Médico de Cabecera y Santo Sanador

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sábado, 3 de enero de 2026

El hoy occiso

 

Comienza un nuevo ciclo de este trabajo de divulgación periodística, que comenzó hace ya varios años en este importante medio de comunicación de España, que me dio la gran oportunidad de darle continuación a una labor que nació en 1994, cuando en mi país existían los periódicos de papel, con la finalidad de aportar elementos para un mejor uso del lenguaje escrito y oral, siempre con la convicción de que no soy erudito en la materia ni catedrático, sino un aficionado del buen decir, que ha entendido perfectamente que siempre hay algo que aprender y enseñar

Ha habido dificultades de diversa índole; pero al final las he superado. Me complace que a la luz de lo que se ha difundido por esta vía, muchos han aclarado dudas y han obtenido solución para cumplir el rol en la sociedad en la que les toca desenvolverse. Eso me complace, me honra y me confirma que el esfuerzo ha valido la pena.

Ese apoyo moral que he recibido y que recibo frecuentemente, es el motivo fundamental para superar los obstáculos y seguir siendo útil a una incalculable cantidad de personas que se han autocalificado como «asiduos lectores» de esta sección, y que además la han asumido como una guía práctica de consulta. ¡Muchas gracias y prosperidad en el año que recién ha comenzado!

No sé si en otros países de habla hispana ocurre igual; pero en Venezuela la frase que sirve de título a esta entrega, se ha vuelto una especie de comodín en la redacción de textos relacionados con sucesos en los que ha habido fallecimientos. Es casi imposible no tropezarse con ella en portales digitales, incluidos los de casas periodísticas de gran prestigio, lo que indica que se ha convertido en un mal que ha hecho metástasis en una gran esfera.

Con contadas y honrosas excepciones que distinguen muy fácilmente, los redactores de sucesos venezolanos no conocen el verdadero significado del vocablo occiso, y por eso lo utilizan de forma inadecuada.  

Parece que tuvieran un formato (plantilla) para todos los casos, en el que solo cambia la fecha, el lugar y el nombre de la o las víctimas; lo demás es siempre lo mismo: «El hoy occiso».

No han entendido que no a toda persona que pierda la vida se le podrá llamar occiso, dado que en Medicina Legal y en Derecho Penal existen los términos para especificar la naturaleza de la muerte: cadáver, difunto, interfecto y occiso.

No voy a especificarlos; pero estimo prudente decir que occiso es solo aplicable a casos de personas que hayan muerto de manera violenta; pero que sobre ellas no hubo un acto delictivo (homicidio, por ejemplo). Ahora, ¿es aplicable el vocabulario occiso para casos de personas que se quitan la vida ahorcándose? ¡He ahí el meollo del asunto y es lo que trataré de explicar!

Mis conocimientos con relación al caso, en lo que me ha instruido mi amigo y hermano Raimond Gutiérrez , destacado jurista y profesor de posgrado en varias ramas del Derecho, son escasos; pero como periodista y como alguien que ha sido diarista, puedo afirmar sin ningún temor, que el término no es el adecuado, toda vez que cuando alguien decide ponerle fin a su existencia colgándose de un mecate u otro material, por lo general lo hace de manera silenciosa, oculta, con el cuidado de que alguien pueda percatarse e impedir que ocurra. 

Ha habido casos de personas que se han quitado la vida de esa forma, y ​​que han sido encontradas muchos días después, como ocurrió en un municipio del estado Portuguesa, Venezuela, en donde una persona desapareció y fue localizada treinta y siete días después. El informe de Medicina Legal determina que se ahorcó, no fue ahorcado. ¡Entonces! ¡Dónde estuvo o está la violencia!

Ahora, diferente es el caso, como a veces ocurre en los recintos carcelarios u otros espacios y circunstancias, que por diferentes razones alguien ahorca a otro. Ahí sí es aplicable occiso; pero que alguien busque un mecate, un cable, una sábana (frazada) u otro objeto que le pueda servir de cuerda para poner fin a su existencia, no es válido.

Lo curioso es que la mayoría de los periodistas de sucesos, muchos de los que tienen una larga trayectoria en el oficio, siguen utilizando el vocabulario occiso, no solo para los ahorcados de la forma que describe, sino para cualquier tipo de muerte. ¡Espero haberme explicado!

sábado, 27 de diciembre de 2025

Muestrario de los errores más frecuentes (y 7)

 

 

Con esta entrega culmina la serie de artículos dedicados a los que considero los errores en los que incurren muchas personas que escriben con regularidad y usan la expresión oral en medios de difusión. Esta recopilación, de ningún modo implica que sean los únicos, pues existe una larga lista; pero son estos los que más dudas y equívocos generan, en mi opinión, que es compartida con otros a los que les apasiona el tema gramatical y lingüístico.

Han sido de gran ayuda los aportes de inquietudes de muchas personas que se han interesado en el tema y que están convencidas de que siempre hay algo que aprender. Esa debe ser la actitud de todo el que desee deshacerse de esos vicios que impiden escribir bien y hablar de mejor manera. ¡Esa es la finalidad y mi intención de lo que escribo en este espacio!

Antes de entrar en materia, les expreso mi gratitud a todas esas personas que de manera regular siguen este trabajo de divulgación periodística, y también a los que ocasionalmente han podido aprovechar esta ventana para disipar dudas.

En este último sábado de diciembre del presente año, aprovecho la ocasión para desear que 2026 esté lleno de alegría y logros; de oportunidades y sobre todo de voluntad para alcanzar las metas; paz para disfrutar cada momento, con Dios siempre presente.

Nobel

Sobre esta palabra han surgido dudas y polémicas en cuanto a su pronunciación, y por eso la he incluido en este compendio, en aras de poder contribuir para que haya claridad. Lo primero que debe tomarse en cuenta es que, es un vocablo agudo, y por tal razón su acento está en la última sílaba. No se le coloca la tilde porque no termina en vocal ni en consonante «n» o «s». En este punto es necesario recalcar que entre acento y tilde hay una sutil diferencia que conviene conocer, para evitar incorrecciones. El acento se refiere a la entonación de la palabra, en la que siempre habrá, excluidos los monosílabos, una partícula que se pronuncia con mayor énfasis, llamada sílaba tónica; en tanto que tilde es el signo que se usa para marcar esa diferencia en el tono. La sílaba tónica de Nobel (que de colocársele la tilde sería Nobél), está al final; pero no se le coloca por las razones que he mencionado en este párrafo.

Novel

Para este término se aplica el mismo criterio anterior (novél); solo que, mientras el primero se refiere a los premios y a su creador, este significa «principiante», «novato», con «poca experiencia». Ahora bien, la fuerza de la costumbre ha conducido a que a ambos vocablos se los pronuncie con entonación aguda, pues son y han sido muy raras las ocasiones en las que alguien las haya usado de forma correcta, aun en altas esferas del saber, que es lo más curioso.

Porqué, porque, por qué, por que

Porqué (con tilde y junto) es un sustantivo que se usa para expresar motivo o razón: «No entiendo el porqué de tanto drama». Porque (sin tilde y junto), se usa para explicación o causa: «Es famoso porque tiene talento». Por qué (separado y con tilde), se usa para preguntar: «Por qué no viniste». En este caso la forma para la respuesta a esa pregunta es porque… Por que (separado y sin tilde), es la unión de por más que: Lucha por que sus sueños se hagan realidad». En muchos casos puede sustituirse por «por el cual» o «por la cual». El contexto y el sentido común determinarán cuál usar.

¿Vídeo o video?

En este caso también han surgido polémicas, que considero innecesarias, pues solo basta con saber que «es una palabra de doble acentuación: prosódica y gráfica. En España utilizan esa palabra como esdrújula: «vídeo»; mientras que en América es llana (grave) y no lleva tilde: «video». De modo pues que, podrá usarse en razón de gusto. Yo prefiero la que más se usa por estos lares.

Algo más: los que generan esas polémicas, son personas a las se las conoce como las sabelotodo, que les encanta hablar de lo que no tienen ni siquiera la mínima noción. ¡Nos rencontraremos el venidero sábado!




sábado, 20 de diciembre de 2025

Muestrario de los errores más frecuentes (6)

Por

David Figueroa Díaz 


20/12/2025

Con material tomado de las redes sociales y con algunos aportes de asiduos seguidores de este trabajo de divulgación periodística, he recopilado las que, en mi opinión, son las impropiedades en las que más incurren muchas personas que escriben frecuentemente para el público. El inmenso poder inductivo de los medios de comunicación ha hecho que esas situaciones se hayan tornado en vicios casi indesarraigables.

Algunas personas han tomado en cuenta la importancia de escribir bien y hablar de mejor manera; pero hay otras que lamentablemente no lo han hecho, pues para ellas lo importante es que se entienda lo que expresan. Lo malo de todo esto es que muchos, por su rol que desempeñan ante la sociedad en la que se desenvuelven, deben ser ejemplos del buen decir; no obstante lo cual, se conforman con lo que sean entendidos, sin importar los disparates que empleen, por vía escrita u oral; les da igual.

Siempre he dicho que hay un creciente interés por aclarar dudas y adquirir soltura en esto de escribir bien y hablar de la mejor manera, sin pretensiones de eruditos; pero también subsisten focos en los que están aquellos a los que lo único que les importa es escribir o expresarse de cualquier manera, entre los que hay periodistas, locutores, publicistas, influencers, educadores y otros profesionales.

Existen casos de locutores, muchos de los cuales se jactan de que su certificado se lo otorgó la UCV, con graves defectos de pronunciación; periodistas y educadores cuya redacción ronda la pobreza crítica; pero como a ellos (ya ellas también) solo los alienta el deseo de ser entendidos, dirán que eso de escribir bien y expresarse de mejor manera, en esta era moderna no es necesario. ¡Válgame de Dios! Para aquellos que han ponderado la importancia de hacerlo bien, con mucho cariño y respeto es este trabajo de divulgación periodística.

Las patas de gato

Cuando alguien pretende involucrase en algo que no es de su incumbencia o, que en el peor de los casos correría un gran riesgo, es frecuente que alguien le sugiera: «no les busques las cinco patas al gato», lo cual es un error, y ya verán por qué. Primero, no es al gato, sino a la palabra gato. Se habla de tres, cuatro, cinco, seis y hasta siete patas, porque creen que esa expresión alude al animal como tal.

Resulta que antiguamente, a las sílabas de los vocablos se les llamaba pie o pata. Entonces, como la palabra gato tiene solo dos sílabas (es decir, dos patas), no hay para buscarle más. De modo tal que, no le busque las tres patas a gato. Esto de las patas a gato lo aprendí de mi amigo Manuel Castillo Rivero, quien aparte de fútbol, ​​maneja con facilidad el lenguaje que emplea.

Escapulario ajeno

Hay quienes, con la pretensión de mostrar su «gran nivel de preparación» y su «elocuente prosa», les cambian la composición a algunas frases. Una de esas es la que alude a las personas que tienen la mala y aborrecible costumbre de arrogarse el producto del esfuerzo de otros.

Por eso existe la expresión «ganar indulgencia con escapulario ajeno», que es la forma que se conoce desde siempre, cuyo origen lo desconozco.

En la dinámica actual se lee o se oye: «Hacer gracia con escapulario ajeno», lo cual no compagina con la original. ¡No tiene sentido hacer gracia con escapulario ajeno; es ganar indulgencia!

¿Al final o a la final?

Los cazadores de gazapos siempre están a la espera de que alguien incurra en un despropósito, para que ellos, con la «gran sabiduría» que los caracteriza, le observen que no se dice así, sino así. Eso de andar corrigiendo a los demás sin argumentos, tiene sus riesgos, los cuales yo no corro. Cuando no sé algo, lo admito y ya.

En el caso de al final ya la final, debe saberse que hay unos aspectos que han de tomarse en cuenta, para no pasar de corrector a corregido. La frase al final es sinónimo de «finalmente» o «a fin de cuentas». Es la más recomendada; pero también existe a la final, que es una variante usada muy frecuentemente en Colombia, Venezuela y Ecuador. Con esa masificación del uso, aunque sea en el ámbito coloquial e informal de esos países, no hay razón para cuestionarla. Además, para indicar la instancia final de un evento, es la adecuada: «El equipo no pudo llegar a la final.

No y nos

Un vicio que también es frecuente encontrar en las redes sociales, es la confusión del adverbio de negación no y el pronombre nos. Por esa razón, a mi amigo Jesús Silva Hernández, otro apasionado por el buen decir, le provocó «estragos» una frase que apareció en una red social, en la que debía ir nos y apareció no, lo cual desvirtuó la intención original: «…el béisbol no los quitaron


domingo, 14 de diciembre de 2025

Muestrario de los errores más frecuentes (5)

 Por David Figueroa Díaz- 13/12/2025 


Antes de darle continuación a esta serie dedicada a los errores más frecuentes, tanto en redes sociales como en la habla cotidiana, debo agradecer los comentarios elogiosos de parte de algunas personas que se han autocalificado como asiduas seguidoras de este trabajo de divulgación periodística, y que a su vez lo han adoptado como una guía práctica de consulta.

Ese gesto me honra, me satisface y me demuestra que, como siempre lo repito, el esfuerzo no ha sido en vano.

Este muestrario es, en esencia, la agrupación de varias situaciones que él mostró por separado en muchas ocasiones; pero ahorita existe la facilidad de tenerlas en una sola entrega. No tienen orden alfabético; pero si alguien pudiera agruparlas, le sería más fácil de usar como manual de consulta.

Para este propósito seleccionó los casos que, a mi juicio, son los más comunes. Además, he recibido aportes de lectores, con lo cual se ha enriquecido la gama, y ​​el provecho ha sido mayor, pues han sido disipadas muchas dudas entre quienes escriben y se expresan de forma oral regularmente.

¡Esa es la intención, dado que a los que les apasiona el tema y leen con regularidad, deben entender y admitir que nunca se termina de aprender!

¡El bendito vaso de agua!

No llevo la cuenta de las veces que he escrito, y de los otros que han hecho lo propio sobre este tema, con lo que no habría dudas; pero todavía existen los que sostienen que esa frase es incorrecta, toda vez que los vasos no están hechos de agua.

Es el único argumento que tienen, lo cual deja en evidencia que no saben de lo que hablan, y que su intención es llevarle la contraria a los que sí están claros. Ignoran que en ese caso la preposición de no alude al material en el que está construido el vaso, sino a su contenido, lo cual permite inferir que un vaso de agua es la cantidad exacta de agua que cabe en un vaso, aun cuando los sabidillos del idioma lo consideran incorrecto, y por eso, según ellos, debe ser «un vaso con agua».

Pero ocurre que un vaso con agua puede ser desde una gota hasta que el vaso esté lleno, lo cual es impreciso; mientras que un vaso de agua es la cantidad del líquido preciado que cabe en un vaso, es decir, una medida. No hay entonces razón para eximirse de decir un vaso de agua, pues es una forma correcta.

Valla, vaya, baya

Estos tres vocablos son homófonos, es decir, tienen el mismo sonido, pero no así el significado ni la forma de escribirlos.

El primero es cerca (de cercado), estaca, barda, obstáculo, etc. El segundo es una forma imperativa del verbo ir, y el tercero es una fruta. No creo que haya problemas para distinguir una de otra.

Estabanos, ibanos, veníanos

Esas tres palabras, utilizadas por muchas personas, incluidos profesionales universitarios, son las formas incorrectas de estábamos, íbamos y veníamos, correspondientes a las formas infinitivas estar, ir y venir.

El mal uso deriva de la confusión con el pronombre nos con las conjugaciones del pretérito imperfecto de indicativo de la primera persona del plural (nosotros/as); pero si usted no quiere complicaciones gramaticales, tenga presente que es mos y no nos: almorzábamos, abrazábamos, bailábamos, buscábamos, buceábamos, cantábamos, cazábamos, desarrollábamos, nos dirigíamos, estudiábamos, estacionábamos, etc.

Si alguien que se precie de periodista, locutor, publicista, educador, además de que alardea de ser buen lector; pero dice estudiabanos en vez de estudiábamos, sería interesante saber cómo hizo para graduarse y dónde estudió, aunque eso (saberlo) no sería muy difícil.

La cantidad de los casos mostrados no obedece a ninguna orden, pues hay en los que la explicación es breve; pero hay otros en los que ha sido necesario emplear más palabras con ejemplos claros y sencillos, en función de aclarar dudas, que es la finalidad de este trabajo de divulgación periodística.

En la venidera entrega mostraré inquietudes aportadas por mi amigo Jesús Silva Hernández, quien es un asiduo seguidor y lector de este aporte semanal, además de que maneja con relativa facilidad el lenguaje que emplea.

Las entregas anteriores han servido para disipar muchas dudas y permitir que una cantidad considerable de usuarios del lenguaje escrito y oral hayan adquirido soltura. ¡Aún queda material por publicar!

sábado, 13 de diciembre de 2025

Muestrario de los errores más frecuentes (4)



 

Antes de darle cabida a la cuarta entrega de esta selección de las que en mi opinión son las impropiedades lingüísticas que más aparecen en los medios de comunicación social y que se han arraigado en el habla cotidiana, acuso recibo de una observación que me hizo el cineasta, periodista y excompañero de estudios en la siempre recordada Universidad Católica Cecilio Acosta de Maracaibo, Luis Rahamut, con relación al artículo 3 de este muestrario.

Algunos que no me conocen y menos aun leen mis artículos, han dicho que no acepto equivocaciones, lo cual no es cierto, pues siempre que incurro en despropósitos, los admito sin ningún complejo. Ahora, lo que no acepto son las necedades de algunas personas que, sin el debido conocimiento, pretenden dictar cátedra sobre lo que no saben, especialmente en el lenguaje escrito y el oral. ¿Notaron la diferencia? ¡Gracias!

El ojo avizor de Luis captó el desliz que tuve al mostrar los ejemplos sobre el uso inadecuado de más mas. Sin ánimos de justificar la pifia, debo decir que al escribir los casos en los que el referido vocablo no lleva tilde, creí haberlo hecho bien; pero el procesador de palabras de mi computadora (ordenador) me jugó una mala pasada, como muy a menudo les ocurre a muchas personas, incluidas algunas que son poseedoras de un sobresaliente nivel de instrucción; pero por no revisar bien lo que publican, de cuando en cuando se les cuelan algunos gazapos. El error fue doble, dado que creí haber escrito estuve; pero apareció tuve. ¡Pido disculpas!

Entonces, con los mismos ejemplos del pasado sábado, una vez más les recalco que se escribe más (con tilde) cuando es adverbio de cantidad o comparativo: «Hubo más personas que ayer»; «El precio del dólar cada día está más elevado»; «Quiero más azúcar»; «Las selecciones de Centroamérica son las más débiles que participarán en el Mundial de Fútbol de 2026».

No la lleva cuando sustituye a pero: «Me gustaría viajar; mas no tengo dinero»; «Todos estaban contentos con el resultado; mas yo no estuve de acuerdo».

Ay, ahí, hay

Muchos son los redactores que no tienen claro el uso de esas tres palabras, por lo que no está demás decirles que ayes una interjección que se emplea para expresar dolor, sorpresa u otra emoción derivada de algo que ocurre de manera intempestiva: «¡Ay, qué vergüenza!»; «¡Ay, papá, la cosa se está poniendo buena!»; «¡Ay, amor, no esperaba menos de ti!».

Ahí es un adverbio de lugar físico o abstracto: «Ahí está ubicado el rectorado de nuestra Alma Mater»; «Ahí se consiguen precios más bajos!»; «Ahí está el detalle»; «Ahí en ese caso deberás actuar con mucha prudencia».

Haya, allá, aya

Las mismas dudas y confusiones ocurren con estos vocablos, que algunos creen que por su parecido fonético podrán usarse indistintamente.

La primera, sin complicaciones gramaticales, es una conjugación del verbo haber: «Siempre que haya (no haiga) la disponibilidad podremos ayudarte»; «Mientras haya disturbios, las actividades comerciales estarán reducidas al mínimo».

La segunda es un adverbio demostrativo de lugar: «Allá la cosa está buena»; «De allá para acá me detuve en la Encrucijada»; «Si Dios quiere, por allá nos veremos».

Aya, aparte de que es una fruta que no conozco, se refiere a la «mujer encargada de custodiar niños y cuidar de su crianza», aunque ese trabajo también puede realizarlo alguien de sexo masculino, y en ese caso se le llamaría ayo.

Con tilde o sin ella

La regla general de acentuación establece que a los monosílabos no se les coloca tilde; pero exceptúa de ella a los que cumple más de una función dentro de la oración: él/el, tú/tu, té/te, sí/si, mí/mi, sé/se, dé/de, más/mas.

Entre los que no llevan el signo gráfico están: mes, bien, sol, ve, ya, son, fe, fue, vio, dio, guion.

Vez y ves

Es indispensable que esas personas a las que les gusta escribir en medios digitales y en redes sociales de manera muy frecuente, y otras que lo hacen de manera esporádica, sepan que vez y ves son homófonas (suenan igual); pero no significan lo mismo. Vez es sinónimo de momento u ocasión: «Me comprometo en que esta vez no fallaré»; «La primera vez que fui a Caracas…».

Ves es del verbo ver: «¿Qué me ves?»; «Si me ves que estoy llorando…».

domingo, 30 de noviembre de 2025

Muestrario de los errores más frecuentes (3)

 

Por

David Figueroa Díaz 


29/11/2025

En las entregas anteriores, como en esta, he sintetizado casos sin complicaciones gramaticales, con la finalidad y el deseo de que este material contribuya a que muchas personas puedan deshacerse de las dudas y adquirir solución en la escritura y en la expresión oral.

No sé cuántos artículos contendrán esta serie; pero estoy seguro de que serán de gran utilidad para que pueda haber una mejora sustancial en esas personas que se interesan por aprender cada día más y que su ocupación habitual les impone escribir y hablar de manera frecuente, sobre todo periodistas, locutores, educadores y otros profesionales.

De lo que también estoy convencido, es de que es un muestrario de las situaciones que más generan dudas que conducen a equívocos; no obstante, si se les presta la debida atención, el riesgo será menor y, el beneficio, mayor.

Aún y aun

Aunque suenen igual, ambos vocabularios tienen funciones diferentes, y de ahí la importancia de saber usarlos, para no incurrir en despropósitos.

Aún (con tilde), significa todavía: «Aún es tiempo de recapacitar»; «El dinero no nos ha llegado aún»; «Aún puedes intentarlo».

No llevará el signo gráfico cuando signifique hasta, también, inclusive (o incluso con negación): «Aun (inclusive, hasta) los más ingenuos lo saben»; «Aún los sordos han de oírme»; «No hizo nada por él ni aun (ni siquiera) lo intentó».

Cabe recordar que en cuanto a aun (sin tilde) hay una norma para la pronunciación (monosílaba o bisílaba), de la que por ahora no voy a ahondar, pues mi interés es que se entienda que solo cuando es sinónimo de todavía, llevará tilde.

Mas y más

Algo sucede parecido con estas palabras: algunas personas le colocan la tilde cuando no debe llevarla, y la omiten cuando sí es necesaria. Ante esto, es prudente acotar que se le colocará cuando sea adverbio de cantidad o comparativo: «Hubo más personas que ayer»; «El precio del dólar cada día está más elevado»; «Quiero más azúcar»; «Las selecciones de Centroamérica son las más débiles que participarán en el Mundial de Fútbol de 2026».

No lleva tilde cuando sustituye a pero: «Me gustaría viajar; mas no tengo dinero»; «Muchos estaban contentos; más yo no tuve de acuerdo con el resultado».

Armamento, maquinaria, vialidad.

En el periodismo venezolano, especialmente en las áreas de comunidad y sucesos, muy pocas son las veces en que estos términos son bien utilizados, y ello ocurre porque la mayoría de los redactores, editores y reporteros no han entendido que las tres son colectivas, es decir, aluden a plural.

En sucesos, por ejemplo, es frecuente leer u oír que «los funcionarios, tras la captura del ciudadano, al requisarlo, le fue incautado un armamento», por decir, un arma. ¡Claro que sí es posible incautar un armamento; pero que este haya estado oculto en la ropa que llevaba puesta, es un tanto difícil, a menos que ese individuo se haya disfrazado de Rambo! ¡Un arma, y ​​ya está, pues un armamento es un grupo de armas!

Con maquinaria ocurre algo similar, y por eso, algunos han escrito que «con el uso de una maquinaria fueron retirados los escombros que habían obstruido el paso vehicular». Es posible que hayan usado una maquinaria para tales efectos, con el entendido de que fueron varias máquinas: retroexcavadora, excavadora, pala cargadora frontal (pailoader), motoniveladora (patrol), mototradilla, etc. Pero si se usó una sola, es eso: una máquina, no una maquinaria.

Y cuando de vialidad se trata, la situación de las anteriores se repite. Estaría perfecto que un redactor o reportero escriba o describa que «los gobiernos estadales de Portuguesa y Cojedes están reacondicionando la vialidad Acarigua – San Carlos», siempre que implica la reparación de los tramos viales secundarios entre ambas localidades; pero si ese no es el caso, entonces será: «…la vía Acarigua-San Carlos», que pudiera ser la autopista (autovía) o la antigua carretera vieja, conocida también como Troncal 005.

Nada de lo mencionado está ocurriendo, y solo lo he citado como ejemplo para tratar de que los redactores, editores y reporteros, sobre todo los que estén conscientes de que nunca se termina de aprender, se persuadan de la importancia de escribir y hablar bien, sin pecar de sabelotodo.

Lo de más y más me lo sugirió el profesor José Vásquez Manzano, a quien estimo como uno de los pocos educadores que manejan con gran facilidad el lenguaje que emplean; en tanto que armamento, maquinaria y vialidad, fue una inquietud de Héctor González Burgos, excompañero de estudios en la siempre recordada Universidad Católica Cecilio Acosta. Es un preocupado por el buen decir, lo que le ha permitido distinguirse como comunicador social de primera.

sábado, 22 de noviembre de 2025

Muestrario de los errores más frecuentes (2)

Por

David Figueroa Díaz 


22/11/2025

Con ejemplos claros, sencillos y con una explicación fácil de similar, la semana pasada comenzó a publicar una serie de artículos con un compendio de las que, en mi opinión, son las que más aparecen a diario en los medios de comunicación y en el habla cotidiana.

No sé cuántas publicaciones habrá en lo sucesivo; pero estoy seguro de que será un aporte con el que, el que se lo proponga, podrá aclarar dudas y mejorar su escritura y su forma de hablar. El primer artículo de esta serie ha recibido comentarios elogiosos, lo cual me agrada, me honra y me demuestra que son la confirmación de que el cometido se ha cumplido. ¡Gracias!

Antes de entrar en materia quiero aclarar que talud y alud no son lo mismo; no obstante, muchos reporteros y reporteras de canales de televisión de Venezuela no lo tienen claro.

El día martes 18 de la semana que hoy termina, al describir un suceso en el estado Mérida, una reportera dijo, palabras más, palabras menos, que el «talud» había arrasado unos inmuebles y otros elementos. Sin dudas quiso decir alud, que es el término que debía usar.

Entonces es prudente acotar que talud es «la inclinación de un muro o terreno que se usa para crear superficies planas en terrenos con pendientes». Es, básicamente, una contención; en tanto que alud es, entre otras definiciones, «masa grande de una materia que se desprende por una vertiente», lo cual da pie para afirmar que podrá haber aludes de tierra, nieve, lava u otro material. ¿Vieron la diferencia?

Va ser, va hacer, va ver, va haber

Una impropiedad y mala costumbre que está de moda, es la omisión de la preposición a, lo cual ha abierto el camino para que muchas personas incurran en el uso inadecuado de frases que son producto de descuido o simplemente de falta de conocimiento; pero sea cual sea el motivo, es evidencia de un lenguaje con un nivel muy bajo, inconcebible en personas a las que se las estima como poseedoras de una excelente expresión escrita y oral; pero no es así, lamentablemente.

Entonces, las formas correctas son: va a ser (será), va a hacer (hara), va a ver (verá), va a haber (habrá).

En cuanto a los usos de la preposición mencionada, estos aparecen en manuales físicos de ortografía elemental, pueden encontrarse en Google o, si se prefiere, podrán consultar las publicaciones de la RAE, Fundéu, G. Martí Vivaldi o Sandro Cohen. ¡Usted escoge!

Sino y si no

La primera palabra (sino) es una conjunción adversativa, usada para contrastar dos ideas, de las que una niega y la otra afirma: «No vino a la fiesta, sino que se quedó en casa»; «No es marisco, sino molusco».

Cuando funge de sustantivo se refiere a destino o fatalidad: «Ese será nuestro sino».

En lo que respeta a «si no», vale recalcar que es una estructura usada para expresar una condición con negación, idéntica a «en caso de que no»: «Vendremos si no llueve»; «Si no me lo dices, no lo sabré».

Interrogación y admiración

He visto casos de personas que es posible que piensen que el signo de interrogación y el de exclamaciónsonmeros adornos de la escritura, y por ende podrán usarse o no.

El vicio más común no es usarlo; pero también hay ocasiones en que aparece multiplicado: ¿¿¿¿¿, ?????¡Vaya usted a saber cuál será la intención!

No se debe colocar punto después de interrogación o lo exclamación. Sin embargo, muchos periodistas, educadores y profesores universitarios, sobre todo los que alardean de su larga trayectoria profesional, por mucho que se les insista, siguen incurriendo en el mismo error, por lo cual pareciera que tuvieran teflón en el cerebro (nada se les pega).

También es conveniente saber que para preguntar o exclamar, son dos signos: uno abre y otro que cierra (¿?).

¡Qué curioso, no!

Para cerrar esta entrega les comentario que el idioma español, aparte de ser muy abundante en sinónimos, tiene muchas curiosidades, de las que nunca he escrito; pero ya tendré ocasión de hacerlo.

Lo que quiero destacar en este párrafo de cierre, es que a las palabras imagen, origen, volumen, examen, margen y resumen no se les marca la tilde; pero cuando se escribe sus plurales, sí la llevan: imágenes, orígenes, volúmenes, exámenes y resúmenes.


¡Actualízate!

Por David Figueroa Díaz   21/02/2026                 Por muchos factores de los que hoy no voy a hablar, el ser humano es muy dado a resisti...