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sábado, 17 de agosto de 2024

Espaldarazo y subsanar

Por

David Figueroa Díaz


17/08/2024

Es digno de elogio, además de un ejemplo por seguir, el hecho de que muchas personas, sobre todo aquellas que están compenetradas con los medios, (también hay educadores), se preocupan por enriquecer su vocabulario, por mejorar su expresión escrita y oral.

Pero cuando esa preocupación se transforma en exhibicionismo, es bastante lamentable, tanto para ellos, para los que tienen por costumbre y necesidad leer publicaciones en medios digitales y en redes sociales, que aunque estas últimas son muy útiles, están plagadas de cosas inadecuadas, ante lo cual hay que estar alerta para que no se multipliquen.

Insisto en que es lamentable para ellos (los audidos en el párrafo anterior), porque en su afán de andar buscando errores en donde no los hay, corren el riesgo de que el menos pensó les desinfle el globo del ego de creerse maestros del buen decir ; además de que se exponen a la burla silenciosa oa veces estruendosa.

En mi caso, siempre he sostenido que solo soy un aficionado del buen decir, alguien que ha entendido perfectamente, que nunca se termina de aprender.

El artículo de la semana pasada, titulado «La expresividad del venezolano», produjo comentarios elogiosos, además de que en varios de ellos estaba implícita la petición de unir a la lista de expresiones y palabras que mostré, otras que no mencioné. Cuando se dispone de un espacio como este, aunado a la falta de tiempo, es difícil abarcar más; pero pueden estar seguros de que en cualquier momento volverá sobre este interesante tema.

Quiero destacar un mensaje que recibí del colega locutor, periodista, gaitero y de paso guairista, Arnoldo Fréitez, quien aparte de identificarse con lo expresado por mí el sábado pasado, me comentó que en una ocasión oyó una conversación de personas que forman parte de lo que hoy llaman el poder comunal organizado, y que el meollo del asunto era un rechazo contundente a alguien que, para los efectos de este artículo, su nombre es irrelevante.

Lo cierto es que (en versión de Arnoldo), hablaban del rechazo; pero a la vez dijeron que le habían dado un espaldarazo, lo que permite colegir que no saben lo que significa la palabra mencionada.

El otro caso tiene que ver con el verbo subsanar, ya que muchas personas, para mostrar su «erudición» en materia de lenguaje escrito y oral, usan términos con significado diferente del que registran los diccionarios. Arnoldo asegura haber leído frases como: «Hay que subsanar las heridas», lo cual a él, que ha valorado la importancia de escribir bien y hablar de mejor manera, le parece impropio, y sin duda lo es. Trataré entonces de satisfacer su inquietud y la de otras personas que tengan dudas al respecto.

Espaldarazo, de acuerdo con las definiciones de la Real Academia Española, es: «Reconocimiento de la competencia o habilidad suficiente a que ha llegado alguien en una profesión o actividad». Fuera del rigor académico, significa apoyar, respaldar una idea, una propuesta, una decisión, etc. La confusión está en el hecho de que el vocablo espaldarazo tiene una fuerte carga expresiva que hace que se lo confunda con «dar la espalda», que es la frase que se emplea para indicar rechazo, repulsión, negación, abandono u otra actitud o acción de ese tipo: «Todos los presentes le dieron la espalda».

Eso, claro está, es en sentido figurado; pero en el ámbito militar (lo he visto en películas), cuando alguien comete una falta gravísima que amerita expulsión, colocando al individuo enfrente de la tropa, ya la voz de mando del superior, esta da media vuelta y le da la espalda. Hasta donde me lo permiten mis supinos conocimientos de gramática y lingüística, además de sentido común, eso no es un espaldarazo.

Lo de subsanar está relacionado con el desconocimiento de que la sinonimia de las lenguas no es perfecta, por lo que lo que hay palabras que, aun cuando son sinónimas, no podrán emplearse en el mismo contexto, como por ejemplo iniciar y comenzar, que no se construyen de la misma manera, aunque son hermanas. De eso he hablado en infinidad de veces, y como cosa curiosa, ha aumentado el uso inadecuado del primero de los nombrados.

Por ahora baste con decir que se subsana, se repara, se soluciona un problema. Las heridas se sanan, no se subsanan.


domingo, 21 de julio de 2024

 


Nombres y apellidos

Por

David Figueroa Díaz  


20/07/2024

Luego de que me di cuenta de poder manejar con relativa facilidad el aspecto gramatical y lingüístico, me he dedicado por casi treinta años a escribir sobre este asunto, con la convicción de que solo soy un aficionado del buen decir y que el tiempo de aprender nunca. terminal.

Eso me ha permitido mostrar y analizar la amplia gama de impropiedades que existen en los medios de comunicación social y en la habla cotidiana, con la finalidad y el deseo de arrojar luces para que los interesados ​​puedan disipar sus dudas y adquieran solución en eso de escribir. bien y hablar de mejor manera. ¡Para eso es este aporte!

Durante ese tiempo una cantidad considerable de personas han asimilado la enseñanza, lo cual me ha hecho sentir la satisfacción del deber cumplido, lo que evidencia que mis esfuerzos y mi trabajo no han sido en vano. ¡Gracias a Dios!

Esa experiencia me ha servido para hacer una clasificación de los casos más frecuentes y sus causas. Casi nunca hablo de errores, pues prefiero decir impropiedades, dado que la palabra error contiene cierta carga expresiva que a muchos pudiera intimidar.

No es lo mismo decirle a alguien: «ha incurrido en error», que: «escribiste algo impropio». A la mayoría de los seres humanos no les agrada que les digan que tienen errores, menos si son ortográficos. A veces no son errores, sino horrores. ¡Pero bueno…!

En el «catálogo» de impropiedades están la falta de la tilde o su uso inadecuado; mal empleo de los signos de puntuación, de las mayúsculas y minúsculas, así como otros vicios, muchos de los cuales parecieran indesarraigables. Les hablaré de un tema al que desde hacía mucho tiempo quería referirme; hoy es el día.

No sé si en otro país de Hispanoamérica ocurre algo similar; pero en Venezuela los nombres y los apellidos en el documento de identidad (cédula) aparecen en mayúscula sostenida, es decir, con todas sus letras en mayúscula: PEREZ GONZALEZ JOSE RAMON. El motivo lo desconozco; pero creo que se deba al desconocimiento de las palabras por la índole de la entonación: agudas, graves, esdrújulas y sobresdrújulas).

En redes sociales y en grupos de WhatsApp abundan los contenidos de este tipo, y sus autores se justifican en que lo hacen de esa manera para ahorrar tiempo. Sería interesante saber qué hacen con el tiempo que ahorran.

Es por eso que muchas personas, entre esas, periodistas, educadores, abogados, médicos, ingenieros y otros profesionales, no saben que sus nombres y apellidos llevan tilde. Es el caso de: Raúl, Naúl, Paúl, José, Josué, Jonás, Iván, Simón, Alí, Tomás, María, Elías, Josías, Héctor, Álvaro, Cándido, Teófilo.

Apellidos como: Álvarez, Guédez, Gómez, López, Sepúlveda, Cárdenas, Díaz, Meléndez, Jiménez, Rodríguez, Bermúdez, Domínguez, Hernández, Fernández, Narváez, Peláez, etc., a menos que en el registro de nacimiento haya habido un error de transcripción, como ocurre con Colmenares (con «s») y Colmenarez (con «z»). No sé cuál es el original; pero lo cierto que en el caso del mencionado apellido, hay hijos del mismo padre: unos son Colmenares y otros Colmenárez. Cabe destacar que esa palabra representa un sonido grave. Cuando aparezca con «z» llevará tilde, y no cuando termine en «s».

Se debe tener presente que los nombres de pila y apellidos deben llevar tilde, independientemente de si se escriben con mayúscula. El mismo criterio se aplica a cualquier palabra escrita con todas sus letras en mayúscula, que por las reglas deba llevar tilde. Es fundamental distinguir entre tilde y acento, para evitar confusiones e impropiedades.

Como habrán podido notar, el tema no es complicado; solo basta tomar en cuenta la importancia de escribir, sobre todo si se hace para el público. Algunos usuarios de las redes sociales y grupos de WhatsApp tienen la mala costumbre de escribir todo en mayúscula y sin comas.

Si supieran que eso, aparte de que repugna a los lectores, es una evidencia de desconocimiento, de falta de cuidado y de otros recursos que deben ponerse en práctica para lograr la meta trazada.

Tantas letras mayúsculas juntas no motivan la lectura, pues llevan implícita la noción de cansancio visual.

Claro está, hay casos en los que por muchas razones es necesario colocar palabras y frases en mayúscula extendida; pero todo el texto sería una sopa de letras poco apetitosa.


sábado, 6 de julio de 2024

¡Tiempo de repasar!

Por

David Figueroa Díaz 


06/07/2024

En este tipo de trabajo, dedicado a ofrecer las herramientas que permitan aclarar dudas gramaticales y lingüísticas, es necesario volver sobre temas ya tratados, con el deseo de refrescar conocimientos y lograr que los interesados puedan adquirir soltura en eso de escribir bien y hablar de mejor manera, sobre todo aquellos cuya ocupación habitual es la redacción de textos y la expresión oral, vale decir periodistas, locutores y educadores, entre otros.

Me ha tocado hacerlo muchas veces, y en cada una de ellas he procurado mostrar un enfoque diferente, sencillo y ameno, para que dé los frutos deseados. Me satisface saber que esa reiteración no ha sido en vano, y lo sé porque por diversas vías he recibido expresiones de agradecimientos por el aporte.

Ese gesto espontáneo es lo que me impulsa a mantener este trabajo de divulgación periodística que, y no me sonrojo al decirlo, ha servido de guía para resolver muchas situaciones relacionadas con el lenguaje oral y escrito.

El domingo 30 del recién finalizado mes de junio, estuve en Guanare, capital del estado Portuguesa, Venezuela, para conducir un conversatorio sobre los vicios de lenguaje más comunes en los medios de comunicación social y en el habla cotidiana.

La invitación me la hizo el licenciado Iván Colmenares, exgobernador de Portuguesa, colega periodista de larga trayectoria y gran conocedor del tema gramatical y lingüístico (lo maneja con relativa y admirable facilidad).

Mi participación fue parte de una serie de orientaciones destinadas a dirigentes de la organización Voluntad Popular, que ha ideado un plan de mejoramiento en lenguaje, redes sociales y otros aspectos fundamentales en el quehacer político y social.

Confieso que me encantó la intervención de la también colega Bianile Rivas, quien dio una extraordinaria clase magistral sobre lo que es periodismo. ¡Bravo!

Como lo mío era un conversatorio, mostré un compendio de lo que –a mi juicio-, son las impropiedades más frecuentes, además de otras que afloraron sobre la marcha.

Hablé del mal uso de la primera persona de plural del imperfecto indicativo de los verbos, que no es otra cosa que «estabanos», «ibanos», «venianos», «cantabanos», «comianos», etc. Recalqué que en Venezuela no existe la figura de gobierno regional, como se puede deducir del contenido del artículo 136 de la Constitución de este país. Mostré la diferencia entre estadal y estatal; Estado y estado. Les aclaré a los presentes, que no es «tragiversar», sino tergiversar. Coloqué ejemplos de uso de «ha» y «a»; «halla», «haya», «aya» y «allá»; «haiga»; «hay», «ahí» y «ay»; «Habemos» y «hubieron». Cerré con ejemplos de mal empleo de algunas palabras colectivas, como maquinaria, problemática y vialidad.

Todos esos casos son muy fáciles de resolver, pues basta un poco de sentido común.

En cuanto al primero, se debe tener presente que lo correcto es estábamos, íbamos, veníamos, cantábamos, comíamos, etc. Lo de Gobierno Regional con saber que en Venezuela no existe esa figura, y para corroborarlo, bastaría con leer el artículo que les mencioné en el párrafo anterior. Existen gobiernos estadales, no regionales.

Estadal es todo lo que alude a estado como división territorial; en tanto que estatal es lo que proviene del país como entidad de derecho público: «Dirección Estadal de Salud»; «Gobierno Estadal»; maestros estadales»; «empresas estatales», «disposiciones estatales».

Estado deberá escribirse con inicial mayúscula cuando la intención sea nombrar al país: Jefe del Estado, cuerpos de seguridad del Estado, golpe de Estado. Se escribirá con minúscula cuando, como lo dije antes, sea división del territorio y en otros casos: «El estado Portuguesa tiene un inmenso potencial agrícola y pecuario», «El mal estado de las vías agrícolas son una muestra de la negligencia gubernamental».

Tergiversar es una palabra que muchas personas, incluidos periodistas y educadores, han cambiado por «tragiversar», y eso es lamentable, toda vez que los comunicadores sociales y los docentes deben ser ejemplos del buen decir. Tergiversar es cambiar el giro a las versiones, ni más ni menos.

Cuando haya dudas sobre si debe ser «ha» o «a», deberá tenerse presente que se escribe con «h» cuando delante de esa partícula haya una palabra terminada en ado o en ido: «Lo ha intentado varias veces», «No ha recibido la respuesta»; ¡Ha ocurrido algo inesperado»; «Él ha sido el más consecuente», «Ha ocurrido un cambio radical», «Ha desistido de la idea», etc. El mismo criterio se aplica a «he»: Yo he sido quien más te ha querido». Se escribe «a» cuando va acompañada de un verbo en infinitivo,

En relación con «halla», «haya», «aya» y «allá»; «haiga»; «hay», «ahí» y «ay», es necesario que sepa que halla es de hallar (se) o de encontrar (se); haya es del verbo haber, aya es la cuidadora o cuidador de niños o adolescentes, además de que es una fruta. Haiga es una deformación de haya, y quien se precie de tener una buena expresión escrita y oral, debería, evitarla. Hay es de existencia, ahí es un adverbio de lugar, y ay es una interjección que indica dolor, queja, asombro o cualquier reacción humana. Siempre deberá ir entre signos de admiración.

Habemos no tiene nada que ver con existencia, por lo cual es incorrecto decir «habemos personas». La forma apropiada es estamos, somos o hay, dependiendo de la ubicación de quien habla.

Para evitar equívocos con la palabra hubieron, «debe conjugarse a la tercera persona del singular, aun cuando vaya acompañado de cosas o personas». Es incorrecto decir que «no hubieron problemas para entrar al recital», «Hubieron disturbios», «Hubieron muchas personas». La forma adecuada es hubo, independientemente si fue uno o miles de millones.

domingo, 30 de junio de 2024

«¡Mano tengo fe!»

Por

David Figueroa Díaz 


29/06/2024

En Europa la Eurocopa, y en América, la Copa América, dos eventos que en los momentos actuales mantienen cautiva la atención de millones de personas, especialmente de los aficionados al balompié, entre los que cuento y me encuentro.

Es inevitable hablar de ambas competencias, dada su importancia, pues acude, por lo menos en el papel, lo más granado del fútbol del viejo continente y el de esta parte del planeta.

Sobre cuál es más importante, es algo que siempre ha sido tema de controversias y aun de discordias; pero lo que sí es indudable es que la Copa América es el torneo de selecciones más antiguo del mundo.

En esta edición, que se juega en Estados Unidos, a la fecha de hoy, está por concluir la fase de grupos, con la selección Vinotinto clasificada a cuartos de final, aún con un partido por disputar, lo que sin dudas ha sido una excelente participación que inspira a los jugadores, al cuerpo técnico ya a los seguidores.

Pero de fútbol no es de lo que quiero hablarles, sino de una frase que nació en 2020, «cuando la Vinotinto comenzaba su camino clasificatorio para la fase final del Mundial Qatar 2022, y resurgió con mayor fuerza cuando empató a un gol con Brasil en casa de la selección pentacampeona del mundo.

Desde ese entonces se ha convertido en un símbolo de la afición, usado para expresar la confianza en que la Vinotinto se convertirá en una selección mundialista, como lo han estimado muchos entendidos en la materia, que han asegurado que en la fase final del venidero mundial. de fútbol hará el debut. ¡Yo tengo fe!

Es inevitable que en las publicaciones en redes sociales, en tertulias futboleras, en transmisiones televisas y radiales se mencione la frase «Mano tengo fe», que como se dice en la actualidad, se ha vuelto viral.

Para escribir este artículo estuve indagando sobre la célebre expresión, con el deseo de saber si es propia o adoptada y si hay alguien a quien pueda ser atribuida; pero la información que existe es muy escueta. Esto no quiere decir que no haya un autor o autores; pero yo no los encontré.

Ahora, desde el punto de vista lingüístico y gramatical, que es lo que manejo con relativa facilidad y de lo que me atrevo a escribir sin ningún temor, debo decir que se la está usando de una manera incorrecta, inclusive en los medios de comunicación social. , y eso es lamentable, pues no están consustanciados con su obligación de educar, entretener e informar.

Es aceptable que una persona cuyo nivel de preparación sea bajo, la use (la frase) de manera inadecuada; pero que eso ocurra en la televisión, en la radio o en medios digitales, en los que debe tener un nivel de conocimiento superior al del común de los mortales, es lamentable. Muchos podrían preguntar: ¿cuál es el problema? La respuesta es: hace falta la coma del vocativo.

Para que se entienda bien el asunto, es menester que se sepa que el vocativo es la persona o cosa personificada que tiene función apelativa en la oración. Puede estar al principio, en medio de la frase o al final de esta: «Abuela, en un rato salimos a hacer los mandados»; «Hola, Loli, ¡qué bien te ves!»; «Y esto ha sido todo por hoy, chicos». En el primer ejemplo el vocativo es «abuela», en el segundo, «Loli»; y en el tercero, «chicos».

La coma vocativa o del vocativo, como quieran llamarla, es uno de los usos de la coma en los que más se incurre en impropiedad. A diario aparecen en los grupos de WhatsApp, redes sociales y medios digitales frases y expresiones que solo por adivinación podrán ser entendidas, por la ausencia de la coma vocativa.

En el caso de la frase a la que aludió y mencionó en este artículo, no existe el riesgo de que alguien no pueda entenderla, pues es una expresión breve, cargada de optimismo, puesta en boga por alguien que está confiado en que la Vinotinto. , que es el nombre con el que se conoce a la selección de fútbol de mayores de Venezuela, se convierte en mundialista. La aclaración en cuanto al nombre del combinado futbolístico de mi país, la hago por el hecho de que es posible que en otros lugares a los que pudiera llegar esta publicación, no lo sepan.

La manera adecuada de escribir la pegajosa frase es, «Mano, tengo fe», aunque en la forma oral casi no se sienta la pausa que impone la coma. Es un ejemplo para aquellos que tengan interés en familiarizarse con la coma del vocativo y otros usos. ¡Manos a la obra!


domingo, 23 de junio de 2024

¡Que no valga la redundancia!

Por                                


David Figueroa Díaz   

22/06/2024                   

En el tiempo que llevo escribiendo sobre temas de lenguaje escrito y oral (casi treinta años, que se cumplirán el 12 de noviembre de 2024) he mostrado muchas situaciones viciadas, que son frecuentes en los medios de comunicación social y por supuesto en el habla cotidiana. , a la que llegan por el inmenso poder inductivo de estos.

Lo del poder inductivo de los medios se verifica en el hecho de que, todo lo que en ellos se escriba o se exprese oralmente, mal o bien, tenderá a arraigarse en el vocabulario del común del hablante.

Es por eso que ese gran poder no debería usarse de forma muy libérrima, pues podría ser igualmente provechoso que dañino. Es preferible que sea lo primero, en virtud de que se cumpla la misión de los medios de difusión masiva, sobre la base de educar, entretener e informar.

El origen de las impropiedades de lenguaje se halla en la escasa formación en educación básica de las personas cuya ocupación habitual es la radio, la televisión o los medios escritos (físicos y digitales), con contadas y honrosas excepciones que se distinguen muy fácilmente.

Arrastran deficiencias desde la educación primaria, que por descubierto no fueron superadas y forman parte de su día a día. Lo lamentable y cuestionable es que son esas personas las que más figuran, pues ocupan los espacios estelares, sin que existe la forma de que puedan mejorar.

Durante este largo peregrinaje por los caminos del lenguaje escrito y oral he mostrado muchos casos de usos inadecuados, para lo cual me he valido de ejemplos sencillos, modificados y adaptados a la realidad actual, aunque a veces los he usado de forma textual, lo cual , como es obvio siempre aparecen entre comillas.

Muy pocas han sido las veces que he hablado de la redundancia, y cuando lo he hecho, ha sido de forma muy volandera. En esta ocasión trataré de aportar más elementos, con el deseo de que las dudas que aún puedan quedar, sean disipadas.

Hace pocos días mi amigo Rafael Ángel Parra, que es quien revisa y corrige este material de divulgación antes de que periodistas-es.com lo difunda, me mostró un cuadro en digital con frases redundantes frecuentes, que conviene conocer en función de evadirlas.

Es necesario que se sepa que hay redundancia consciente y redundancia inconsciente. La primera es la que se hace adrede, quizás con la intención de darle fuerza a la expresión, para lo cual muchos apelan a la frase «Valga la redundancia», utilizada para advertir que el uso es ex profeso, aunque muchas veces no hay tal redundancia, sino deseos de adornar la prosa. La otra, por supuesto, ocurre sin que el que escribe o el que capaz lo sepa.

Entre las frases redundantes mostradas por mi amigo Rafa, «están cadáver sin vida», «embajada extranjera», «veredicto final», «mi opinión personal», «gritar alto», «llenar por completo», «hija mujer», « repetir otra vez», «lapso de tiempo», «hace un tiempo atrás», «conclusiones finales», «acceso de entrada» y «par de gemelos», entre otras. Todas o casi todas no necesitan explicación; pero en la lista también están «barrer con la escoba» y «palo de madera».

Por lo general se barre con la escoba; pero en Venezuela y tal vez en otra nación de habla hispana existe el cepillo, llamado así para diferenciarlo de la escoba tradicional. No solo, en ese sentido, también se puede barrer sin escoba y sin cepillo.

Son diferentes en muchos aspectos, dado que en la escoba lo que barre es de fibra; en tanto que en el cepillo es de un material sintético, y además es rectangular ya veces curvado; mientras que la escoba tiene formas variadas que no sé definir. Lo cierto es que en muchas regiones de mi país un cepillo es una cosa; y una escoba, otra.

En cuanto a «palo de madera» no hay redundancia, pues no solo puede ser de madera, sino de hierro u otro material, como lo confirma el hecho de que en el fútbol, ​​a los componentes de la portería, meta o arquería, como quiera llamársele, se les nombra palos (el horizontal o larguero y los verticales). También a las astas de bandera ya los verticales que sostienen las velas de las embarcaciones de esa modalidad, aun cuando no fuesen de madera, se les llama palos. Lo de palo no es por el material en que están construidos, sino por su forma.

De modo pues que, es preferible que la redundancia no valga.

sábado, 15 de junio de 2024

Conversatorios y talleres sobre el lenguaje

 

Conversatorios y talleres sobre el lenguaje

 

La semana pasada les hablé del creciente


interés de muchas personas, en querer contribuir para que otras puedan deslastrarse de esos vicios de lenguaje que se han sembrado, tanto en los medios de comunicación, como en el habla cotidiana. De ahí que sea frecuente la aparición de contenidos cuya finalidad es mostrar formas con las que es posible hacer que desaparezcan situaciones que se han tornado casi indesarraigables.

Por otro lado está la promoción y celebración de encuentros que, de acuerdo con el criterio de quienes los desarrollan, reciben diferentes nombres; pero la finalidad es la misma (conversatorios, talleres, charlas, conferencias, simposios, etc.) Ante eso, sin pretender desmerecer la calidad de las enseñanzas que pudieran impartirse, siempre he advertido que es necesario tener cuidado, pues en ese aspecto (o sea, el lingüístico) existen muchas personas que se atreven a enseñar algo que ellas no manejan con facilidad, y en lugar de aclarar, oscurecen.

Tengo por costumbre no hablar de lo que no conozco, y cuando alguien me pide que le aclare dudas y no tengo la respuesta inmediata y correcta, prefiero admitir desconocimiento, para luego indagar y satisfacer la petición. Eso me permite mostrar que, aunque tengo facilidad para manejarme en estos menesteres, no soy infalible. Siempre he dicho que no soy ni pretendo ser catedrático del idioma español, toda vez que solo soy un aficionado del buen decir; eso para mí es suficiente.

La semana pasada estuve en San Carlos, capital del estado Cojedes, en atención a una invitación del Colegio Nacional de Periodistas y del Círculo Especializado de Periodismo Deportivo de esa entidad venezolana, para dirigir un conversatorio sobre la jerga deportiva y dictar un taller sobre las impropiedades más comunes en los medios de comunicación social.

En el conversatorio (viernes 7 de junio), al que como era de esperarse acudieron narradores, comentaristas y conductores de espacios radiales, tuve ocasión de expresar mi opinión acerca de las causas de los vicios, al tiempo que aporté algunos elementos con los que es posible deshacerse de ellos.

Por otro lado, al día siguiente (sábado 8) tuvo lugar el taller «Vicios en la redacción y cómo eliminarlos», al que acudió una notable cantidad de periodistas y estudiantes de Comunicación Social, interesados en mejorar su expresión escrita y oral. Agradezco la intención del gremio periodístico por la gentil invitación (a Pilar, Héctor y Franklin). También pondero la generosidad de los que participaron, quienes con sus inquietudes hicieron del taller un momento grato, productivo y muy provechoso, tanto para ellos, como para mí.

Hicimos un breve repaso sobre los elementos de una nota de prensa (antetítulo, título, sumario y fotoleyenda), para luego hablar de las palabras por la índole de la entonación, signos de puntuación, especialmente la coma; del verbo en gerundio mal utilizado. Analizamos algunas palabras y expresiones que a mi juicio, son las que más se utilizan de forma inadecuada, de las que hoy mostraré algunas, con el deseo de que las dudas que hayan quedado puedan desaparecer.

Entre esas está «pasó desapercibido», de la que muchas personas no se han percatado de que cuando algo es ignorado, con intención o sin ella, se debe decir «pasó inadvertido», pues desapercibido es otra cosa. Estar desapercibido es no estar apercibido, es decir, no estar preparado para algo.

De «yo soy de los que pienso…», que se ha convertido en un mal que ha hecho metástasis en muchas áreas del saber. Lo correcto es emplear el verbo en tercera persona del plural: piensan, creen, dicen, opinan. Esto es así porque la concordancia estricta debe establecerse con el sujeto gramatical: los/las que, no con el sujeto del verbo ser: yo/tú/ellos.

En el ámbito deportivo hablamos de la «mínima diferencia» e hice hincapié en que es una impropiedad que todo el que se precie de narrador o comentarista debe evitar, pues la mínima diferencia se da en muchos casos: entre 1 y 0; pero también entre 2 y 3, entre 11 y 12, entre 79 y 80, etc. La expresión correcta es por la mínima anotación, ¡y no hay más!

Les mostré algunos usos de «a», que es una preposición con múltiples aplicaciones: «Voy ver una película», «Este perfume huele a miel», «Me encanta montar a caballo», etc. También el de «ha», que se emplea para formar la tercera persona del singular del pretérito perfecto: «Él ha ido a la boda», «Mi prima ha aprobado todo», «Jorge ha aprendido la lección», etc.

Sin dudas que el «encuentro de San Carlos» sirvió para que muchos periodistas y estudiantes de Comunicación Social pudieran adquirir madurez para escribir bien y hablar de mejor manera, además de que puedan convertirse en multiplicadores de lo que aprendieron; ese es mi más ferviente deseo.

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sábado, 8 de junio de 2024

¡La cosa no es tan difícil, inténtenlo!

Por:

David Figueroa Díaz    


06/08/2024

Siempre he dicho que la gama de impropiedades lingüísticas es amplísima, y ​​existen algunas que pareciera no tener solución; pero también he dicho que existen muchas que podrían disiparse si se les prestara la debida atención, lo que implica que las personas, independientemente de su ocupación habitual, valoren la importancia de escribir bien y hablar de mejor manera. Para llegar a ese nivel, solo basta con aplicar las enseñanzas de la educación primaria, de la secundaria y de la u Madrid, sede de la Real Academia Española.

En reiteradas ocasiones, y quizás con cierta ironía, pero sin mala intención, dijo que para hablar y escribir medianamente aceptable no es necesario ser miembro de la Real Academia Española. Ese criterio me ha válido la etiqueta de «antiacademisista», lo cual no es cierto. Diferenciado de algunas decisiones relativamente nuevas, que la docta institución ha tomado en cuanto a la incorporación de palabras ya la definición de esas.

Mantengo mi posición en cuanto a que la RAE no es un tribunal para admitir o rechazar el uso de cierta y determinada palabra, pues su función, en ese caso, es meramente de registro. Hay modismos que a lo mejor nunca entrarán al registro léxico; pero eso no implica que no puedan usarse, por la razón que les esgrimí en los primeros renglones de este párrafo.

Es frecuente oír al común de las personas decir que «la Real Academia Española aceptó un grupo de palabras que ya podrán utilizarse normalmente». Sería interesante saber qué significa para esas personas, en ese ámbito, «utilizar normalmente».

Seguro se imaginan que los catedráticos de la RAE y los de las academias correspondientes de esta, se reúnen en un salón parecido al utilizado para elegir al papa, y que al término de la jornada de invención, un catedrático escogido por consenso, le anuncia al mundo hispano: «Habemus palabras». Ignoran que el verdadero inventor de palabras es el pueblo hablante, que las crea por necesidad expresiva.

Lo lamentable es que quienes se expresan de esa manera, son personas con un nivel de preparación suficiente como para saber que esa no es la función de esa prestigiosa institución, cuya esencia es limpiar, fijar y dar esplendor a la palabra, con base en el eslogan que la define.

Paralela a la resistencia en impropiedades lingüísticas, cada día hay más creciente interés de muchas personas por deshacerse de los vicios y situaciones que ajan y envilecen la escritura y la expresión oral. Es por eso que de manera muy frecuente aparecen en las redes sociales contenidos con aportes para que los interesados ​​puedan disipar sus dudas y adquirir soltura en eso de escribir bien y hablar de mejor manera. Ese deberá ser el objetivo de todo aquel que escriba con la finalidad de ser entendido.

Y así como muchos saben que antes de «p» y «b» se escribe «m» y jamás se les olvidará, también deberían preocuparse por adquirir destreza para distinguir las palabras por la índole de la entonación y por usar bien los signos de puntuación. . De esa forma no habría tantas situaciones viciadas. Eso es elemental, y es lo que permite iniciar el buen camino hacia la obtención de una escritura y una expresión oral comprensible y agradable. Lo demás llegaría por añadidura.

Con razón o sin ella me han criticado por el hecho de que de manera muy frecuente aludo a periodistas y educadores, y que supuestamente, en más de una ocasión me he ensañado contra ellos. Eso tampoco es cierto, dado que mi intención es hacerles entender que, por el rol que desempeñan ante la sociedad, están obligados moral y legalmente a ser ejemplos del buen decir. Admito que a veces he sido un tanto duro en el cuestionamiento; pero la intención, por muy subida de tono que pudiera estar, es sana.

Algunas personas se han escandalizado porque he dicho de manera pública y privada, que un comunicador social o un docente, no debería tener errores en la escritura ni en la expresión oral, pues de lo contrario sería interesante saber cómo hizo para obtener el título, aunque Eso último no es difícil saberlo.

Mientras no valoren la importancia de su profesión, no dejarán de existir los periodistas y educadores que no sabrán distinguir entre este y esté; Seguirán utilizando palabras con significado diferente del que registran los diccionarios, y continuarán incurriendo en impropiedades elementales. Es por eso que, se los aseguro, la cosa no es tan difícil 




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