Médico de Cabecera y Santo Sanador

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sábado, 28 de septiembre de 2024

¡Un sobrevuelo sobre algunos monosílabos!

Por

David Figueroa Díaz 


28/09/2024

En los días más recientes he recibido, además de comentarios elogiosos, inquietudes muy interesantes, pues muchos lectores se han sentido identificados y han aprovechado para disipar sus dudas en cuanto a algunas situaciones de lenguaje, comunes para el escrito y para el hablado.

Me han solicitado que me refiera a los números en la escritura, que amplíe el aporte sobre los signos de puntuación, sobre todo de la coma y de su pariente el punto y coma; de los nombres de las dinámicas de grupo y de otros aspectos relacionados con el tema.

Los peticionarios son personas que escriben con regularidad en redes sociales, entre esas, periodistas y educadores, que han entendido que nunca se termina de aprender. ¡Esa debe ser la actitud!

Esas frecuentes solicitudes que recibo por diversas vías, me facilitan la selección del tema por publicar cada sábado, muchos de los cuales ya han sido tratados; pero como quiera que la intención es aportar elementos para que los interesados ​​disipen sus dudas y puedan adquirir la soltura necesaria para escribir y hablar bien, con gusto vuelvo sobre lo ya comentado.

He repetido hasta el cansancio, que para lograr eso, no es necesario hacer profundos estudios gramaticales y lingüísticos, sino poner en práctica lo básico, que se adquiere en la educación primaria, en la secundaria y se refuerza en la universitaria, a lo que debe. sumarsele un poquito de sentido común.

Lo otro indispensable es darle importancia a lo que se escribe, sobre todo si se hace para el público, pues el éxito deseado dependerá en gran manera de la redacción, del uso adecuado de los signos de puntuación y de otros elementos sin los cuales lo expresado. Carecería de sentido, a menos que la intención sea humorística.

Hay a quienes les encanta escribir, lo cual no es cuestionable; pero lo intolerable es que esas personas se ufanan de tener una excelente manera de escribir; pero cuando lo hacen, incurren en impropiedades que no le serán tachadas ni a un niño de quinto grado de primaria.

Cuando hago ese cuestionamiento, comienzan las justificaciones, atribuidas al teléfono, a la falta de tiempo oa cualquier cosa que por lo general, nada tiene que ver con el asunto. El teléfono no tiene la culpa de que usted no sepa que antes de «b» o «p» debe ir una «m», o que ignora que la coma va pegada a la palabra que la precede. Son cosas elementales que desdicen de la erudición que en materia de gramática y ortografía intentan exhibir algunos. ¡Triste por ellos!

Bueno, luego de estos párrafos introductorios, les hablaré una vez más de los casos frecuentes de uso inadecuado de los monosílabos, que como su nombre lo sugiere, son palabras de una sola sílaba.

La regla general para la colocación de la tilde, establece que los monosílabos no deberán llevarla; pero exceptúa de ella a los que cumplen más de una función dentro de la oración, de donde surge la tilde diacrítica, en aras de evitar confusiones. Con la finalidad de abreviar el asunto, solo mostraré algunos enunciados y ejemplos.

• Existe él (pronombre personal) y el (artículo determinante masculino): «No tengo dudas de que él es responsable de todo este lío que se ha formado»; «Todavía no ha llegado el director».

• Tú (pronombre personal). Tu (determinante posesivo): «Solo importas tú»; «Nos vemos mañana en tu casa».

• Mí (pronombre personal) y mi (determinante posesivo): «A mí que me cuestionen»; «Mi casa está a dos cuadras del Coliseo».

• Té (bebida-infusión) y te (pronombre personal): «Es la hora del té»; «Muy claro te lo dije y no me hiciste caso».

• Dé (del verbo dar) y de (preposición): «No importa cuánto nos dé»; «De esa manera es imposible triunfar».

• Más (adverbio de cantidad o comparativo) y más (conjunción adversativa): «No quiero más quejas»; «Todos se rieron, mas yo (pero yo) me mantuve en silencio».

• Sé (de saber) y se (pronombre personal): «Yo solo sé que no sé nada»; «Se cansaron de tanto esperar».

• Sí (de afirmación) y si (conjunción condicional o interrogativa): «Me dijo que sí»; «Si lo hubiera sabido no vengo»; «No sabía si iba a venir a la fiesta».

• Para finalizar esta entrega, que podría tener una continuación la venidera semana, les recuerdo que la palabra «aun» no lleva tilde cuando equivale a incluso, hasta, también o (ni) siquiera.

Lleva tilde cuando se refiere a todavía: «Aun los mismos ángeles no saben la hora en que vendrá el Maestro»; «Es tarde, y aún (todavía) queda mucho por hacer».


sábado, 21 de septiembre de 2024

¡Quórum, curul y el suscrito prefecto, otra vez!

Por

David Figueroa Díaz 


21/09/2024

El artículo de la semana pasada, surgió de una inquietud de mi amigo Raimond Gutiérrez relacionada con la diferencia entre el día y la fecha, despertó un gran interés y generó comentarios elogiosos, los cuales agradezco grandemente, pues como he dicho en reiteradas ocasiones, son un estímulo para continuar aportando elementos en función de un mejor uso del lenguaje escrito y oral. Es un reconocimiento a mis esfuerzos y dedicación por casi treinta años en estos menesteres. ¡Gracias otra vez!

Varias personas expresaron su agradecimiento por haberlas orientado en ese tema, y ​​fueron honestas al señalar que no lo conocían. Hubo otras a las que les sirvió de repaso. También despertó dudas el hecho de que varias veces apareció la palabra setiembre (sin la p), y muchos creyeron que me había equivocado; otros pensaron que había sido ex profeso para cazar a lectores descuidados. Ninguna de las dos; dado que la escribí así porque es una palabra de doble ortografía, que la empleo desde que supe (en 2010) que puede usarse de las dos maneras, sin riesgo de equivocación.

Y si les digo que también puede escribirse otubre en lugar octubre, el grito de asombro se oiría allende los yeguas. Con el mes en que nací, por ahora no voy a meterme en honduras; pero es necesario que sepan que puede suprimirse la «c», sin temor a que algún sabidillo del idioma español pretenda dictarnos cátedra.

Les dije la semana pasada que hoy les mostraría otros casos que son inquietudes que se han convertido en el quebradero de cabeza de personas cuya ocupación habitual es la redacción de textos y que de una u otra forma están ligadas con la educación y los medios de comunicación. social, entre esos «quórum reglamentario», «un curul» o «una curul» y «el suscrito prefecto». Se han convertido en vicios casi indesarraigables, ante lo cual conviene decir algo, para que los interesados ​​puedan disipar sus dudas y llamar las cosas por su nombre. De esos temas he hablado muchas veces, y hoy vuelvo sobre ellos.

Es frecuente que en los cuerpos colegiados, como la Asamblea Nacional, consejos legislativos estadales, concejos municipales y en corporaciones, bien en el ámbito gubernamental, como el sector privado en Venezuela, la persona que funge de presidente o de director de debate, le pida. a la que oficia de secretario (a) que verifique el quórum reglamentario, lo cual es inadecuado, pues sugeriría la existencia de otro no reglamentario.

Quórum es la proporción de votos favorables para que haya acuerdo, que se dará por mayoría simple, mayoría calificada u otra modalidad que establezca el reglamento o estatuto que lo contempla. Debe sobrentenderse que está en un reglamento o en un estatuto, pues de lo contrario no tendría razón de ser. Con decir quórum, bastaría.

En el caso del vocablo curul, la solución es sencilla, dado que solo basta con saber que es una palabra que podrá ser usada, tanto en masculino, como en femenino, según la Fundéu, con el aval de la RAE. Quizás esa posibilidad del doble uso esté favorecida por el hecho de que es sinónimo de asiento y escaño, que son vocablos masculinos; pero también de silla, que es palabra femenina. Entonces, (supongo) para no encajonarlo en un solo género, podrá hablarse de un curul o una curul, sin incurrir en impropiedad. ¡Esto sería interesante que lo entendieran aquellas personas que se dedican a buscar errores en donde no los hay!

En las altas esferas de la sociedad venezolana, por lo que he leído y oído, se emplea mayormente la forma femenina (la curul), y por eso es frecuente que cuando alguien habla de un curul, muchos son los que se escandalizan, luego de lo cual se complacen en mostrar «sus grandes conocimientos gramaticales y lingüísticos», y con aires de suficiencia, corrigen: «es una curul, no un curul». Pues fíjense que eso no tiene validez, y quien insista, simplemente está fuera de foco y expuesto a quedar mal con su supuesta sabiduría.

En relación con la frase «el suscrito prefecto», como aparece en las antiguas partidas de nacimiento (así se les llama en Venezuela), alguien se percató de la impropiedad y fue sustituida por «quien suscribe», que es la forma correcta, además de elegante. Suscrito es el participio pasado del verbo suscribir, y no se hable más.


sábado, 14 de septiembre de 2024

¡Otra inquietud de Raimond!

Por:

David Figueroa Díaz 


14/09/2024

He dicho siempre, que para mí es altamente provechoso tomar en cuenta las dudas y propuestas de los lectores que son seguidores de este trabajo de divulgación periodística, así como como también la de los ocasionales, pues por un lado demuestran que mi esfuerzo no ha sido en vano; y por el otro, me facilitan la selección del tema por publicar.


Muchos han sido los artículos que han surgido por esa vía, con los cuales las dudas en cada caso han disminuido. Eso ha sido satisfactorio y estimulante, además de que me impone la obligación moral de continuar indagando para aportar elementos que pudieran abrir el camino hacia un mejor uso de la expresión escrita y oral.

A la luz de las observaciones vertidas en esta publicación sabatina, muchos han adquirido soltura en eso de escribir y hablar bien. Ese es el mejor reconocimiento que he podido recibir por los casi treinta años dedicado a escribir sobre las impropiedades más frecuentes en los medios de comunicación y en el habla cotidiana.

El profesor José Vásquez Manzano, el articulista Telmo Trabiezo (así está asentado en su documento de identidad) y el abogado Raimond Gutiérrez, además de ser mis amigos, son los lectores con los que más comparto impresiones sobre esta materia.

Me gusta intercambiar opiniones con ellos porque sé de la seriedad y la sapiencia con que lo hacen, y porque cada intercambio es una forma de aprender, y como yo estoy convencido de que nunca se termina de aprender, no desperdicio esas oportunidades.

Precisamente, el tema de hoy surgió de otra inquietud de Raimond, y con gusto trataré de darle una respuesta que disipe su duda y la de cualquier otra persona interesada en el asunto. Vásquez Manzano, Telmo y Raimond manejan con relativa facilidad el tema gramatical y lingüístico. Y cuando hablo de relativa facilidad, me baso en el hecho de que en estos menesteres el manejo nunca es absoluto.

En opinión de Raimond es una mala costumbre, una mala maña u otra actitud viciada, confundir los días con las fechas. ¿Cómo así? ¡Bueno, que los días son de lunes a domingo; mientras que las fechas son el conteo de la cantidad de días de cada mes.

Como abogado que es, según su testimonio, se ha topado en infinidad de oportunidades con textos de sentencias del máximo tribunal de Venezuela; con escritos cuyos autores son abogados de prestigio; con actas u otros contenidos publicados por universidades y corporaciones en las que hay profesionales a los que difícilmente podría tachárseles una impropiedad de esa naturaleza; pero incurren, y de ahí la prudencia de hacer un comentario al respeto, con el deseo que no siga propagándose el vicio.

Raimond no se atreve a asegurar que en otros países de habla hispana ocurra algo similar; pero de lo que no tiene dudas, es de que en Venezuela se ha arraigado de tal modo, que pareciera que su uso fuese adrede.

Confieso que no me había percatado de la existencia de esa impropiedad, pues de buenas a primeras no es fácil captarla.

Si alguien escribe «El día 14 de setiembre está de cumpleaños nuestro director general», hay algo inadecuado que a lo mejor nadie podrá notar, por las razones que les mencioné en el sexto párrafo de este escrito. El día de hoy no es 14; es sábado, de fecha 14, y eso es otra cosa. Es bueno recordarles que los días son de lunes a domingos, y las fechas, desde el primer día hasta el último de cada mes.

Si se quiere ser más específico y preciso, habría que escribir o decir: «El día de hoy sábado, de fecha 14 de setiembre…». O: «El día de hoy sábado, correspondiente a la fecha 14 de setiembre…».

Algunos dirán que es una expresión muy larga y que además es utilizada con criterio purista y muy rebuscada; pero no se trata de purismo ni de rebuscamiento, sino de llamar las cosas por su nombre. Lo cierto es que esa frase puede construirse de otras formas, sin caer en error; lo importante es no confundir el día con la fecha.

Aparte de la inquietud de Raimond Gutiérrez, tenía previsto abordar otros casos del mismo tenor; pero prefiero dejarlos para otra ocasión, que pudiera ser el día sábado 21 de setiembre de 2024. O lo que es lo mismo: «El día sábado, correspondiente a la fecha 21 de setiembre de 2024».



domingo, 8 de septiembre de 2024

¡Cuidado con la a!

Por

David Figueroa Díaz 

09/07/2024

El 12 de noviembre de este año cumpliré treinta de haberme dedicado a escribir sobre temas gramaticales y lingüísticos. Durante ese tiempo he abordado los vicios más comunes en los medios de comunicación y en la habla cotidiana, siempre con la intención de aportar elementos que puedan contribuir a la disipación de las dudas y la disminución de esas situaciones en las que, por desconocimiento o descuido. . , se incurre al escribir o al hablar.

Siempre he tenido el cuidado de acotar que no soy experto en la materia, sino un preocupado por escribir y hablar bien, que no está exento de incurrir en impropiedades.

También he sido reiterativo en afirmar que para expresarse bien de forma escrita u oral, solo basta con aplicar los conocimientos que se adquieren en las diferentes etapas de la educación formal. Y si alguien cree que tiene facilidades para expresarse por ambas modalidades, entonces debería ocuparse de aprovechar esa bondad.

En ocasiones he sido duro en las críticas, al punto de que algunas personas se han visto retratadas en mis artículos, aunque la intención no ha sido ofenderlas ni humillarlas, sino hacerles entender la importancia de escribir bien y hablar de mejor manera.

Por esa razón, siempre llamo la atención de periodistas, locutores, publicistas, abogados y demás profesionales que de una u otra forma están ligados con la escritura. ¡No deben tener errores de ortografía elemental; pero los hay, y bastante!

He dicho, sin temor a equivocarme, ya veces con dureza, que un periodista es un educador a distancia. Siempre que puedo, reitero que no podrá educar mientras su formación sea deficiente, como ocurre actualmente con aquellos que no conocen lo básico de ortografía básica; pero no admite su deficiencia. Lo peor es que les molestan que les hagan observaciones, además de que se ufanan de haber estudiado en las mejores universidades del país o fuera de él.

El primer artículo que escribí hace ya casi treinta años, estuvo relacionado con una serie de palabras y expresiones viciadas y de algunos usos inadecuados de la preposición «a».

Hoy, una vez más, les mostraré la definición de la preposición como parte de la oración; les señalaré el uso adecuado de la preposición mencionada y les hablaré de los errores que se comentan por omisión de la misma.

La preposición «es una parte invariable de la oración, o sea, que no sufre cambios o accidentes gramaticales y su finalidad es la de introducir un término, bien sea un grupo nominal o una oración, con los que conforman un conjunto ordenado de palabras» : a, ante, bajo, cabe, con, contra, de, desde, durante, en, entre, hacia, hasta, mediante, para, por, según, sin, so, sobre, versus y vías.

Las preposiciones «cabe» y «so» están en desuso, aunque eso no implica que no deban usar, siempre que se sepa hacerlo. Como la lista es larga, solo les mostraré algunos usos adecuados de la «a», para luego referirme a los errores por omisión de la misma, caso que se ha hecho frecuente en personas cuya ocupación habitual es la redacción de textos, lo cual es lamentable, por las razones que se exponen en el cuarto párrafo de este artículo.

La «a» indica dirección o el motivo del desplazamiento: «Voy a Madrid, a visitar a unos amigos»; «Esa carta va dirigida a tu mamá»; «Va al supermercado a comprar unas verduras». Puede oficiar de exhortación u orden: «¡A bañarse!»; «¡Todos a la cama!»; «¡A hacer la tarea!». Indica lugar o tiempo: «Lo contactaron a la entrada de su casa»; «Llamaré a la tarde»; «Trajeron la perra a la finca». Situación de algo o alguien: «Está sentado a la diestra del Dios Padre»; «A su derecha estaba el jefe»; «Había personas a ambos lados de la vía».

También indica el término de un intervalo de lugar o tiempo que media entre dos cosas: «Solo servían el almuerzo de doce a una»; «Acostumbraban hablar de acera a acera»; «Se les veía pasar de calle a calle». Modo: «Les gusta montar a caballo»; «Balones cosidos a mano»; «Todo lo arreglaba a golpes». Designación del precio de las cosas: «Encontré zapatos a veinte dólares».

Existen otros usos que por ahora no voy a mencionar, pues debo cerrar esta entrega con un breve comentario sobre la mala costumbre que se ha puesto de moda, de omitir la preposición «a» junto con los verbos abrir, acostarse, adelantar, hacer, haber, etc. «En la perífrasis verbal ir a + infinitivo, no debe omitirse la preposición a, aunque el verbo auxiliado comienza por a: voy a hacer, voy a abrir, va a haber».


¡Cuidado con la a!

Por

David Figueroa Díaz  


09/07/2024

El 12 de noviembre de este año cumpliré treinta de haberme dedicado a escribir sobre temas gramaticales y lingüísticos. Durante ese tiempo he abordado los vicios más comunes en los medios de comunicación y en la habla cotidiana, siempre con la intención de aportar elementos que puedan contribuir a la disipación de las dudas y la disminución de esas situaciones en las que, por desconocimiento o descuido. , se incurre al escribir o al hablar.

Siempre he tenido el cuidado de acotar que no soy experto en la materia, sino un preocupado por escribir y hablar bien, que no está exento de incurrir en impropiedades.

También he sido reiterativo en afirmar que para expresarse bien de for⁹ma escrita u oral, solo basta con aplicar los conocimientos que se adquieren en las diferentes etapas de la educación formal. Y si alguien cree que tiene facilidades para expresarse por ambas modalidades, entonces debería ocuparse de aprovechar esa bondad.

En ocasiones he sido duro en las críticas, al punto de que algunas personas se han visto retratadas en mis artículos, aunque la intención no ha sido ofenderlas ni humillarlas, sino hacerles entender la importancia de escribir bien y hablar de mejor manera.

Por esa razón, siempre llamo la atención de periodistas, locutores, publicistas, abogados y demás profesionales que de una u otra forma están ligados con la escritura. ¡No deben tener errores de ortografía elemental; pero los hay, y bastante!

He dicho, sin temor a equivocarme, ya veces con dureza, que un periodista es un educador a distancia. Siempre que puedo, reitero que no podrá educar mientras su formación sea deficiente, como ocurre actualmente con aquellos que no conocen lo básico de ortografía básica; pero no admite su deficiencia. Lo peor es que les molestan que les hagan observaciones, además de que se ufanan de haber estudiado en las mejores universidades del país o fuera de él.

El primer artículo que escribí hace ya casi treinta años, estuvo relacionado con una serie de palabras y expresiones viciadas y de algunos usos inadecuados de la preposición «a».

Hoy, una vez más, les mostraré la definición de la preposición como parte de la oración; les señalaré el uso adecuado de la preposición mencionada y les hablaré de los errores que se comentan por omisión de la misma.

La preposición «es una parte invariable de la oración, o sea, que no sufre cambios o accidentes gramaticales y su finalidad es la de introducir un término, bien sea un grupo nominal o una oración, con los que conforman un conjunto ordenado de palabras» : a, ante, bajo, cabe, con, contra, de, desde, durante, en, entre, hacia, hasta, mediante, para, por, según, sin, so, sobre, versus y vías.

Las preposiciones «cabe» y «so» están en desuso, aunque eso no implica que no deban usar, siempre que se sepa hacerlo. Como la lista es larga, solo les mostraré algunos usos adecuados de la «a», para luego referirme a los errores por omisión de la misma, caso que se ha hecho frecuente en personas cuya ocupación habitual es la redacción de textos, lo cual es lamentable, por las razones que se exponen en el cuarto párrafo de este artículo.

La «a» indica dirección o el motivo del desplazamiento: «Voy a Madrid, a visitar a unos amigos»; «Esa carta va dirigida a tu mamá»; «Va al supermercado a comprar unas verduras». Puede oficiar de exhortación u orden: «¡A bañarse!»; «¡Todos a la cama!»; «¡A hacer la tarea!». Indica lugar o tiempo: «Lo contactaron a la entrada de su casa»; «Llamaré a la tarde»; «Trajeron la perra a la finca». Situación de algo o alguien: «Está sentado a la diestra del Dios Padre»; «A su derecha estaba el jefe»; «Había personas a ambos lados de la vía».

También indica el término de un intervalo de lugar o tiempo que media entre dos cosas: «Solo servían el almuerzo de doce a una»; «Acostumbraban hablar de acera a acera»; «Se les veía pasar de calle a calle». Modo: «Les gusta montar a caballo»; «Balones cosidos a mano»; «Todo lo arreglaba a golpes». Designación del precio de las cosas: «Encontré zapatos a veinte dólares».

Existen otros usos que por ahora no voy a mencionar, pues debo cerrar esta entrega con un breve comentario sobre la mala costumbre que se ha puesto de moda, de omitir la preposición «a» junto con los verbos abrir, acostarse, adelantar, hacer, haber, etc. «En la perífrasis verbal ir a + infinitivo, no debe omitirse la preposición a, aunque el verbo auxiliado comience por a: voy a hacer, voy a abrir, va a haber».


sábado, 31 de agosto de 2024

¡Por favor, no te comas la coma!

Por

David Figueroa Díaz   

31/08/2024

Tengo muchos amigos a los que les gusta el tema gramatical y lingüístico, y de cuando en cuando me sugiere que escriba sobre casos en los que tienen dudas, pues su ocupación habitual les impone la obligación de escribir bien y hablar de mejor manera, para lo cual, lo he dicho en reiteradas oportunidades, no es necesario ser miembro de la Real Academia Española.

Solo basta con poner en práctica los conocimientos que en materia de lenguaje se adquieren en las diferentes etapas de la educación formal. Lo demás llegaría por añadidura, siempre que se le dé la importancia necesaria.

Y al hablar de amigos, debo referirme a Raimond Gutiérrez, quien me envió por WhatsApp un contenido sobre uno de los tantos usos de la coma, que me llamó la atención, pues en los innumerables artículos que he dedicado a ese importante signo de puntuación, aunque sé que existe, no lo había tocado.

Raimond, además de ser abogado con una larga y admirable trayectoria, maneja con gran facilidad y elegancia el tema gramatical y lingüístico, lo cual le ha permitido incursionar con éxitos en el periodismo de opinión, como articulista y columnista de importantes medios de comunicación de Venezuela. y de otros países. Otra virtud que lo distingue, es que es fiel cultivador de la amistad popular.

Solemos intercambiar impresiones sobre las impropiedades más comunes, tanto en los medios de divulgación masiva, como en la habla cotidiana. A veces le consulta sobre temas jurídicos y políticos, para lo cual siempre tiene la respuesta adecuada.

Gracias a su aporte, hoy volveré a hablarles sobre la coma, que es –a mi entender y el de otras personas que se dedican a estos temas-, el más difícil de usar correctamente.

Por esa razón, cada vez que escribo sobre este asunto, procuro ser lo más explícito posible, en función de contribuir a disipar las dudas e infundirles seguridad a quienes se preocupan por el buen decir, escrito u oral. Lo paradójico es que los casos en los que más se incurren en impropiedades, son los más fáciles de manejar.

Alrededor de la coma se ha escrito mucho, con la finalidad de derrumbar las barreras que impiden que haya un manejo relativo del asunto. Es frecuente toparse con anuncios sobre los cinco, los diez, los veinte o los cincuenta usos de la coma. Cada autor se basa en los criterios que al respecto aplica la Real Academia Española; pero al final tratan de imponer el de ellos.

Sandro Cohen, en su libro «Redacción sin dolor», muestra lo que él considera los diez usos de la coma. Quienes deseen profundizar sobre esto, deben leerlo.

Cuando hablo de la coma, me centro en mostrar los casos en los que más se incurre en situaciones viciadas. Hay redactores (y redactoras también), que colocando coma donde no debe ir, y la omiten cuando es necesario. Existen otros que no la usan en ningún caso, lo que hace que solo por adivinación pueda entenderse lo que escriben.

La coma, entre otras cosas, se usa para separar elementos de una enumeración: «Compré papas, lechuga, tomate y cebolla».

Para marcar el inicio y el fin de un inciso. Un inciso es una frase que brinda información adicional: «El Libertador Simón Bolívar, Genio de América, nació en Caracas el 24 de julio de 1783»; «Mi hermano, que es historiador, aclaró nuestras dudas sobre la Gesta Emancipadora de Venezuela».

Hay otros usos, pero estimo que la coma elíptica, la coma vocativa y la combinación que se hace con el punto y coma para separar el nombre del cargo, y este del nombre, son los casos en los que frecuentemente se incurre en error. Lo lamentable es que quienes más cometen esas faltas, son personas que por el rol que desempeñan ante la sociedad, deben ser ejemplos del buen decir.

La coma elíptica es la que permite la omisión de algo que es sobrentendido, y por tanto no se dificulta la comprensión del texto: «Su hijo mayor es rubio, el menor, moreno»; «Los que no tengan invitación, por aquella puerta».

La coma vocativa o coma del vocativo, es la que se emplea para separar el vocativo del resto del texto. Entiéndase por vocativo la persona o cosa personificada a la que nombra o se alude en la oración: «Buenos días, muchachos»; «Puedes venir a buscarme, papá»; «Levántate, Lázaro».

Cierro con la combinación de la coma y el punto y coma en casos de personas con relación a su cargo u oficio: «Carlos Mendoza, director; Luis Parra, secretario general; María Rodríguez, asesora jurídica». Si solo se coloca una coma, sería difícil saber quién desempeña tal o cual cargo.


sábado, 17 de agosto de 2024

Espaldarazo y subsanar

Por

David Figueroa Díaz


17/08/2024

Es digno de elogio, además de un ejemplo por seguir, el hecho de que muchas personas, sobre todo aquellas que están compenetradas con los medios, (también hay educadores), se preocupan por enriquecer su vocabulario, por mejorar su expresión escrita y oral.

Pero cuando esa preocupación se transforma en exhibicionismo, es bastante lamentable, tanto para ellos, para los que tienen por costumbre y necesidad leer publicaciones en medios digitales y en redes sociales, que aunque estas últimas son muy útiles, están plagadas de cosas inadecuadas, ante lo cual hay que estar alerta para que no se multipliquen.

Insisto en que es lamentable para ellos (los audidos en el párrafo anterior), porque en su afán de andar buscando errores en donde no los hay, corren el riesgo de que el menos pensó les desinfle el globo del ego de creerse maestros del buen decir ; además de que se exponen a la burla silenciosa oa veces estruendosa.

En mi caso, siempre he sostenido que solo soy un aficionado del buen decir, alguien que ha entendido perfectamente, que nunca se termina de aprender.

El artículo de la semana pasada, titulado «La expresividad del venezolano», produjo comentarios elogiosos, además de que en varios de ellos estaba implícita la petición de unir a la lista de expresiones y palabras que mostré, otras que no mencioné. Cuando se dispone de un espacio como este, aunado a la falta de tiempo, es difícil abarcar más; pero pueden estar seguros de que en cualquier momento volverá sobre este interesante tema.

Quiero destacar un mensaje que recibí del colega locutor, periodista, gaitero y de paso guairista, Arnoldo Fréitez, quien aparte de identificarse con lo expresado por mí el sábado pasado, me comentó que en una ocasión oyó una conversación de personas que forman parte de lo que hoy llaman el poder comunal organizado, y que el meollo del asunto era un rechazo contundente a alguien que, para los efectos de este artículo, su nombre es irrelevante.

Lo cierto es que (en versión de Arnoldo), hablaban del rechazo; pero a la vez dijeron que le habían dado un espaldarazo, lo que permite colegir que no saben lo que significa la palabra mencionada.

El otro caso tiene que ver con el verbo subsanar, ya que muchas personas, para mostrar su «erudición» en materia de lenguaje escrito y oral, usan términos con significado diferente del que registran los diccionarios. Arnoldo asegura haber leído frases como: «Hay que subsanar las heridas», lo cual a él, que ha valorado la importancia de escribir bien y hablar de mejor manera, le parece impropio, y sin duda lo es. Trataré entonces de satisfacer su inquietud y la de otras personas que tengan dudas al respecto.

Espaldarazo, de acuerdo con las definiciones de la Real Academia Española, es: «Reconocimiento de la competencia o habilidad suficiente a que ha llegado alguien en una profesión o actividad». Fuera del rigor académico, significa apoyar, respaldar una idea, una propuesta, una decisión, etc. La confusión está en el hecho de que el vocablo espaldarazo tiene una fuerte carga expresiva que hace que se lo confunda con «dar la espalda», que es la frase que se emplea para indicar rechazo, repulsión, negación, abandono u otra actitud o acción de ese tipo: «Todos los presentes le dieron la espalda».

Eso, claro está, es en sentido figurado; pero en el ámbito militar (lo he visto en películas), cuando alguien comete una falta gravísima que amerita expulsión, colocando al individuo enfrente de la tropa, ya la voz de mando del superior, esta da media vuelta y le da la espalda. Hasta donde me lo permiten mis supinos conocimientos de gramática y lingüística, además de sentido común, eso no es un espaldarazo.

Lo de subsanar está relacionado con el desconocimiento de que la sinonimia de las lenguas no es perfecta, por lo que lo que hay palabras que, aun cuando son sinónimas, no podrán emplearse en el mismo contexto, como por ejemplo iniciar y comenzar, que no se construyen de la misma manera, aunque son hermanas. De eso he hablado en infinidad de veces, y como cosa curiosa, ha aumentado el uso inadecuado del primero de los nombrados.

Por ahora baste con decir que se subsana, se repara, se soluciona un problema. Las heridas se sanan, no se subsanan.


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