Médico de Cabecera y Santo Sanador

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domingo, 22 de febrero de 2026

¡Actualízate!

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Por muchos factores de los que hoy no voy a hablar, el ser humano es muy dado a resistirse a los cambios. Mis conocimientos de sicología, sociología u otra ciencia afín, no van más allá de lo que aprendí en la universidad. Soy periodista y me encanta el aspecto gramatical y lingüístico, campo en el que he adquirido conocimientos y facilidad para escribir y para expresarme de forma oral medianamente aceptable. Algunos amigos, que valoran mi trabajo, me llaman lingüista.

Conozco su intención y no tengo dudas de que lo hacen como reconocimiento a mis esfuerzos por aportar elementos para un mejor uso del idioma español. Hay otros que no son mis amigos y, de paso, no desperdician oportunidad para tratar de minimizar mi trabajo. Ellos también me llaman lingüista; solo que su intención no es buena. En muchas ocasiones lo he dicho, y aquí lo repito: solo soy un aficionado del buen decir, que ha entendido perfectamente, que nunca se termina de aprender.

El connotado lingüista y catedrático venezolano Alexis Márquez Rodríguez (+) dijo en una ocasión que en cuanto al lenguaje, el hombre es conservador; pero «por muy dado que sea al cambio, siempre tenderá a decir las cosas del mismo modo, con las mismas o parecidas palabras, usando frases de estructura siempre igual». (Con la lengua, cuarto volumen, 1991-1992).  

La apreciación del laureado profesor Márquez Rodríguez se verifica en el hecho de que, aun cuando la RAE (Real Academia Española) se esmera en publicar simplificaciones y actualizaciones para adaptar la lengua a la realidad actual, muchos son los que prefieren continuar a la antigua. Una muestra fehaciente la constituyen las palabras psicología y septiembre , que desde hace muchísimo tiempo adquirieron la doble ortografía: sicología y setiembre.   

La más reciente actualización ortográfica de la que tengo conocimiento, ocurrió en 2010, lo que implica que tiene dieciséis años de vigencia. Desde ese tiempo a esta parte, la docta institución introdujo algunos cambios que muy poca gente conoce, oa lo mejor ha oído hablar del tema; pero se resiste a los cambios. Lo cierto es que esas modificaciones han permitido que muchos términos puedan usarse de dos formas, en razón de gusto. ¡Yo escribo sicología y setiembre, pues estoy seguro de que así puedo hacerlo, y podrá hacerlo todo aquel que lo desee.

Los cambios más significativos que se introdujeron en 2010 son la eliminación de la tilde en monosílabos con diptongos; la supresión de la tilde en «solo» y en los pronombres demostrativos; la tilde diacrítica en la «o» entre números, y la supresión de la autonomía de «ch» y «ll» en el abecedario. En eso se debe tener claro que no es que esos dígrafos hayan sido eliminados, como muchos, sin el debido conocimiento, aseguran. Eso implicaría la eliminación de los vocabularios que los contienen, lo cual no es posible. No deben contarse como parte del alfabeto, y eso es otra cosa.

De acuerdo con el criterio de la RAE, «palabras como guion, ion, truhan, crie, fie, lio, se consideran monosílabas a efectos ortográficos y no llevan tilde, salvo hiato, como en línea o avión». Fue eliminada la tilde sobre la «o» escrita entre cantidades. Entonces, si antes era, por ejemplo, 10 ó 20, ahora deberá ser 10 o 20.

El prefijo «ex» se escribe unido a la palabra que acompaña: exmarido, exdirector, expresidente. Deberá ir separado cuando la palabra es compuesta: ex subdirector, ex cuentadante, ex superintendente, ex contramaestre, etc. Con ese prefijo hay una gran confusión en su uso más sencillo. De eso habló en una oportunidad, y no estarían demás que volviera sobre el tema en algún momento no muy lejano.

La palabra solo (adverbio o adjetivo) y los pronombres demostrativos este , ese , aquel , ya no llevan tilde, incluso en casos de ambigüedad. Para disipar las dudas en este punto, es necesario que se tenga claro lo que es adverbio, adjetivo y pronombre demostrativo, pues de lo contrario seguirán apareciendo casos de uso inadecuado de la tilde.   

Lo de la palabra setiembre (sin la «p») no es de 2010 en adelante, dado que ya había aparecido en otras actualizaciones. En la fecha más reciente fue ratificada la supresión de la «p» y, no obstante lo cual, cuando alguien escribe setiembre , que es una de las dos formas de hacerlo, muchos se escandalizan y señalan el error. ¡Pues, señores, no hay error; ¡Simplemente existe una forma diferente y actualizada de escribirla! 

En resumen, las letras del alfabeto español son 27; los extranjerismos se escriben en cursiva, con la excepción de los que se han lexicalizado, que siguen las reglas del español. Ahora es «i» y «ye», toda vez que la distinción entre «i» latina e «y» griega desapareció. Es uve en lugar de «ve» corta o «ve» de vaca. ¡»Y sanseacabó!  

domingo, 15 de febrero de 2026

El epicentro y la crisis humanitaria

Por
14/02/2026                

En cada uno de los talleres, tertulias y otras dinámicas de las que he tenido el honor de dirigir, relacionadas con el lenguaje escrito y oral, he sido enfático en destacar tres aspectos que, en mi opinión, son fundamentales para adquirir facilidad en eso de redactar bien y escribir de mejor manera, para lo cual, también lo he repetido muchas veces, no es necesario poseer grandes conocimientos gramaticales y lingüísticos.

Lo primero que deben tomar en cuenta aquellas personas que escriben con regularidad, es lo que implica hacerlo para el público, pues por el inmenso poder inductivo que ejercen los medios de difusión masiva, todo lo que en ellos se escriba o se exprese de forma oral, mal o bien, tenderá a arraigarse en el vocabulario del común de gente. ¡Lo ideal es que se arraigue lo bueno!

Lo segundo es que, siempre que les sea posible, lean para instruirse y para aumentar el caudal de palabras. Lo tercero, y esta es una recomendación muy particular, es que no deberían hablar de lo que no saben, para no imitar a aquellos que con supuestos conocimientos, no son más que charlatanes que creen que su nivel de instrucción es superior al del común de los mortales.

Los periodistas, locutores, publicistas, educadores y todos los que se precien de tener facilidades para redactar y expresarse bien de forma oral, deben ampliar su arsenal léxico, para lo que será indispensable la buena lectura frecuente.

Enriquecer el vocabulario no es anotar palabras para luego verificar su grafía, saber el tipo de acento o el significado; es conocer el uso, habida cuenta de que la sinonimia no es perfecta, lo que implica que hay vocablos que aun cuando son sinónimos, no podrán emplearse en el mismo contexto.

Las frases que sirven de título a este artículo constituyen dos vicios que se han arraigado en los medios de comunicación y en el habla cotidiana. A muchos periodistas les encanta usar el término epicentro , y no desperdician cada oportunidad para hacerlo. 

Hoy día todo lo que llama la atención, todo aquello que es novedoso, que se convierte en foco, en elemento de atracción visual o de otro índole, es epicentro.

Pregunto: ¿habrán averiguado el significado del mano término? ¡Sin dudas que no, pues de lo contrario no lo usarían tanto, como si no hubiera más!

Epicentro es una palabra de la geología, que se refiere al área de perturbación de un fenómeno sísmico. Es además el lugar hasta donde llega el efecto de un sismo. Está compuesto por el prefijo epi , que significa arriba o encima de; en efecto, está encima del hipocentro, que es en donde se originan los movimientos telúricos. 

Entonces, si esos comunicadores quisieran utilizar el vocabulario adecuado para referirse de forma figurada a algo extraordinario, que atrae multitudes, que genera información y causa impacto en la sociedad, es hipocentro. ¡Ah; pero muchos dirán que esa es una palabra muy fea, quizás por el prefijo hipo ! 

El apropiado es centro , pues epicentro, además de inadecuado, es una frivolidad de aquellos que se creen poseedores de una hermosa prosa. Sucede igual que con la palabra experticia , que muchos piensan que es sinónima de experiencia. ¡No es así!  

En situación de crisis

Crisis humanitaria es otra frase que se ha convertido en la favorita de redactores de temas políticos, sobre todo en países en los que hay o ha habido conflictos o eventos que han ocasionado tragedias. Si se revisa el significado de ambos términos, podrá notar que la frase en cuestión no es la adecuada. ¡Simplemente hay una crisis y ya! En todo caso, habrá necesidad de que se le dé ayuda humanitaria , dado que la salud, la seguridad o el día a día común, podrán verse afectados gravemente. 

Crisis es la alteración del estado normal de las cosas, provocada por diversos factores; y humanitario es lo «que mira o se refiere al bien del género humano». Es sinónimo de benigno, caritativo y benéfico.

Crisis humanitaria  es, a mi entender, una frase acuñada para llamar la atención sobre algo que demanda acción, que no sería posible con solo la palabra crisis. No le hallo sentido a crisis humanitaria. Crisis alude a peligro, desorganización, caos, incertidumbre; en tanto que humanitario es todo aquello destinado a paliar los efectos de esa crisis. Crisis humanitaria, si se analiza desde el punto de vista semántico, sería algo así como falta de humanidad, y no es eso lo que se desea expresar.

Podrá haber crisis emocional/sicológica, de nervios, económica, energética, de salud, política, organizacional y de cualquier otro tipo; pero eso de crisis humanitaria es, como lo aludí antes, un invento de alguien que quiso llamar la atención; ¡y vaya que lo ha logrado, pues ONU, OEA y Human Rights Watch la han acuñado y hasta la han definido! Para mí, por las razones antes expuestas, no hay crisis humanitaria.

sábado, 7 de febrero de 2026

«¡Háblame de tu experticia!»

Por
 

 


Siempre he valorado el hecho de que, aun cuando las redes sociales y otros espacios para la comunicación están plagados de impropiedades, existe un marcado interés por deshacerse de ellas, que se manifiesta casi a diario.

En Facebook , Equis e Instagram , que son las que conozco y manejo con relativa facilidad, aparecen contenidos interesantes con la finalidad de aclarar dudas y evitar situaciones equivocadas. ¡Eso está muy bien!    

Por lo general esas publicaciones cumplen el cometido; pero hay unas que están concebidas bajo un purismo excesivo, que no es del todo malo; no obstante, puede convertirse en el acelerador para que se avive la llama de las dudas y, por ende, de situaciones viciadas, toda vez que, simples y llanamente están equivocadas. Se debe tener mucho cuidado para no multiplicar los despropósitos.

Es digno de elogio el esfuerzo que muchas personas hacen por mejorar su escritura y su expresión oral, lo cual les permitiría desenvolverse con éxito en cada trabajo que emprendan; pero cuando ese esfuerzo se cimenta en un mero prurito exhibicionista, es bastante lamentable. Se convierten en cazadores de gazapos y andan siempre encontrando errores en donde no los hay. Les gusta hablar de lo que no saben, además de que no tienen un argumento sólido con el que pueden convencer con sus «teorías». Yo no cometo ese feo pecado, pues cuando no manejo con facilidad un tema, prefiero no tocarlo hasta que pueda digerirlo.

El día martes 3 de los corrientes, mientras me preparaba para salir de casa, oí que un periodista, coordinador de la sección deportiva de la emisión matutina de un noticiero (o noticiario) de un importante canal televisivo de Venezuela, tuvo como invitado a un ciudadano que, por lo que pude intuir, es parte de la organización de la décima edición del Maratón CAF Caracas 2026 , que tendrá lugar mañana en la capital de Venezuela.  

El comunicador le dijo al entrevistado, palabras más, palabras menos: «Háblame a nivel de tu experticia», lo cual evidencia que no conoce el significado de ese último vocablo.

Debo acotar que ese desliz no es un caso aislado, dado que es un vicio que se ha arraigado, y se ha hecho tan repetitivo, que incluso muchos profesionales, sobre toda gente ligada con la comunicación social, se ha convertido en multiplicadora del mal, sin darse cuenta.

¿Pero cuál es el problema? El problema está en que la palabra experticia no es sinónimo de experiencia, que es como de forma equivocada la han usado desde tiempos inmemoriales.

Una experticia, desde el punto de vista legal, no debe ser elaborada por un perito, sino por un experto, y para ser tal, debe poseer un título profesional. De ahí que existe la experticia y el peritaje como formas diferentes. La primera es facultad de un experto, y la segunda, de un perito. La experticia, en opinión del jurista Raimond Gutiérrez , le da al juez mayor confianza, pues convence más. Eso, desde luego, no implica que el peritaje no sea importante; pero supongo que en casos en los que una investigación deba aplicarse profundamente, este no podría suplir a la experticia. 

Ahora, ¿por qué muchos creen que experticia y experiencia son sinónimos? Creo que ahí priva el hecho de la raíz de ambos términos, lo que hace que tengan un parecido gráfico y fonético; pero de allí en adelante no hay nada más.

No es cuestionable que una persona use sinónimos para evitar repeticiones monótonas, pues esa es la razón de su existencia; pero cuando los utilizan para exhibir la prosa, como acostumbran algunos con ínfulas de eruditos, entonces las cosas pueden complicarse.

No veo la necesidad de utilizar una palabra para sustituir una experiencia , que es un vocablo que no deja lugar a dudas, de gran tradición y elegancia; pero si algún entrevistador, por la razón que sea prefiere cambiarlo, entonces podría hablar de vivencia, práctica, trayectoria, pericia, maestría, destreza y veteranía, entre otras. 

Por cierto, en Venezuela, muy pocos serán los que podrían afirmar que son veteranos, como es lo correcto para referirse a quienes se destacan o se destacaron en cierto y determinado trabajo, dado que el término veterano ha tomado un matiz peyorativo que podría suscitar graves problemas, incluso confrontaciones escandalosas.

Quede claro que experticia y experiencia, aunque se parezcan, no son sinónimos. Eso no es un capricho mío; eso está plasmado hasta en el más elemental de los diccionarios.

Entonces, si yo hubiera sido el entrevistador óen el audido espacio informativo, le habría dicho al entrevistado: «Háblame de tu experiencia», así, sin más ni más.

domingo, 1 de febrero de 2026

¡Son sinónimos; pero a veces no lo hijo!

Por David Figueroa Díaz

31/01/2026                         


La sinonimia de las lenguas, lo he dicho muchas veces, no es perfecta, y por eso algunas palabras, aunque tengan igual significado, no podrán utilizarse en el mismo contexto. Hay abundantes ejemplos que avalan esta aseveración; pero el más evidente, en mi opinión, es el de comenzar e iniciar.


La función de los sinónimos es evitar repeticiones monótonas, que a veces denuncian una pobreza léxica casi extrema, cuestionable en un idioma como el español, que es abundante en sinónimos. Sin embargo, en el caso de los vocablos mencionados, aunque son parientes muy cercanos, no significan lo mismo, y he ahí el problema.


Hoy día es muy notorio el hecho de que la mayoría de redactores, entre periodistas, educadores y otros profesionales, han relegado el verbo comenzar, y en tal sentido iniciar utilizan, lo cual no tendría nada de malo, siempre que se lo use de manera adecuada. Ya, a casi nadie le gusta comenzar, pues a lo mejor les parece que iniciar es más sonoro, más elegante y el apropiado; pero ocurre que, aunque son sinónimos, no se construyen de la misma manera. ¡Ya lo notarás!


Sobre estos verbos he escrito muchas veces, y la recomendación que siempre he dado para evitar usos inadecuados, es tener presente que las cosas no inician, se inician; en cambio, comienzan solas. En tal sentido, deben evitarse expresiones como: «Hoy inicia el campeonato de fútbol profesional en Venezuela»; «En pocos días iniciará el operativo Carnaval 2026»; «La Serie del Caribe iniciará el fin de semana en Guadalajara»; «Su carrera como deportista inició a finales de los años ochenta», etc. Lo adecuado es: «Hoy se inicia (comienza) el campeonato de fútbol profesional en Venezuela»; «En pocos días se iniciará (comenzará) el operativo Carnaval 2026»; «La Serie del Caribe se iniciará (comenzará) el fin de semana en Guadalajara»; «Su carrera como deportista se inició (comenzó) a finales de los años ochenta».


Les he colocado el verbo comenzar entre paréntesis para recalcarles y para que se den cuenta de que ambos verbos son sinónimos; solo que no se construyen de la misma forma. Existen otros casos como alimentario y alimentario; canceroso y cancerígeno, que por su parecido gráfico y fonético, muchos redactores, sobre todo los de sucesos, creen que podrán utilizarse indiferentemente; pero no es así. ¡Son sinónimos; pero a veces no lo hijo!


Alimentario y alimenticio son sin dudas sinónimos; pero tienen matices que conviene conocer, en virtud de emplearlos de forma correcta. Alimentario alude a la alimentación: trastorno alimentario, bono alimentario, política alimentaria; en tanto que alimenticio «se usa para lo que alimenta o tiene la propiedad de nutrir». Si algo se puede comer y además nutre, es alimenticio; en cambio, si se refiere al sistema o proceso mediante el cual se obtiene la comida, es alimentario, de lo que surge bono alimentario u otra forma con la que se denomina el aporte que el sector laboral, tanto el privado o el estatal, hace para suplir necesidades en ese sentido, que por lo menos en Venezuela y en otros países no alcanza para mayores cosas.


Con los términos cancerígeno y canceroso ocurre algo parecido, dado que con base en el hecho que son sinónimos, los redactores descuidados, que los hay por montones, los usan de manera indiscriminada. Cancerígeno es lo que puede producir cáncer, lo cual alude a factores externos. De hecho, en el pasado, hace algo más de veinte años, era frecuente leer u oír que las láminas de amianto, utilizadas para techar casas u otros espacios, «son cancerosas». En Venezuela abundaron las casas con techo de ese material, construidas por el ministerio de Salud a través de Malariología; pero al saber el riesgo, fueron sustituyéndolo.


Lo correcto es cancerígeno, pues canceroso es lo que tiene cáncer, alojado en la célula u otra parte del cuerpo humano o de animal que está afectado. No tengo dudas de que en el argot médico haya vocablos para describirlos de mejor manera; pero como solo soy periodista, me limito a lo meramente semántico, que es en lo que me desenvuelvo con relativa facilidad.


Existen palabras que son del mismo tenor de las descritas, y de ellas he hablado anteriormente, como robo y hurto. De feminicida y femicida lo hice de una manera muy superficial, así como con prisión y presidio. En la legislación penal de Venezuela, robo y hurto no es lo mismo, como tampoco lo son femicidio y feminicidio; presidio y prisión; no obstante, por ahora no voy a entrar en honduras, pues aún no tengo claros algunos elementos.

Reporterismo de sucesos en Venezuela (3)

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