Médico de Cabecera y Santo Sanador

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ES DURO, PERO TU PUEDES...QUITA LA PANDEMIA

domingo, 6 de abril de 2025

Artículo y nombre

Por

David Figueroa Díaz 


05/04/2025

Una de las fuentes inagotables de dudas y despropósitos, aparte de las que siempre menciono en este trabajo de divulgación periodística, es el desconocimiento de la función que cada palabra cumple dentro de la oración, y eso ocurre porque en la primaria y en la secundaria, por lo menos en mi época de estudiante, la forma de abordar el análisis gramatical hacía que el alumno se lo aprendiese al caletre para presentar un examen o participar en cualquier otra evaluación. No sé pecado en los actuales momentos que haya cambiado; lo dudo.

La gramática es un asunto un tanto complicado, sobre todo cuando quienes la enseñan no tienen la pedagogía y el conocimiento necesarios. Puedo dar fe de ello, pues aunque siempre obtuve regulares y buenas calificaciones en Castellano y Literatura, me iba mejor en inglés. Luego del bachillerato me apercibí de un manejo relativo del asunto gramatical y lingüístico, siempre bajo la orientación del profesor Reinaldo Martínez (+), quien guió mis pininos (pinitos) en esto de escribir para la prensa. Siempre quise ser articulista, columnista y periodista, para lo que era necesario manejar con relativa facilidad el aspecto gramatical y lingüístico. ¡Ese es mi caso; lo logré, y heme aquí!

Martínez fue mi maestro fuera del salón de clases, y se esmeró por brindarme parte de sus conocimientos, los cuales me permitieron convertirme en articulista y más tarde en columnista y en periodista, convencido de la responsabilidad que se debe tener ante el público lector, y persuadido de la obligación de procurar la preservación de la unidad lingüística del idioma español. Eso último es una obligación de todo aquel que se precie de comunicador social o educador.

Muchos de los que estudiaron en la siempre recordada Escuela Técnica Industrial de Acarigua entre 1960 y 1970 (yo estudié en los ochenta), pueden dar fe de los grandes conocimientos y de la forma de enseñar del «Viejo Martínez», como le decían sus amigos cercanos.

Hoy volveré a hablarles del artículo como parte de la oración, habida cuenta de las dudas y despropósitos relacionados con su uso que aún subsisten, sobre todo cuando debe acompañar al nombre.

Agradezco la receptividad que han tenido los más recientes y otros artículos de mi autoría, publicados los sábados en este importante medio de comunicación social. Varios educadores y colegas periodistas que se dedican a la docencia, así me lo han hecho saber, y los han tomado para aplicarlos en sus actividades de enseñanza, además de que los comparten en grupos de WhatsApp y en sus redes sociales. ¡Eso me agrada y se lo agradezco de gran manera!

El artículo es «la parte de la oración que se coloca delante del nombre o sustantivo para señalar su género, su número e indicar si es nombre conocido o no»: «El vehículo, un vehículo; la casa, una casa».

Está dividido en dos: determinado e indeterminado.

El determinado es el que se coloca delante de un nombre o sustantivo que es conocido. Sus formas son el, la, lo, los, las: «El compañero (masculino singular), la iglesia (femenino singular), lo ideal (neutro singular), los vehículos (masculino plural), las calles (femenino plural)».

El artículo indeterminado es el que aparece delante de un sustantivo que no es conocido: un, uno, unos, unas. Ejemplos. «En casa tengo un escritorio (masculino singular)»; «Al salir de casa me encontré con una vecina (femenino singular)»; «Vimos llegar unos ciclistas (masculino plural)»; «Las participantes eran unas niñas (femenino plural)».

Con la breve y sencilla explicación anterior no debe haber problemas para identificar las diferentes formas del artículo. Lo que sí causa dudas e induce a equívocos, es el artículo contrato, que surge de la unión del artículo «el» con las preposiciones «a» y «de», que se transforman en «al» y «del»: «Voy a el colegio»; «Salió del liceo en horas de la tarde»; «Voy al gimnasio». Ese uso es incorrecto; ¡evítelo!

Con relación al artículo determinado masculino «el» y el sustantivo al que acompaña, se presentan complicaciones, pues muchos redactores, educadores y locutores dudan si debe ser «de» o «del».

En el caso concreto de Venezuela, existen dos agrupaciones musicales famosas, del estado Lara y de Mérida: una es folclórica y la otra de música popular. Para referirse a ellas y nombrar su lugar de origen, se debe decir «Los Golperos de El Tocuyo» y «Los Originales de El Vigía». ¿Por qué? ¡Porque el artículo forma parte del nombre! De la misma clase son: El Baúl, El Pao, El Playón, El Llanito, El Sombrero, El Cairo, El Manteco, El Salvador, etc.

Se debe tener cuidado cuando el artículo no forma parte del nombre, como el Perú, el Ecuador, el Uruguay, el Brasil, etc. Ante la duda sobre si el artículo acompaña o no acompaña al nombre, pronúncielo o escríbalo, y notará que el sentido común le dará la forma correcta.


domingo, 30 de marzo de 2025

Barbarismos y barbaridades

 

He dicho en reiteradas ocasiones, que la gama de impropiedades en los medios de comunicación, redes sociales y en la habla cotidiana, es amplia y variada. Las hay desde simples faltas de ortografía, hasta complicados casos de sintaxis y de semántica.

También afirma que, aun cuando haya algunos en apariencia complicados, se resuelven siempre que se tenga interés al respecto. Es fundamental el sentido común y la responsabilidad que implica escribir y hablar para el público.

Nadie escapa de incurrir en algo inadecuado y aun inoportuno; pero es fundamental tener presente que todo lo que se escriba o se diga, mal o bien, se arraigará en el vocabulario del común del hablante. ¡Es preferible que el arraigo sea de cosas buenas!

Muchas han sido las veces que un mismo tema ha sido comentado en este trabajo de divulgación periodística. Esa reiteración se debe a la recurrencia del caso o por petición de personas que solicitan que se les aclaren dudas sobre algún aspecto ya comentado.

Les responde por vía personal o pública, pues la razón de existir de este espacio semanal, es contribuir para que las personas interesadas puedan deshacerse de esas situaciones viciadas que ajan y envilecen la escritura y la expresión oral.

Sobre los barbarismos como tema específico no he escrito; pero he mostrado casos que se enmarcan en tales aspectos. Más que barbarismos, son verdaderas barbaridades, y lo más «bárbaro» es que los autores son personas que supuestamente son o deberían ser poseedoras de una excelente escritura y oralidad admirable.

En ese ámbito hay periodistas, locutores, educadores y otros profesionales cuya ocupación habitual le impone el uso frecuente de la escritura y el lenguaje articulado.

Para hablar de barbarismos, es necesario saber qué significa, para distinguir y evitar confusiones. Pongo por ejemplo lo que le ocurrió a una persona a la que no voy a nombrar, que en su afán de saberlo todo, quiso inmiscuirse en una conversación que yo había entablado con unos amigos apasionados por el aspecto gramatical y lingüístico.

El audido ciudadano, al oír la palabra barbarismo, la confusión con el vocablo gargarismo e inmediatamente quiso «dictar charla» sobre eso, solo que no era el tema de la conversación. Lo ocurrido surge en personas «sabelotodo», que andan buscando errores en donde no los hay. ¡A él lo traicionó el oído y su deseo desmedido de sobresalir!

Por definición, el barbarismo es «vicio del lenguaje, que consiste en pronunciar o escribir mal las palabras, o en emplear vocablos impropios». Es sinónimo de un lenguaje bajo, de escasa preparación y otras deficiencias. Está hermanado con bárbaro, que es homologado con inculto, grosero, tosco, etc.

Existe una clasificación de los tipos de barbarismos, de la que por los momentos no voy a hablarles. La intención de esta entrega es que se conozca en qué consiste, con el aderezo de una lista en la que no solo hay barbarismos, sino barbaridades:

  • Ajises ​​por ajíes;
  • Sofás por sofás;
  • Cafeterías por cafeterías;
  • Dominó por dominó;
  • Sujeción por sujeción;
  • Teleférico por teleférico;
  • Traducción por traducción
  • Conducir por conducir;
  • Tropezar por tropezar;
  • Veniste por viniste
  • Himpócrita por hipócrita;
  • Fuiste o fuiste justo por fuiste;
  • Dijistes por dijiste; redículo por ridículo, etc.

Hay otras palabras y frases, como deligencia por diligencia; manulio (exclusiva de Venezuela) por manubrio; anual por anual; expectáculo por espectáculo; recebimiento por recibimiento; medicina por medicina; me distraí por me distraje; me dijeron por mí dijeron; me satisfació por me satisfizo, que en la pluma o en la voz de alguien que haya cuando menos culminado la educación primaria, son una verdadera barbaridad. ¡Qué bárbaros!

domingo, 23 de marzo de 2025

¡El reino de las mayúsculas!

 David Figueroa Díaz / 

Hace ya bastante tiempo comenzó a aparecer en redes sociales y luego en grupos de WhatsApp un audiovisual caricaturesco, jocoso y muy bien logrado. Es una crítica con manos de hierro y guantes de seda sobre impropiedades gramaticales y lingüísticas.

En el referido contenido informativo y formativo se dice que WhatsApp es «el reino de las minúsculas», había cuenta de la omisión de estos en nombres propios de personas, animales o cosas, que es la regla fundamental.

Se habla de la omisión de la eses (s) como por ejemplo: entonce (entonces), vite (viste), fuite (fuiste), vamo (vamos), etc. De la hache (h), en palabras como: ueco (hueco), uyendo (huyendo), ielo (hielo); falta de tilde: pajaro (pájaro), murio (murió) y de la omisión de uno de los signos más importantes en la escritura, como la coma.

Concluye con una sugerencia: «escribe bien», y con dos aseveraciones: «cuesta poco» y «dice mucho».

Cada vez que reaparece lo comparto entre personas a las que les apasiona el tema gramatical y lingüístico, y con otras con las que a lo mejor esa no es su pasión; pero de una u otra forma están ligadas con la escritura y la expresión oral; vale decir: periodistas, educadores, locutores, publicistas, articulistas, columnistas, abogados, médicos e ingenieros, entre otros profesionales. Es breve, ameno, divertido y provechoso, siempre que la intención sea aprender.

De los casos mostrados en el video referido, estimamos que los más importantes son la tilde, la coma y la ausencia de las mayúsculas en nombres propios; pero yo, sin ánimos de restarle importancia y conveniencia al video del que les he hablado, diría que en los actuales momentos las redes sociales y WhatsApp son «el reino de las mayúsculas mal utilizado», pues si se las usara de forma adecuada, ese reinado sería muy provechoso desde el punto de vista formativo; pero no es así.

Existen personas que a todo le colocando mayúscula inicial, sin tomar en cuenta que existen reglas de uso, unas muy elementales, como la que sugiere que al principio de todo texto debe usarse la mayúscula inicial, o la que recomienda que después de punto y seguido debe procederse de igual manera. Hay otras que son un tanto complicadas, que merecen dedicación para manejarlas con facilidad; pero con que se manejen las básicas, sería un punto a favor.

La tendencia a escribir todo con mayúscula inicial está favorecida por el hecho de que muchos teléfonos inteligentes o smartphones, como dijera un anglosajón o imitador de estos, tienen esa particularidad que, me imagino, debe ser opcional, pues de lo contrario la «lluvia» de mayúsculas en cada renglón y párrafo sería insoportable y afectaría la comprensión de lo que se desea expresar.

Sobre esto me ocurrió algo gracioso con un ciudadano que es profesor jubilado y se autodefine como historiador y filósofo, con una escritura de la que Dios me libre: minada de errores de ortografía elemental y plagada de mayúsculas en casi todas las palabras de los renglones y los párrafos. Al preguntarle el porqué de tantos errores y mayúsculas innecesarias, me espetó: «el teclado de mi teléfono está en búlgaro, porque estoy aprendiendo ese idioma».

Conociéndolo como lo conozco, sin ningún temor puedo asegurar que fue una excusa para justificar lo injustificable, pues si se aprecia de historiador y filósofo, lo ideal sería que exhibiera una ortografía impecable en su lengua materna (español), dado que con tantos errores y mayúsculas apiladas, no creo que pueda tener éxito en sus escritos sobre problemas filosóficos y sus aportes para la historia.

Hay casos, y son los más comunes, de personas que escriben mayúsculas sostenidas, es decir, todo con mayúscula. Lo hacen para evitar la tilde, pues existe la falsa creencia de que estas no la llevan. La RAE estima como error el no colocárselas. La Fundéu asegura que «la práctica que no tildar las mayúsculas comenzó a ser común en la época de la composición manual en las imprentas, por los problemas de tipo técnico que generaba, así como cuando se utilizaban las máquinas de escribir, por razones de tipo estético». Siempre ha sido una regla que muy pocos aplican.

Y agrega: «Las mayúsculas se acentúan obligatoriamente cuando la palabra lo requiera, se trate de una mayúscula inicial o de una palabra entera escrita en mayúsculas: ÁFRICA, ÁNGEL, CANADÁ, PERÚ, ¿CÓMO TE LLAMAS? ¡QUÉ ALEGRÍA VERTE POR ACÁ! ÁRBOL, ÍNDICE, ÚRSULA, ATENCIÓN, etc.

¡Quíteles la tilde y pronúncielas, para que note lo horrible que suenan, muy parecidas a las voces logradas con inteligencia artificial, que están acabando con el noble oficio de la locución!


sábado, 15 de marzo de 2025

¡Otras formas viciadas del habla!

Por

David Figueroa Díaz  


15/03/2025

El artículo de la semana pasada produjo comentarios elogiosos, que desde luego agradezco, además de inquietudes sobre más palabras y expresiones de la lista que, como les dije, no es tan larga.

Esas manifestaciones espontáneas son una muestra de que, aun cuando hay una marcada persistencia en incurrir en las mismas impropiedades, hay también un marcado interés por deshacerse de ellas.

La entrega anterior no la idea con la intención de escribir una serie de artículos sobre el mismo tema; pero la receptividad que tuvo me obliga a darle continuidad, en función de que los interesados ​​en el asunto puedan apercibirse de los elementos necesarios para disipar sus dudas poder escribir bien y hablar de mejor manera.

Recuerden que este trabajo de divulgación periodística es apenas una guía, y que para lograr el objetivo, es necesario leer con frecuencia, para instruirse y familiarizarse con las palabras; poner en práctica los conocimientos que fueron impartidos en las distintas etapas de la educación formal. Pero hay algo que es indispensable, y es que debe dársele importancia al hecho de escribir para el público.

Me complace que entre los remitentes de inquietudes haya habido varios educadores, quienes además de ejercer su profesión, se dedican a escribir de manera regular en redes sociales. Eso es altamente significativo, habitada cuenta de que ellos son destinatarios directos de este aporte semanal. De modo pues que les mostraré grupo de palabras y situaciones viciadas, que conviene conocer para evitarlas.

Existen redactores habituales a los que se les dificulta distinguir entre por qué y porque, y por más que lo han intentado, no han podido adquirir claridad en el asunto. Por esa razón, solo por adivinación los lectores podrán entender lo que esos redactores trataron de decir.

Sin complicaciones gramaticales, es necesario que entiendan que la forma por qué es para preguntar, y porque para responder: ¿Y por qué no se quita el saco? ¡Porque tiene la camisa rota! Se parece, es muy cierto; pero se utilizan en ocasiones distintas (interrogación y exclamación, respectivamente).

Con vez y ves la situación es igualmente sencilla. Vez es ocasión; y ves, es del verbo ver: ¡Que sea esta la última vez que llegas tarde!; ¡Tu no ves lo que no te conviene! En este caso no se trata de interrogación o de exclamación, sino de entender que ambas partículas se escriben diferentes y no significan lo mismo; pero en algunos países de América latina suenan igual. Por eso que se les da el nombre de homófonas, es decir, tienen el mismo sonido.

Existe el haz (del verbo hacer) y el has (del verbo haber). Haz es una forma imperativa del verbo hacer, que se usa para dar órdenes o consejos: «Haz la diligencia y luego nos reunimos». También funciona como sustantivo, con significado de cara, rostro, atado (haz de leña), manojo, conjunto de partículas o rayos luminosos (haz de luz): «El haz de la nueva lámpara de la esquina abarca la mitad de la cuadra».

En tanto que has es la segunda persona del presente del indicativo del verbo haber. Se usa con los pronombres él, ella, eso: «¿Has visto la más reciente producción cinematográfica de George Lucas». Además, permite la formación del pretérito perfecto compuesto de indicativo: ¿Qué has hecho? La duda podrá disiparse cuando se sepa distinguir entre si es haber o hacer lo que se quiere expresar.

Y de cayó, calló y cayo podemos decir que la primera es del verbo caer, la segunda es del verbo callar, y la tercera es un sustantivo con el que se designan a las pequeñas islas, con una playa de baja profundidad. En el estado Falcón, Venezuela, hay un conjunto de esas pequeñas islas, aptas para la recreación y por lo tanto muy visitadas, de las que las más famosas son Cayo Sombrero y Cayo Sal.

Existen otras formas viciadas; pero aun así, la lista no es tan grande como para tenerles pavor. Es recomendable leer frecuentemente, consultar diccionarios actualizados y no confiarse en que el teléfono o la computadora corrigen.

Eso no es cierto; solo advierten que cierta y determinada palabra, o no está en el registro léxico o simplemente está mal escrita, si es muy común, como «kasa», «ermano» o «veiculo, en lugar de casa, hermano y vehículo. ¡Así no más!


sábado, 8 de marzo de 2025

¡La lista no es tan larga!

Por

David Figueroa Díaz 

08/03/2025

Desde que me dedicó a escribir sobre temas gramaticales y lingüísticos, muy pocas han sido las veces que he hablado de errores, pues prefiero referirme a impropiedades, dado que es una forma más sutil de lograr que sean admitidas las equivocaciones y que puedan ser disipadas las dudas.

A quien se le diga que tiene errores ortográficos, es como soltarle una fuerte expresiva (explosiva, por demás) que puede ser más dañina que provechosa, por lo que es indispensable saberlo hacer, para que ese alguien no se ofenda y entienda que nadie está exento de incurrir, como en el caso del lenguaje escrito y oral, en situaciones viciadas. Para eso se debe tener presente que la forma más apropiada y prudente es corregir en privado, pues eso produce ánimo, confianza y firmeza.

Hago esta acotación en vista de que en varias ocasiones han pretendido señalarme por haberme burlado públicamente de personas que han incurrido en impropiedades. He hecho alusiones personales, mostró situaciones y aun ficticias sobre la persistencia en vicios arraigados en los medios de comunicación y en el común del hablante; pero de ahí a que me haya burlado de alguien, hay un abismo.

Quienes me leen de manera regular, saben que no tengo la mala costumbre de burlarme de mis semejantes, y que quienes me acusan, lo hacen por maldad, por una maldad que no ha tenido el efecto que mis abogados quisieran, como lo muestra el hecho de haber permanecido treinta años dedicado a estos menesteres.

Ha habido casos en los que he sido muy duro en mis cuestionamientos; pero al final esa supuesta dureza ha servido para que muchos se hayan zafado de las dudas y las incorrecciones, que a la larga es lo que importa.

He dicho y lo digo una vez más, que los vicios que copan la escena, sobre todo en las redes sociales, son la omisión de los signos de puntuación, entre esos la coma; la falta de tilde, el uso inadecuado del verbo en gerundio, mayúsculas y minúsculas mal utilizadas; empleo de palabras con significado diferente del que tienen, entre otras, que en mayor o menor cantidad, son «las impropiedades nuestras de cada día».

A esa gama se han sumado las palabras homógrafas y homófonas, convertidas en el resbaladero de muchas personas que escriben con regularidad en redes sociales y en medios impresos en los que, con contadas y honrosas excepciones, desde hace bastante tiempo desapareció la figura de la persona que se encargaba de leer los textos, corregir las palabras o frases inadecuadas, para la publicación. Eso lo digo con propiedad, dado que en más de una ocasión he enviado textos en los que se han colado gazapos, y así han sido publicados.

Es asombroso ver cómo hoy día los homógrafas y homófonas aparecen en los medios de difusión masiva, y lo lamentable es que quienes incurren en esos dislates son personas a las que se las estima como poseedoras de un considerable nivel de preparación, por lo que sería impensable tacharles una pifia de esa naturaleza; pero se las he tachado, especialmente a periodistas y educadores, contra quienes no tengo nada en contra; pero su rol ante la sociedad les impone la obligación moral de ser ejemplos del buen decir, bien sea escrito u oral.

Es por eso que estos escritos tienen como destinatarios directos a comunicadores sociales y docentes, con la finalidad de que tomen conciencia de que no basta con decir que se es periodista o educador; hay que demostrarlo, y para demostrarlo hay que tener los conocimientos necesarios.

Es lamentable que a muchos de esos profesionales, que de paso se ufanan de tener una larga trayectoria, se les dificulte distinguir entre a ver y haber; esta y esta; este y este; tiene y haz; ves y vez; haya, aya, allá o halla; porque y por qué; eco y hecho; vaya y balla, hueso yo sea; eco y hecho. Hay más casos, aunque la lista no es muy larga, ya lo saben.

Convendría entonces que los periodistas, educadores y demás profesionales que pudieran ver retratados en este artículo, se ocuparán de revisar los casos mostrados, en función de que pueden deslastrarse de esas situaciones que no les permiten ir más allá de lo que recibieron en la educación formal.


sábado, 1 de marzo de 2025

¡Los «hubieron» del comentarista y el «a ver» del ministerio!

Por 

David Figueroa Díaz 

01/03/2025

Las personas que como yo, que se dedican a escribir sobre asuntos gramaticales y lingüísticos, son objeto de críticas, recriminaciones y hasta le colocando sobrenombres. En ocasiones los llamados «cazadores de gazapos» o que padecen del síndrome de pedantería gramatical (SGP), definido como «un trastorno obsesivo-compulsivo que se caracteriza por una atención excesiva a las normas gramaticales y ortográficas».

Yo no estoy en ninguno de esos grupos, pues solo soy un aficionado del buen decir y comunicador social que ha entendido muy bien su rol ante la sociedad en la que se desenvuelve. Eso es muy diferente a estar siempre pendiente de que alguien incurra en impropiedades, para señalarlas y restregarle que está equivocado, por lo general en público.

No incurro en ese feo pecado, aunque a,,,,dmito que en ocasiones, al defender mi posición, ha sido duro en mis apreciaciones, ya algunos les ha parecido una actitud arrogante y prepotente. ¡Esa no ha sido mi intención!

Tampoco soy de aquellos que siempre andan buscando errores en donde no los hay, y que por lo general son personas que, en su afán de mostrar su «erudición», les gusta hablar de lo que no saben. Crítica, cuestiona; pero nunca tienen un argumento que valide su pretendida sabiduría.

Cuando hablo de alguna situación viciada, relacionada con el lenguaje escrito y oral, que es lo que manejo con relativa facilidad, lo hago con mucho respeto y con la finalidad de aclarar dudas, pues esa es la finalidad de este trabajo de divulgación periodística, aunque a veces se me haya pasado la mano en los señalamientos; pero eso último no es una práctica regular.

Mis aportes en esta materia tienen como destinatarios principales a los periodistas, locutores, publicistas, educadores y demás profesionales que de una u otra forma están relacionados con la escritura y la expresión oral de manera frecuente, con el sagrado deseo de que disipen sus dudas y adquieran madurez en eso de escribir bien y hablar de mejor manera.

El artículo de hoy tiene como base una palabra que fue utilizada por un comentarista de fútbol durante un encuentro entre el primer pentacampeón del balompié venezolano y Monagas Sport Club; además de un texto publicitario que apareció recientemente en algunas redes sociales, supuestamente publicado por el Ministerio de Educación de Venezuela.

El audido comentarista, a través del canal de YouTube de la primera división del fútbol venezolano, dijo dos veces en clara e inteligible voz: «hubieron varios manotazos…», y en el cartel publicitario del ente gubernamental podía leerse claramente: «No puede a ver justicia climática, sin justicia social. Salvemos la humanidad». Hay allí otras impropiedades a las que por ahora no voy a referirme.

Si el comentarista lo hubiera dicho una vez, quizás por asociación fonética con otro término parecido, el error podría haber pasado inadvertido; pero lo dijo dos veces, lo cual es símbolo inequívoco de que ignorante que «hubieron» debe conjugarse en tercera persona del singular, aun cuando vaya acompañado de cosas o personas en plural: «No hubo problemas para entrar al recital», «Hubo disturbios», «Hubo muchas personas», «hubo manotazos», etc. Para ser narrador o comentarista deportivo no se necesita ser experto en lenguaje; pero no se debe incurrir en cosas como esas, por descuido o por desconocimiento.

Casos como esos tienen que ser comentados, para que los interesados ​​en el asunto tomen conciencia del inmenso poder de inducción que ejercen los medios de comunicación, lo cual implica que todo lo que en ellos se escriba o se diga de forma oral, mal o bien, tiende a arraigarse en el vocabulario del común de la gente.

En relación con lo publicado por el Ministerio de Educación, el error consistió en colocar a ver en lugar de haber. Es posible que ese texto no haya sido elaborado ni publicado por ese ministerio, y que se trate de un montaje de algún malintencionado, con finos burlescos; pero si no fue así, entonces sería bastante lamentable que el ente encargado de la política educativa de Venezuela haya incurrido en semejante error.

Eso dio pie a duras críticas, entre esas un mensaje, que copiado a la letra dice: «No puede HABER educación de calidad cuando el Ministerio de Educación escribe 'a ver' en vez de haber. Pobre Venezuela, y lo que nos falta por ver».

Es prudente señalar que «a ver» significa «veamos» o «miremos»: «A ver, déjame pensarlo». Mientras que «haber» es un verbo auxiliar que se emplea para formar tiempos compuestos en pasado, como pretérito perfecto o pluscuamperfecto. Se utiliza para formar futuro perfecto: «He comido» (pretérito perfecto), «Había comido» (pluscuamperfecto), «Habré comido» (futuro perfecto).

Puede ser usado como sustituto de existir o haber algo o alguien en algunos casos: «En la habitación había una lámpara (existía una lámpara). Puede también hacer referencia al conjunto de bienes de una persona: «Dentro de sus haberes hay varios vehículos y viviendas». ¡Y no hay más!

sábado, 8 de febrero de 2025

¡Leer para escribir!

Por

David Figueroa Díaz  


08/02/2025

A muchas personas les parece una actitud arrogante y prepotente que alguien diga que sabe escribir, pues a lo mejor piensan que para llegar a ese nivel son necesarios profundos estudios de gramática, lingüística u otra disciplina asociada con el oficio de convertir el pensamiento y conocimiento en un texto.

En muchas ocasiones he dicho que sé escribir, ya algunos les ha parecido una petulancia, en tanto que otros, los que me conocen y leen con frecuencia, saben cuál es la verdadera intención de esa expresión.

También he dicho que para tener una escritura medianamente aceptable, no es necesario poseer grandes conocimientos, pues solo bastaría con lo básico y lo fundamental que se aprende en las diferentes etapas de la educación formal, que se complementa con la informal.

Es por eso que no me sonrojo al decir que manejo con relativa facilidad la gramática y la lingüística, es decir, sé escribir. Ahora, que no tenga la creatividad de García Márquez, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Salvador Garmendia o Miguel Otero Silva, es otra cosa.

Paradójicamente, muchos escritores laureados se han distinguido por su imaginación; mas no por sus conocimientos gramaticales y lingüísticos.

El modelo es Miguel de Cervantes Saavedra, quien según los que han analizado su impronta, dicen que no era un experto en gramática, sino una persona que escribía con claridad, con sencillez, con humildad y con la observancia de las reglas del momento en que escribió su célebre Don Quijote de la Mancha.

Ahondar en la personalidad y en la obra de Cervantes requiere conocimientos que yo no poseo, pues solo he hecho referencia a él para destacar que escribir bien no es sinónimo de erudición, y lo digo por mí, pues aunque me desenvuelvo con gran facilidad en el ámbito de la escritura, me califico como un aficionado del buen decir, con la particularidad de que, de manera constante, procuro nutrirme de los conocimientos necesarios para mantener este trabajo de divulgación periodística que a muchos les ha servido para disipar sus dudas. ¡Eso es satisfactorio en ambos sentidos!

He ahí donde entra en juego la lectura, que es fundamental para aprender a leer y para familiarizarse con las palabras, permite conocerlas y poder distinguir lo que cada una de ellas cumple.

Lo otro es la aplicación de las reglas elementales, como las palabras por la índole de la entonación (agudas, graves, esdrújulas y sobresdrújulas), signos de puntuación y otros elementos indispensables para que la escritura tenga sentido.

Quien maneje esos recursos, se le puede considerar como alguien que sabe escribir. Ese es mi caso y de otras personas que se dedican a este tipo de trabajo, que no es más que aportes para un mejor uso del idioma español.

Pero hay algo que está por encima de los elementos mencionados, y es la responsabilidad y la seriedad con las que se escribe para el público.

Si se hace para influir sobre cierto y determinado segmento de la sociedad, debe hacerse con respeto, con sencillez y con humildad para aceptar las sugerencias y recomendaciones.

En el caso del lenguaje, debe haber la convicción de que todo lo que se escriba o se diga en los medios de comunicación, mal o bien, tiende a arraigarse en el vocabulario del común de la gente.

Es preferible que ese arraigamiento sea en las cosas buenas. Esa es la mejor manera de influir en los demás, y que me disculpen aquellos que se hacen llamar influencer y aquellos que los siguen, que en mis supinos conocimientos de la materia, no son tales, sino personas que con un mero prurito exhibicionista sienten la necesidad de drenar alguna frustración, y son felices que los vean o los lean.

Hay mucha charlatanería, muchas payasadas y muchas situaciones que desdicen de lo que es trabajo de quienes en buena tapa desean influir e influyen en la conducta de los demás; pero hay mucha basura que debe ser desechada.

Claro, hay contadas y honrosas excepciones que se distinguen muy fácilmente y que merecen respeto.

Entonces en lo que a escritura se refiere, es indispensable leer.


Artículo y nombre

Por David Figueroa Díaz  05/04/2025 Una de las fuentes inagotables de dudas y despropósitos, aparte de las que siempre menciono en este trab...