Médico de Cabecera y Santo Sanador

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sábado, 18 de enero de 2025

Lenguaje técnico y habla popular.

Por

David Figueroa Díaz 


18/01/2025

En cada profesión u oficio existen palabras y expresiones que permiten una comunicación que habrá de ser efectiva entre quienes lo ejerzan, lo cual no tiene nada de cuestionable.

Los médicos, los abogados, los ingenieros, los periodistas, los educadores y otros profesionales, tienen sus palabras y expresiones para comunicarse entre ellos. Lo criticable es que se emplea de manera incontrolada y por demás abusiva, como si el común de la gente tuviera la obligación de conocerlas.

No tendría nada de malo que un periodista o cualquier ciudadano los conozca y sepa usarlos.

Recientemente, el colega periodista Héctor González Burgos, compañero de estudios en la siempre recordada Universidad Católica Cecilio Acosta, me sugirió que escribiera un comentario acerca del lenguaje que se empela en los reportes que de manera regular entregan los cuerpos de seguridad del Estado a sus autoridades, y que es el mismo que recibe los medios de comunicación.

Héctor, lo he dicho en reiteradas ocasiones, es un periodista que se distingue por la pulcritud de sus contenidos informativos, en los que muestra un lenguaje sencillo, sin rebuscamientos, con mucha seriedad y profesionalismo, lo cual ha sido el aval para hacerse acreedor de premios importantes. Es, al igual que yo, un apasionado por el buen decir, y de manera regular intercambiamos impresiones relacionadas con las impropiedades más frecuentes en los medios de comunicación y en el habla cotidiana.

Me envió la reproducción textual, por vía de WhatsApp, de una relación de actividades (informe) llevadas a cabo por un organismo de prevención en el estado Cojedes, Venezuela, en el que aparecen términos que solo ellos (los integrantes del audido organismo seguridad) Podrán entender, ya eso, con el mayor de los respetos, voy a referirme.

En una parte del contenido que me facilitó Héctor puede leerse: «Se procedió a realizar un rescate, Atención (sic) paramédica y traslado a cinco personas las cuales se encontraban atrapadas en el interior de una vivienda Improvisada tipo rancho: debido a un enjambre de Heminotero desorientadas las mismas se ubicaron ubicadas en un tubo estructural de un tanque de agua aéreo».

Y en otro dice: «…a la ciudadana Katerin Casadiego de 25 años todos presentando IDX: Síndrome Anafilatico recibidos por la doctora de guardia Yenifer coronel…». ¡Vaya usted a saber qué quisieron decir!

Definitivamente, ese contenido es, como se dice en Venezuela: un arroz con mango, expresión que se refiere a una situación confusa, enredada o sin sentido lógico, como consecuencia del escaso dominio del lenguaje escrito de quien intentó redactarlo o del que lo escribió, que de paso se identifica como general de Bomberos y licenciado, no se sabe en qué. ¡Por lo menos en lenguaje no lo es!

Hay errores como para plasmarlos en una antología sobre lo que no debe escribirse, pues no solo contiene términos de la jerga médica y de la de servicios de emergencia que muy pocos conocen, sino que está plagado de errores ortográficos, en los que solo un niño. de cuarto grado de primaria podría incurrir.

En el primer fragmento hay mayúsculas mal utilizadas, falta de tilde en varias palabras, omisión de la coma, palabra mal escrita, como heminotero, que debía ser himenóptero, además de que, al ser una palabra de género masculino, debía concordar en número con el adjetivo que la califica: himenóptero desorientado.

Y en el segundo la situación es más graciosa aún, pues aparte de una abreviatura de la terminología médica (IDX), que al común de los mortales le sería muy difícil saber de qué se trata, hay dos mayúsculas innecesarias, y la coma no aparece. por ningún lado, además de que a la frase Síndrome Anafilactico y la falta de tilde en anafiláctico. Pareciera que la doctora fue la que estuvo afectada por el síndrome mencionado.

Al redactor del malhadado texto le hubiera quedado mejor escribir enjambre de abejas, que Heminotero desorientadas, diagnóstico, en vez de IDX; y reacción antialérgica, antes que Síndrome Anafilactico.

Y no es que no puedan ser utilizados términos de la jerga de profesiones y oficios; el asunto es que deben escribirse bien; y segundo, debería explicarse el significado, si la intención es informar; pero si la razón es mostrar buen manejo del lenguaje, con esos errores no es posible lograr el objetivo.


domingo, 12 de enero de 2025

¡Entre gerundio y gerundio!


Por 

David Figueroa Díaz  


11/01/2025

El artículo de la semana pasada, ideado con la finalidad de mostrar la diferencia entre sexo y género, fue objeto de manifestaciones de agradecimiento y de comentarios elogiosos, que agradezco altamente.

Muchas personas lograron despejar la duda, y eso me complace, pues el objetivo de este trabajo de divulgación periodística es que, las personas cuya ocupación habitual es el lenguaje escrito y oral, puedan adquirir las herramientas para deshacerse de esos vicios que ajan y envilecen la escritura y la expresión oral.

Sin embargo, quedan las que no logran entender y las que creen que ambos vocablos podrán utilizarse indistintamente en un mismo contexto. Lo cuestionable es que quienes se aferran a eso último, no tienen un argumento sólido que pueda convalidar su «teoría».

Lo lamentable es que quienes defienden la sinonimia de sexo y género, son personas que estimadas como poseedoras de un buen manejo del aspecto gramatical y lingüístico, entre esas, comunicadores sociales, educadores y otros profesionales que escriben y actúan ante el público de manera regular, como locutores, conferencistas, predicadores y otros.

A los que aún mantienen la duda, les recalco que lo que define si un ser vivo es macho o es hembra, es el sexo, no el género. Deberán persuadirse de que los seres humanos tienen sexo; y género, las palabras y las cosas inanimadas.

De lo que también deben convencerse, es de que esa afirmación no es un capricho mío; es algo que se deduce si lee con atención la definición que de ambas palabras muestra el DLE (Diccionario de la Lengua Española).

A propósito del gerundio

El uso y abuso del gerundio es uno de los casos que a lo largo de treinta años he expuesto de manera reiterada, y afortunadamente ha habido avances significativos; pero al igual que lo de sexo y género, quedan muchos resabios.

De buenas a primeras podría parecer complicado; pero si se le presta la debida atención, podrá notarse que no lo es. Para aprender a usarlo correctamente, es necesario valorar la importancia de escribir bien, para lo cual -como he dicho muchísimas veces-, no es necesario ser catedrático del idioma español.

Gerundio es la forma impersonal del verbo, que se distingue en las palabras terminadas en «ando» y «endo»: amando, buscando, cantando, describiendo, escribiendo, cociendo, emprendiendo, etc.

Esta es la forma más sencilla de definirlo, pues no quiero entrar en honduras gramaticales que pudieran complicar el asunto, y que más de uno pudiera quedar in albis.

Existen reglas que, si se leen y se aplican, el mito de la complejidad del gerundio desaparecerá.

Para que esté bien utilizado el gerundio, algunos autores señalan que deberá haber simultaneidad o anterioridad a la acción principal. Lo de la anterioridad ha sido asimilado a posteridad casi inmediata.

En Venezuela, y a lo mejor en otros países de habla hispana, hay un ejemplo de mal uso del gerundio que se ha mantenido per saecula saeculorum, y que siempre uso cuando hablo de gerundio: «El antisocial huyó siendo capturado al día siguiente».

Los cronistas de sucesos no han podido entender que entre la acción de huir y ser detenido no hay simultaneidad ni posteridad casi inmediata, por lo que esa palabra en gerundio (siendo) está mal utilizada. Lo adecuado sería: «El antisocial huyó, y fue capturado al día siguiente».

En la amplia gama de casos de mal uso, hay otro que aparece muy frecuentemente en crónicas de personajes, sobre todo cuando se muestran datos biográficos, como, por ejemplo: «Simón Bolívar nació en Caracas, casándose con María Teresa del Toro Alayza…». Visto de esa manera, significaría que el Genio de América nació y se casó a la vez, lo cual es un absurdo. Lo correcto sería: casó (se casó) o contrajo nupcias.

Así sucede en casi todos los relatos de ese estilo, pues los autores, por descuido o por desconocimiento, no se percatan de que para que el gerundio esté bien utilizado, lo digo una vez más, debe haber simultaneidad o posteridad casi inmediata con la acción principal, que estará determinada por el verbo principal.

Si yo escribo: «El alumno entró al aula de clases dando un portazo», ese dando (gerundio) está bien utilizado, pues la acción de llegar y de dar el portazo ocurrieron casi al mismo tiempo. Y si escribo: «El borracho llegó cantando rancheras», también está bien utilizado, toda vez que las acciones de llegar y cantar ocurrieron al mismo tiempo. ¿Vieron que no es difícil?

 

sábado, 4 de enero de 2025

Sexo y género

Por:

David Figueroa Díaz    


El comienzo de un nuevo año conlleva muchas cosas, entre ellas la continuación de tareas que no pudieron completarse en el año que ha terminado, o emprender otras que habían sido concebidas y planificadas para ser ejecutadas en el ciclo que supone la llegada de un nuevo período.

Y como dice el coro de una vieja canción navideña de una legendaria orquesta venezolana: «Año nuevo, vida nueva».

En el año que acaba de concluir, aunque hubo varias ocasiones en las que, por diversas razones, no me fue posible publicar el acostumbrado artículo sabatino, sentí la satisfacción del deber cumplido, ya que hubo personas a las que les fue muy provechoso este aporte semanal, pues a decir de ellas, han disipado muchas dudas y han adquirido gran soltura en escribir bien y en hablar de mejor manera. ¡Eso me satisface y me motiva a continuar aportando elementos para un mejor uso del idioma español!

Ratifico mi compromiso de mantener este trabajo de divulgación periodística, que solo es y será interrumpido por motivos de fuerza mayor; pero estaré siempre en la mejor disposición de sortear los obstáculos para tratar de no faltar a la cita de los sábados.

Habrá temas nuevos y otros nada nuevo, pues por la persistencia en las impropiedades de lenguaje en los medios de comunicación y en el habla cotidiana, siempre será oportuno volver sobre temas ya tratados, como el de hoy, del que no llevo la cuenta de las veces que lo he abordado. ¡Ahí voy!

Antes, hace ya varios años, creía que la confusión en cuanto al uso inadecuado de los vocablos sexo y género era exclusivo de Venezuela; pero hoy puedo afirmar que no es así, a juzgar por el lenguaje que se emplea en los doblajes al español de producciones de canales estadounidenses para Hispanoamérica.

No sé si aparte de Chile habrá otro país en el que haya empresas que se dedican a hacer ese tipo de trabajo; pero el de Chile está plagado de vicios que, inclusive, se han conquistado en la habla del común de los hablantes de esta parte del mundo. Con esto no quiero decir que el problema haya surgido en ese país sureño; pero es una fuente inagotable de propagación del mal.

Hoy es difícil que en Venezuela y en cualquier otra nación de la América hispana se usen las palabras sexo y género de manera adecuada. Es posible que haya excepciones; pero hasta ahora no han aparecido, por lo menos en lo que he percibido. Ello ocurre porque muchos periodistas, locutores, publicistas, educadores y otros profesionales no se han percatado de que sexo es una categoría biológica, y género, de acuerdo con la definición que aparece en el DLE, es sinónimo de tipo, especie, categoría, variedad. , apartado, etc. Es «grupo al que pertenecen los seres humanos de cada sexo, entendido este desde un punto de vista sociocultural en lugar de exclusivamente biológico».

Si se lee con atención el enunciado anterior, copiado textualmente de la versión electrónica del diccionario mencionado, podrá notar que ambos términos no son sinónimos, y en virtud de lo cual no podrán usarse indistintamente. Puede ser que en inglés u otro idioma, sexo y género sean la misma cosa; pero en español no. Esa diferencia es la que no ha sido captada, y por eso se los usa de manera inadecuada.

Sexo, lo digo otra vez, es una categoría biológica, íntimamente relacionada con los seres vivos; en tanto que género se circunscribe a lo social, a lo cultural o a otro aspecto que no sea el de los seres vivos. Lo que determina si un ser vivo o en cualquier estado es macho o es hembra, es el sexo, no el género. Género tienen las palabras y las cosas inanimadas.

Ahora, ¿por qué algunas personas cuando se refieren a los seres vivos, hablan de género y no de sexo? Hay dos razones: la primera es porque creen que sexo y género son sinónimos. La otra razón, asociada a la anterior, es porque, aun cuando lo tengan claro, evitan hablar de sexo, pues como generalmente se asocia más con el acto carnal que con su categoría biológica, entonces prefieren no pronunciar la palabra mencionada, que se ha vuelto tabú, para evitar críticas y controversias.

Yo prefiero llamar las cosas por su nombre. ¿Y usted?

sábado, 28 de diciembre de 2024

¡Cuando vinistes, estabanos ocupados!

Por

David Figueroa Díaz  


28/12/2024

Si alguien que se haya dedicado por mucho tiempo a la escritura de temas gramaticales y lingüísticos escribiera las palabras vinistes y estabanos, que contiene el título de este artículo, correría el riesgo de que algún lector descuidado o de esos que andan buscando errores en donde no los hay, este (el lector) podría pegar «el grito al cielo», como decimos en Venezuela, o también se sentiría regocijado por el hecho de creer haberle encontrado un gazapo a alguien que por los años que lleva escribiendo del asunto en cuestión, sería impensable tacharle una falta de esa naturaleza; pero si lee todo el contenido, podrá persuadirse de la intención en el uso de las mismas.

En muchas ocasiones, siempre con diferentes enfoques, trató el tema de «vinistes», «comistes», «dijistes», «volvistes»; «estabanos», «ibanos» y «venianos»; pero en este artículo, último de 2024, volvió a escribir sobre el tema porque se ha convertido en un vicio casi indesarraigable, muy común en diferentes estratos de la sociedad.

Lo cuestionable es que muchos profesionales, incluidos periodistas, locutores, publicistas y educadores, incurren de manera asombrosa en ese desliz, lo cual denuncia el descuido y aun irresponsabilidad, pues por el rol que desempeñan, deben ser ejemplos del buen decir, toda vez que de lo contrario, habrán «arado en el mar», por muy cultivados que quieran aparentar.

Antes de entrar en materia, agradezco a Dios la bondad de darme conocimientos y sabiduría para mantener este trabajo de divulgación periodística, que muchos lectores lo han asumido como una guía de consulta para disipar sus dudas y resolver asuntos del lenguaje escrito y oral. El agradecimiento es extenso al equipo editor de este importante medio de comunicación, por haberme dado la honrosa oportunidad de formar parte del grupo de autores (colaboradores decimos en mi país).

Ha habido ocasiones en las que he estado ausente por razones ajenas a mi voluntad, y ellos han sabido entender. Les reitero mi gratitud y mi compromiso de seguir aportando elementos para un mejor uso del idioma español. ¡Gracias por el apoyo!

Lo de «vinistes», «comistes», «dijistes», «volvistes»; «estabanos», «ibanos» y «venianos», es un rasgo de vulgarismo muy extendiendo, y es un mal que ha hecho metástasis en muchos estratos de la sociedad de algunas naciones, como en Venezuela, que con la llegada de las denominadas radios comunitarias, el idioma español es maltratado de manera inmisericorde.

Se ha vuelto cotidiano el uso de una «s» final en las formas del pretérito indefinido (o perfecto simple) de segunda persona del singular. Lo lamentable es que el daño ha llegado a la lengua escrita, y en especial, a la prensa, reflejado en los portales digitales, en los que, so pretexto de modernidad, inmediatez y cualquier otra excusa, no le dan importancia al buen uso del lenguaje, contadas excepciones que se distinguen muy fácilmente.

Sin entrar en honduras gramaticales que podrían complicar el asunto, es prudente advertir que no se escribe ni se pronuncia «vinistes», «comistes», «dijistes», «volvistes», sino viniste, comiste, dijiste, volviste. El mismo criterio se aplica a supiste, viste, hiciste, partiste, hablaste, cantaste, seguiste, bailaste y todas las formas verbales con la terminación iste y aste. Así de sencillo.

En cuanto a estabannos, ibannos y venianos, extraigo un fragmento de un artículo de mi autoría, publicado en este medio, el 16 de mayo de 2020: «Se dice que las causas que han dado origen a esa impropiedad, están en la analogía con las formas de imperativo en que el pronombre «nos» aparece (llévenos, díganos, háganos), y por el hecho de que, tanto el imperfecto, como el imperativo, son de acentuación esdrújula». Esa es una de las razones; las otras por ahora no voy a mencionarlas.

De modo pues que, sea cual sea el origen de ese uso inadecuado, es un feo vicio que debe evitar todo aquel que se precie de periodista, locutor, publicista, educador o que ejerza un oficio en el que prevalezca la expresión escrita y oral.

Las formas correctas son: estábamos, íbamos, veníamos, cantábamos, comíamos, bailábamos, estudiábamos, orábamos, etc.

lunes, 23 de diciembre de 2024

¡No te la comas, por favor!

Por David Figueroa 


     En los treinta años que llevo dedicado a este tipo de publicación, que por cierto se cumplieron el pasado 12 de noviembre, he escrito sobre muchas situaciones viciadas que con frecuencia aparecen en los medios de comunicación social y que se han alojado en el común del hablante. . He procurado ser lo más explícito posible, con la finalidad de aclarar dudas y hacer que las personas a las que les apasiona el aspecto gramatical y lingüístico, puedan adquirir soltura en eso de escribir.

     He sido reiterativo al afirmar que para redactar bien no es necesario realizar estudios avanzados en gramática, pues solo con aplicar los conocimientos que se adquieren en las distintas etapas de la educación formal, se puede lograr; Además, es indispensable que se le dé importancia a lo que se escribe, sobre todo si se hace para el público, pues el que escribe con intención de que conozcan su opinión sobre cierto y determinado asunto, su éxito estaría en riesgo si la expresión escrita. está plagada de impropiedades.

      Durante el tiempo que me dedicó a estos menesteres, abordó muchísimos casos, tomados de los medios de comunicación o de peticiones y consultas que regularmente recibía por diferentes vías. Muchos son los que, por mis recomendaciones, especialmente periodistas y educadores, han mejorado considerablemente su forma de escribir y de expresarse por vía oral, y eso lo sé, no porque ellos me lo digan, sino porque los observamos y estoy pendiente de su desempeño. , lo cual a ellos les agrada, ya mí también.

     La gama de impropiedades es amplísima; pero es justo y necesario señalar que a la par de la persistencia en el error, ha ido surgiendo un marcado interés por deshacerse de esos vicios que ajan y envilecen la escritura. He dicho en muchas ocasiones, y eso me y ha concitado muchas opiniones contrarias y con intenciones no muy buenas, que lo lamentable es ver que quienes más incurren en situaciones inadecuadas, son personas a las que sería impensable tacharles una falta de ortografía.

      Los he criticado un tanto fuerte, en aras de recordarles el rol que desempeñan ante la sociedad, para que recuerden que deben ser ejemplos del buen decir; pero no es así. Hay, desde luego, contadas y honrosas excepciones que se distinguen muy fácilmente. Algunos han llegado a pensar que lo mío es algo personal contra ellos, lo cual no es cierto. La finalidad de mis artículos es contribuir para que se disipen sus dudas, y los interesados ​​puedan convertirse en multiplicadores de estos contenidos que podrán serles útiles en su día a día. Algunos lo han entendido de esa manera, y me agrada, pues es una demostración de que mi trabajo no ha sido en vano; pero hay otros que, por terquedad, arrogancia u otra actitud similar, no toleran que “un simple escribidor de artículos” pueda darles una orientación.

     El tema de hoy, aunque con una extensa introducción, es breve; pero no menos importante. En muchas ocasiones lo he tratado, y hoy quiero hacer un breve repaso. Se sabe que la coma es un signo indispensable, pues cuando sea bien utilizado, podrá hallársele sentido a lo que se escribe ya lo que se lee. Su uso requiere cuidado, pues no es un adorno en la escritura; es algo sin lo cual, solo por adivinación podrá ser entendido lo que otros escriban.

     Muchos autores han tratado de simplificar el asunto; pero lejos de aclarar, lo que han hecho es oscurecer. En eso último también es justo y necesario señalar que hay contenidos muy buenos, como el de Sandro Cohen, que en su libro «Redacción sin dolor», hace un compendio con lo que él demostró los diez usos de la coma, que recomiendo ampliamente.

     Pero como este es un vuelo rasante sobre la coma, les mostraré unos casos que tomé de una publicación en una importante red social, que podrán ser muy útiles, sobre todo para aquellas personas en cuya ocupación habitual les es frecuente redactar. Algunos de los ejemplos los modifican para que haya mayor familiaridad con el asunto.

Coma enumerativa: «Compré arroz, espagueti, salsa y queso».

Coma explicativa: «Pedro, el hermano mayor, llegó tarde».

Coma vocativa: «María, ven aquí», «Ven aquí, María».

Coma apositiva: «Carlos Ricardo, su hijo mayor, llegó a la fiesta elegantemente vestido».

Coma hiperbática: «A pesar de sus quebrantos de salud, pudo asistir a la boda de su hija».

Coma conjuntiva: «Hoy me siento mejor, sin embargo, ayer me pasó el día en cama».

     Si se practica con estos tipos de coma, con ejemplos tomados del día a día, con sentido de responsabilidad, podrá haber avances muy significativos en el uso de ese importante signo que, como se dice y yo lo creo, es el más difícil de usar. .


sábado, 7 de diciembre de 2024

Palabras en español

Por

David Figueroa Díaz 


12/07/2024

Los que me conocen y han leído mis artículos, podrán dar fe de que no soy muy dado a utilizar palabras extranjeras, pues prefiero las de mi lengua materna; También podrán afirmar que he sido reiterativo en sostener que mientras existan en el español los vocablos con los que pueda expresar una pasión o una acción, no veo necesario apelar a términos y expresiones provenientes de otros idiomas.

Hay quienes los utilizan con la intención de hacer ver que conocen palabras de otras lenguas, especialmente del inglés, o simplemente porque creen que de esa manera podrán ser considerados como muy cultos.

Una gran cantidad de idiomas, especialmente el español, son producto de un mestizaje, es decir, de un cúmulo de vocablos de otras lenguas que han entrado como préstamos lingüísticos, y que a la larga se vuelven propios.

Esos préstamos han llegado del inglés, francés, árabe, griego, italiano, latín y otros con los ha habido gran familiaridad. Se dice que la influencia más significativa ha sido la del latín, estimada en 75 por ciento de palabras con ese origen; en tanto que ocho por ciento pertenece al árabe, y estudiosos en la materia, como el filólogo Rafael Lapesa, cuantificó cuatro mil arabismos en el español.

Es inevitable, por razones de necesidad expresiva, que se adopten palabras de otros idiomas, lo cual no es cuestionable; pero lo absurdo y aun ridículo es que por mero prurito exhibicionista, se usan palabras extrajeras en sustitución de las legítimas, como ocurre en la actualidad, sobre todo en el ámbito publicitario y en las redes sociales, en donde todo o casi todo es en inglés. , aun habiendo palabras españolas que satisfacen las necesidades de comunicación. Yo uso palabras extranjeras solo cuando no hay un equivalente español.

Reitero que los extranjerismos a veces son necesarios, sobre todo cuando surgen tecnologías y servicios que llegan de otros países en los que se habla un idioma diferente del español, pues a la larga se lexicalizan; pero hay otros que no, como los términos del lenguaje deportivo, especialmente el beisbol, que casi ninguno tiene traducción al español, aunque su nombre, para los que hablan español, pasó de ser béisbol a béisbol (o beisbol). Igual ocurre con el balompié, que del fútbol inglés, ha cambiado a la forma españolizada del fútbol. Se debe tomar en cuenta el nombre en español de ambas disciplinas deportivas, que tienen dos entonaciones válidas: béisbol/beisbol; fútbol/fútbol.

En cuanto al denominado «deporte rey», la entonación llana (fútbol) es de uso mayoritario en España y en muchos países de América de habla hispana; en tanto que en México y en Centroamérica prefieren la entonación aguda (futbol), que no lleva tilde porque, además de que no termina en vocal, su letra final es una consonante diferente de la «n» y de la «s» (ortografía). básico de quinto grado de educación primaria).

Algo parecido ocurre con béisbol y beisbol, pues muchos sabidillos del idioma español aseguran que debe ser béisbol y no beisbol; pero no dan una explicación que le dé validez a su argumento. La arrogancia y la prepotencia con la que pretenden dictar cátedra lingüística no les ha permitido darse cuenta de que tanto para el fútbol o el béisbol, ambas formas son válidas, y podrán ser utilizadas en razón de gusto. Yo prefiero la forma llana (o grave, como también se le llama) para el fútbol y la aguda para el béisbol.

Ocurre algo curioso con el volibol, que aunque también puede escribirse voleibol, algunas personas, sin saber de lo que hablan, aseguran que la forma apropiada es voleibol; pero desconocen que también puede escribirse balonvolea o vóley, que es un acortamiento de la forma inglesa volleyball. La más difundida es voleibol, pues es la que tienen los procesadores de palabras de los ordenadores (computadoras) y teléfonos móviles, y cuando alguien escribe volibol, inmediatamente es cambiada a voleibol.

En ese caso se aplica el mismo criterio de fútbol (futbol) y béisbol (beisbol). Lo importante es tener en cuenta que existen tres formas distintas que son válidas, por lo cual nadie podrá sentir temor al utilizarlas: voleibol, volibol o vóley.

Yo, por las razones que expuse en los párrafos introductorios de este artículo, prefiero volibol, que es la forma que más se adapta al español. No critico a quien no la use ni tampoco quiero imponer esa forma; pero nadie podrá ser cuestionado por utilizar volibol, pues como ha quedado suficientemente claro, es cuestión de gusto, y nada más.


sábado, 30 de noviembre de 2024

Educadores y periodistas

Por

David Figueroa Díaz  


30/11/2024

Es encomiable que los seres humanos se preocupen por aprender algo nuevo cada día, pues eso hace posible que puedan tener éxito en las acciones que emprendan, siempre y cuando se preocupen de verdad por aprender y no para aparecer.

En todos los órdenes de la vida hay personas que han entendido que nunca se termina de aprender y, en tal sentido, están en la búsqueda constante de nuevos conocimientos, que al ponerlos en práctica, logran lo que se proponen; pero hay otros cuya intención es aparecer como grandes poseedores de ciertos y determinados asuntos; pero por lo general no pasan de ser sabihondos, sabidillos, sabelotodo o espontáneos en lo que pretenden dictar cátedra.

Es difícil e incómodo hablar de uno mismo; pero cuando lo hago, recalco que no soy catedrático del idioma español, pues solo soy un aficionado del buen decir, con un manejo relativo del aspecto gramatical y lingüístico; con muchas posibilidades de nutrirme de conocimientos, hoy que soy de los que estamos convencidos de que siempre hay y habrá ocasiones para adquirir nuevos conocimientos.

A veces he sido duro en las críticas, sobre todo en los casos de periodistas y educadores, pues su oficio les impone la obligación moral de tener un nivel de preparación superior al del común de sus semejantes, sin que ello signifique erudición; pero si se llegase a alcanzar ese nivel, sería lo ideal. Basta con darle importancia a la profesión que se ejerce, dado que un educador es un formador, orientador de los procesos de enseñanza y aprendizaje; pero si no es consciente de eso, el alcance de su doctorado laboral sería limitado.

No tengo nada en contra de los educadores, pues en ocasiones me ha tocado ejercer la docencia. Es justo reconocer que hay educadores muy preparados, muy cultos y con una excelente y admirable pedagogía; pero hay otros a los que difícilmente se les pueda incluir en ese selecto grupo, porque su nivel es bajo y no está acorde con la función que les toca cumplir, que es enseñar y formar. Hay educadores que desde que recibieron el título que los acreditados como tales (poco después de la llegada del hombre a la Luna), no se han preocupado por hacer estudios de mejoramiento, y si no mejoran, no podrán tener éxito en su desempeño.

A muchos les podrá parecer una exageración; pero conozco profesores que no saben escribir su nombre, y no es su nombre lo que solo ignoran, sino otros asuntos elementales que se estudian en la primaria, en la secundaria y se repasan en la universidad, como la gramática y la ortografía. Esa deficiencia es la que no les permite distinguir entre esta y está; este y esté, además de que ignoran el uso de los signos de puntuación, que son fundamentales para que lo que se escriba tenga sentido.

Solo por adivinación podrá ser entendido lo que quisieron expresar, y mientras haya educadores con esas falencias, es imposible que los educandos puedan adquirir un manejo relativo de la expresión escrita y la oral.

En el caso de los periodistas la situación es muy parecida, dado que un comunicador social es un educador a distancia. En este aspecto hablo con mayor propiedad por mi condición de comunicador social y con algunos conocimientos de gramática y lingüística, los cuales me permiten hacer observaciones, en función de que los profesionales de esta disciplina hagan buen uso del lenguaje escrito y oral.

Y así como hay docentes con las deficiencias antes nombradas, también hay periodistas, muchos de las antiguas promociones y otros tantos de las nuevas, que no han querido entender que los medios de comunicación social ejercen un inmenso poder inductivo, lo que conlleva implícita la noción. de que todo lo que en ellos se diga o se escriba, mal o bien, tenderá a arraigarse en el vocabulario del común de la gente. Es preferible que esa bondad que ofrecen los medios de difusión masiva no se use de una manera muy libérrima, pues el resultado podría ser igualmente provechoso que dañino.

A todas esas, reitero que mi intención no es ofender ni menospreciar a los docentes ni a mis colegas periodistas. Solo los exhorto a que se convenzan de que, aunque tengan muchos años de experiencia, siempre habrá oportunidad de aprender algo nuevo.

Deben entender que el lenguaje escrito y oral es su herramienta básica de trabajo, y por lo tanto, deben esmerarse para usarlo de la mejor manera. ¡Que no les pase como un profesor de historia que se autodenomina historiador y filósofo; pero tiene una ortografía de un niño de cuarto grado de primaria o quizás más abajo!


Reporterismo de sucesos en Venezuela (3)

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