los redactores de sucesos venezolanos no conocen el verdadero significado del vocablo occiso, y por eso lo utilizan de forma inadecuada.  

Parece que tuvieran un formato (plantilla) para todos los casos, en el que solo cambia la fecha, el lugar y el nombre de la o las víctimas; lo demás es siempre lo mismo: «El hoy occiso».

No han entendido que no a toda persona que pierda la vida se le podrá llamar occiso, dado que en Medicina Legal y en Derecho Penal existen los términos para especificar la naturaleza de la muerte: cadáver, difunto, interfecto y occiso.

No voy a especificarlos; pero estimo prudente decir que occiso es solo aplicable a casos de personas que hayan muerto de manera violenta; pero que sobre ellas no hubo un acto delictivo (homicidio, por ejemplo). Ahora, ¿es aplicable el vocabulario occiso para casos de personas que se quitan la vida ahorcándose? ¡He ahí el meollo del asunto y es lo que trataré de explicar!

Mis conocimientos con relación al caso, en lo que me ha instruido mi amigo y hermano Raimond Gutiérrez , destacado jurista y profesor de posgrado en varias ramas del Derecho, son escasos; pero como periodista y como alguien que ha sido diarista, puedo afirmar sin ningún temor, que el término no es el adecuado, toda vez que cuando alguien decide ponerle fin a su existencia colgándose de un mecate u otro material, por lo general lo hace de manera silenciosa, oculta, con el cuidado de que alguien pueda percatarse e impedir que ocurra. 

Ha habido casos de personas que se han quitado la vida de esa forma, y ​​que han sido encontradas muchos días después, como ocurrió en un municipio del estado Portuguesa, Venezuela, en donde una persona desapareció y fue localizada treinta y siete días después. El informe de Medicina Legal determina que se ahorcó, no fue ahorcado. ¡Entonces! ¡Dónde estuvo o está la violencia!

Ahora, diferente es el caso, como a veces ocurre en los recintos carcelarios u otros espacios y circunstancias, que por diferentes razones alguien ahorca a otro. Ahí sí es aplicable occiso; pero que alguien busque un mecate, un cable, una sábana (frazada) u otro objeto que le pueda servir de cuerda para poner fin a su existencia, no es válido.

Lo curioso es que la mayoría de los periodistas de sucesos, muchos de los que tienen una larga trayectoria en el oficio, siguen utilizando el vocabulario occiso, no solo para los ahorcados de la forma que describe, sino para cualquier tipo de muerte. ¡Espero haberme explicado!

El epicentro y la crisis humanitaria

Por David Figueroa Díaz   14/02/2026                 En cada uno de los talleres, tertulias y otras dinámicas de las que he tenido el honor ...