Médico de Cabecera y Santo Sanador

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sábado, 15 de marzo de 2025

¡Otras formas viciadas del habla!

Por

David Figueroa Díaz  


15/03/2025

El artículo de la semana pasada produjo comentarios elogiosos, que desde luego agradezco, además de inquietudes sobre más palabras y expresiones de la lista que, como les dije, no es tan larga.

Esas manifestaciones espontáneas son una muestra de que, aun cuando hay una marcada persistencia en incurrir en las mismas impropiedades, hay también un marcado interés por deshacerse de ellas.

La entrega anterior no la idea con la intención de escribir una serie de artículos sobre el mismo tema; pero la receptividad que tuvo me obliga a darle continuidad, en función de que los interesados ​​en el asunto puedan apercibirse de los elementos necesarios para disipar sus dudas poder escribir bien y hablar de mejor manera.

Recuerden que este trabajo de divulgación periodística es apenas una guía, y que para lograr el objetivo, es necesario leer con frecuencia, para instruirse y familiarizarse con las palabras; poner en práctica los conocimientos que fueron impartidos en las distintas etapas de la educación formal. Pero hay algo que es indispensable, y es que debe dársele importancia al hecho de escribir para el público.

Me complace que entre los remitentes de inquietudes haya habido varios educadores, quienes además de ejercer su profesión, se dedican a escribir de manera regular en redes sociales. Eso es altamente significativo, habitada cuenta de que ellos son destinatarios directos de este aporte semanal. De modo pues que les mostraré grupo de palabras y situaciones viciadas, que conviene conocer para evitarlas.

Existen redactores habituales a los que se les dificulta distinguir entre por qué y porque, y por más que lo han intentado, no han podido adquirir claridad en el asunto. Por esa razón, solo por adivinación los lectores podrán entender lo que esos redactores trataron de decir.

Sin complicaciones gramaticales, es necesario que entiendan que la forma por qué es para preguntar, y porque para responder: ¿Y por qué no se quita el saco? ¡Porque tiene la camisa rota! Se parece, es muy cierto; pero se utilizan en ocasiones distintas (interrogación y exclamación, respectivamente).

Con vez y ves la situación es igualmente sencilla. Vez es ocasión; y ves, es del verbo ver: ¡Que sea esta la última vez que llegas tarde!; ¡Tu no ves lo que no te conviene! En este caso no se trata de interrogación o de exclamación, sino de entender que ambas partículas se escriben diferentes y no significan lo mismo; pero en algunos países de América latina suenan igual. Por eso que se les da el nombre de homófonas, es decir, tienen el mismo sonido.

Existe el haz (del verbo hacer) y el has (del verbo haber). Haz es una forma imperativa del verbo hacer, que se usa para dar órdenes o consejos: «Haz la diligencia y luego nos reunimos». También funciona como sustantivo, con significado de cara, rostro, atado (haz de leña), manojo, conjunto de partículas o rayos luminosos (haz de luz): «El haz de la nueva lámpara de la esquina abarca la mitad de la cuadra».

En tanto que has es la segunda persona del presente del indicativo del verbo haber. Se usa con los pronombres él, ella, eso: «¿Has visto la más reciente producción cinematográfica de George Lucas». Además, permite la formación del pretérito perfecto compuesto de indicativo: ¿Qué has hecho? La duda podrá disiparse cuando se sepa distinguir entre si es haber o hacer lo que se quiere expresar.

Y de cayó, calló y cayo podemos decir que la primera es del verbo caer, la segunda es del verbo callar, y la tercera es un sustantivo con el que se designan a las pequeñas islas, con una playa de baja profundidad. En el estado Falcón, Venezuela, hay un conjunto de esas pequeñas islas, aptas para la recreación y por lo tanto muy visitadas, de las que las más famosas son Cayo Sombrero y Cayo Sal.

Existen otras formas viciadas; pero aun así, la lista no es tan grande como para tenerles pavor. Es recomendable leer frecuentemente, consultar diccionarios actualizados y no confiarse en que el teléfono o la computadora corrigen.

Eso no es cierto; solo advierten que cierta y determinada palabra, o no está en el registro léxico o simplemente está mal escrita, si es muy común, como «kasa», «ermano» o «veiculo, en lugar de casa, hermano y vehículo. ¡Así no más!


sábado, 8 de marzo de 2025

¡La lista no es tan larga!

Por

David Figueroa Díaz 

08/03/2025

Desde que me dedicó a escribir sobre temas gramaticales y lingüísticos, muy pocas han sido las veces que he hablado de errores, pues prefiero referirme a impropiedades, dado que es una forma más sutil de lograr que sean admitidas las equivocaciones y que puedan ser disipadas las dudas.

A quien se le diga que tiene errores ortográficos, es como soltarle una fuerte expresiva (explosiva, por demás) que puede ser más dañina que provechosa, por lo que es indispensable saberlo hacer, para que ese alguien no se ofenda y entienda que nadie está exento de incurrir, como en el caso del lenguaje escrito y oral, en situaciones viciadas. Para eso se debe tener presente que la forma más apropiada y prudente es corregir en privado, pues eso produce ánimo, confianza y firmeza.

Hago esta acotación en vista de que en varias ocasiones han pretendido señalarme por haberme burlado públicamente de personas que han incurrido en impropiedades. He hecho alusiones personales, mostró situaciones y aun ficticias sobre la persistencia en vicios arraigados en los medios de comunicación y en el común del hablante; pero de ahí a que me haya burlado de alguien, hay un abismo.

Quienes me leen de manera regular, saben que no tengo la mala costumbre de burlarme de mis semejantes, y que quienes me acusan, lo hacen por maldad, por una maldad que no ha tenido el efecto que mis abogados quisieran, como lo muestra el hecho de haber permanecido treinta años dedicado a estos menesteres.

Ha habido casos en los que he sido muy duro en mis cuestionamientos; pero al final esa supuesta dureza ha servido para que muchos se hayan zafado de las dudas y las incorrecciones, que a la larga es lo que importa.

He dicho y lo digo una vez más, que los vicios que copan la escena, sobre todo en las redes sociales, son la omisión de los signos de puntuación, entre esos la coma; la falta de tilde, el uso inadecuado del verbo en gerundio, mayúsculas y minúsculas mal utilizadas; empleo de palabras con significado diferente del que tienen, entre otras, que en mayor o menor cantidad, son «las impropiedades nuestras de cada día».

A esa gama se han sumado las palabras homógrafas y homófonas, convertidas en el resbaladero de muchas personas que escriben con regularidad en redes sociales y en medios impresos en los que, con contadas y honrosas excepciones, desde hace bastante tiempo desapareció la figura de la persona que se encargaba de leer los textos, corregir las palabras o frases inadecuadas, para la publicación. Eso lo digo con propiedad, dado que en más de una ocasión he enviado textos en los que se han colado gazapos, y así han sido publicados.

Es asombroso ver cómo hoy día los homógrafas y homófonas aparecen en los medios de difusión masiva, y lo lamentable es que quienes incurren en esos dislates son personas a las que se las estima como poseedoras de un considerable nivel de preparación, por lo que sería impensable tacharles una pifia de esa naturaleza; pero se las he tachado, especialmente a periodistas y educadores, contra quienes no tengo nada en contra; pero su rol ante la sociedad les impone la obligación moral de ser ejemplos del buen decir, bien sea escrito u oral.

Es por eso que estos escritos tienen como destinatarios directos a comunicadores sociales y docentes, con la finalidad de que tomen conciencia de que no basta con decir que se es periodista o educador; hay que demostrarlo, y para demostrarlo hay que tener los conocimientos necesarios.

Es lamentable que a muchos de esos profesionales, que de paso se ufanan de tener una larga trayectoria, se les dificulte distinguir entre a ver y haber; esta y esta; este y este; tiene y haz; ves y vez; haya, aya, allá o halla; porque y por qué; eco y hecho; vaya y balla, hueso yo sea; eco y hecho. Hay más casos, aunque la lista no es muy larga, ya lo saben.

Convendría entonces que los periodistas, educadores y demás profesionales que pudieran ver retratados en este artículo, se ocuparán de revisar los casos mostrados, en función de que pueden deslastrarse de esas situaciones que no les permiten ir más allá de lo que recibieron en la educación formal.


sábado, 1 de marzo de 2025

¡Los «hubieron» del comentarista y el «a ver» del ministerio!

Por 

David Figueroa Díaz 

01/03/2025

Las personas que como yo, que se dedican a escribir sobre asuntos gramaticales y lingüísticos, son objeto de críticas, recriminaciones y hasta le colocando sobrenombres. En ocasiones los llamados «cazadores de gazapos» o que padecen del síndrome de pedantería gramatical (SGP), definido como «un trastorno obsesivo-compulsivo que se caracteriza por una atención excesiva a las normas gramaticales y ortográficas».

Yo no estoy en ninguno de esos grupos, pues solo soy un aficionado del buen decir y comunicador social que ha entendido muy bien su rol ante la sociedad en la que se desenvuelve. Eso es muy diferente a estar siempre pendiente de que alguien incurra en impropiedades, para señalarlas y restregarle que está equivocado, por lo general en público.

No incurro en ese feo pecado, aunque a,,,,dmito que en ocasiones, al defender mi posición, ha sido duro en mis apreciaciones, ya algunos les ha parecido una actitud arrogante y prepotente. ¡Esa no ha sido mi intención!

Tampoco soy de aquellos que siempre andan buscando errores en donde no los hay, y que por lo general son personas que, en su afán de mostrar su «erudición», les gusta hablar de lo que no saben. Crítica, cuestiona; pero nunca tienen un argumento que valide su pretendida sabiduría.

Cuando hablo de alguna situación viciada, relacionada con el lenguaje escrito y oral, que es lo que manejo con relativa facilidad, lo hago con mucho respeto y con la finalidad de aclarar dudas, pues esa es la finalidad de este trabajo de divulgación periodística, aunque a veces se me haya pasado la mano en los señalamientos; pero eso último no es una práctica regular.

Mis aportes en esta materia tienen como destinatarios principales a los periodistas, locutores, publicistas, educadores y demás profesionales que de una u otra forma están relacionados con la escritura y la expresión oral de manera frecuente, con el sagrado deseo de que disipen sus dudas y adquieran madurez en eso de escribir bien y hablar de mejor manera.

El artículo de hoy tiene como base una palabra que fue utilizada por un comentarista de fútbol durante un encuentro entre el primer pentacampeón del balompié venezolano y Monagas Sport Club; además de un texto publicitario que apareció recientemente en algunas redes sociales, supuestamente publicado por el Ministerio de Educación de Venezuela.

El audido comentarista, a través del canal de YouTube de la primera división del fútbol venezolano, dijo dos veces en clara e inteligible voz: «hubieron varios manotazos…», y en el cartel publicitario del ente gubernamental podía leerse claramente: «No puede a ver justicia climática, sin justicia social. Salvemos la humanidad». Hay allí otras impropiedades a las que por ahora no voy a referirme.

Si el comentarista lo hubiera dicho una vez, quizás por asociación fonética con otro término parecido, el error podría haber pasado inadvertido; pero lo dijo dos veces, lo cual es símbolo inequívoco de que ignorante que «hubieron» debe conjugarse en tercera persona del singular, aun cuando vaya acompañado de cosas o personas en plural: «No hubo problemas para entrar al recital», «Hubo disturbios», «Hubo muchas personas», «hubo manotazos», etc. Para ser narrador o comentarista deportivo no se necesita ser experto en lenguaje; pero no se debe incurrir en cosas como esas, por descuido o por desconocimiento.

Casos como esos tienen que ser comentados, para que los interesados ​​en el asunto tomen conciencia del inmenso poder de inducción que ejercen los medios de comunicación, lo cual implica que todo lo que en ellos se escriba o se diga de forma oral, mal o bien, tiende a arraigarse en el vocabulario del común de la gente.

En relación con lo publicado por el Ministerio de Educación, el error consistió en colocar a ver en lugar de haber. Es posible que ese texto no haya sido elaborado ni publicado por ese ministerio, y que se trate de un montaje de algún malintencionado, con finos burlescos; pero si no fue así, entonces sería bastante lamentable que el ente encargado de la política educativa de Venezuela haya incurrido en semejante error.

Eso dio pie a duras críticas, entre esas un mensaje, que copiado a la letra dice: «No puede HABER educación de calidad cuando el Ministerio de Educación escribe 'a ver' en vez de haber. Pobre Venezuela, y lo que nos falta por ver».

Es prudente señalar que «a ver» significa «veamos» o «miremos»: «A ver, déjame pensarlo». Mientras que «haber» es un verbo auxiliar que se emplea para formar tiempos compuestos en pasado, como pretérito perfecto o pluscuamperfecto. Se utiliza para formar futuro perfecto: «He comido» (pretérito perfecto), «Había comido» (pluscuamperfecto), «Habré comido» (futuro perfecto).

Puede ser usado como sustituto de existir o haber algo o alguien en algunos casos: «En la habitación había una lámpara (existía una lámpara). Puede también hacer referencia al conjunto de bienes de una persona: «Dentro de sus haberes hay varios vehículos y viviendas». ¡Y no hay más!

sábado, 8 de febrero de 2025

¡Leer para escribir!

Por

David Figueroa Díaz  


08/02/2025

A muchas personas les parece una actitud arrogante y prepotente que alguien diga que sabe escribir, pues a lo mejor piensan que para llegar a ese nivel son necesarios profundos estudios de gramática, lingüística u otra disciplina asociada con el oficio de convertir el pensamiento y conocimiento en un texto.

En muchas ocasiones he dicho que sé escribir, ya algunos les ha parecido una petulancia, en tanto que otros, los que me conocen y leen con frecuencia, saben cuál es la verdadera intención de esa expresión.

También he dicho que para tener una escritura medianamente aceptable, no es necesario poseer grandes conocimientos, pues solo bastaría con lo básico y lo fundamental que se aprende en las diferentes etapas de la educación formal, que se complementa con la informal.

Es por eso que no me sonrojo al decir que manejo con relativa facilidad la gramática y la lingüística, es decir, sé escribir. Ahora, que no tenga la creatividad de García Márquez, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Salvador Garmendia o Miguel Otero Silva, es otra cosa.

Paradójicamente, muchos escritores laureados se han distinguido por su imaginación; mas no por sus conocimientos gramaticales y lingüísticos.

El modelo es Miguel de Cervantes Saavedra, quien según los que han analizado su impronta, dicen que no era un experto en gramática, sino una persona que escribía con claridad, con sencillez, con humildad y con la observancia de las reglas del momento en que escribió su célebre Don Quijote de la Mancha.

Ahondar en la personalidad y en la obra de Cervantes requiere conocimientos que yo no poseo, pues solo he hecho referencia a él para destacar que escribir bien no es sinónimo de erudición, y lo digo por mí, pues aunque me desenvuelvo con gran facilidad en el ámbito de la escritura, me califico como un aficionado del buen decir, con la particularidad de que, de manera constante, procuro nutrirme de los conocimientos necesarios para mantener este trabajo de divulgación periodística que a muchos les ha servido para disipar sus dudas. ¡Eso es satisfactorio en ambos sentidos!

He ahí donde entra en juego la lectura, que es fundamental para aprender a leer y para familiarizarse con las palabras, permite conocerlas y poder distinguir lo que cada una de ellas cumple.

Lo otro es la aplicación de las reglas elementales, como las palabras por la índole de la entonación (agudas, graves, esdrújulas y sobresdrújulas), signos de puntuación y otros elementos indispensables para que la escritura tenga sentido.

Quien maneje esos recursos, se le puede considerar como alguien que sabe escribir. Ese es mi caso y de otras personas que se dedican a este tipo de trabajo, que no es más que aportes para un mejor uso del idioma español.

Pero hay algo que está por encima de los elementos mencionados, y es la responsabilidad y la seriedad con las que se escribe para el público.

Si se hace para influir sobre cierto y determinado segmento de la sociedad, debe hacerse con respeto, con sencillez y con humildad para aceptar las sugerencias y recomendaciones.

En el caso del lenguaje, debe haber la convicción de que todo lo que se escriba o se diga en los medios de comunicación, mal o bien, tiende a arraigarse en el vocabulario del común de la gente.

Es preferible que ese arraigamiento sea en las cosas buenas. Esa es la mejor manera de influir en los demás, y que me disculpen aquellos que se hacen llamar influencer y aquellos que los siguen, que en mis supinos conocimientos de la materia, no son tales, sino personas que con un mero prurito exhibicionista sienten la necesidad de drenar alguna frustración, y son felices que los vean o los lean.

Hay mucha charlatanería, muchas payasadas y muchas situaciones que desdicen de lo que es trabajo de quienes en buena tapa desean influir e influyen en la conducta de los demás; pero hay mucha basura que debe ser desechada.

Claro, hay contadas y honrosas excepciones que se distinguen muy fácilmente y que merecen respeto.

Entonces en lo que a escritura se refiere, es indispensable leer.


sábado, 18 de enero de 2025

Lenguaje técnico y habla popular.

Por

David Figueroa Díaz 


18/01/2025

En cada profesión u oficio existen palabras y expresiones que permiten una comunicación que habrá de ser efectiva entre quienes lo ejerzan, lo cual no tiene nada de cuestionable.

Los médicos, los abogados, los ingenieros, los periodistas, los educadores y otros profesionales, tienen sus palabras y expresiones para comunicarse entre ellos. Lo criticable es que se emplea de manera incontrolada y por demás abusiva, como si el común de la gente tuviera la obligación de conocerlas.

No tendría nada de malo que un periodista o cualquier ciudadano los conozca y sepa usarlos.

Recientemente, el colega periodista Héctor González Burgos, compañero de estudios en la siempre recordada Universidad Católica Cecilio Acosta, me sugirió que escribiera un comentario acerca del lenguaje que se empela en los reportes que de manera regular entregan los cuerpos de seguridad del Estado a sus autoridades, y que es el mismo que recibe los medios de comunicación.

Héctor, lo he dicho en reiteradas ocasiones, es un periodista que se distingue por la pulcritud de sus contenidos informativos, en los que muestra un lenguaje sencillo, sin rebuscamientos, con mucha seriedad y profesionalismo, lo cual ha sido el aval para hacerse acreedor de premios importantes. Es, al igual que yo, un apasionado por el buen decir, y de manera regular intercambiamos impresiones relacionadas con las impropiedades más frecuentes en los medios de comunicación y en el habla cotidiana.

Me envió la reproducción textual, por vía de WhatsApp, de una relación de actividades (informe) llevadas a cabo por un organismo de prevención en el estado Cojedes, Venezuela, en el que aparecen términos que solo ellos (los integrantes del audido organismo seguridad) Podrán entender, ya eso, con el mayor de los respetos, voy a referirme.

En una parte del contenido que me facilitó Héctor puede leerse: «Se procedió a realizar un rescate, Atención (sic) paramédica y traslado a cinco personas las cuales se encontraban atrapadas en el interior de una vivienda Improvisada tipo rancho: debido a un enjambre de Heminotero desorientadas las mismas se ubicaron ubicadas en un tubo estructural de un tanque de agua aéreo».

Y en otro dice: «…a la ciudadana Katerin Casadiego de 25 años todos presentando IDX: Síndrome Anafilatico recibidos por la doctora de guardia Yenifer coronel…». ¡Vaya usted a saber qué quisieron decir!

Definitivamente, ese contenido es, como se dice en Venezuela: un arroz con mango, expresión que se refiere a una situación confusa, enredada o sin sentido lógico, como consecuencia del escaso dominio del lenguaje escrito de quien intentó redactarlo o del que lo escribió, que de paso se identifica como general de Bomberos y licenciado, no se sabe en qué. ¡Por lo menos en lenguaje no lo es!

Hay errores como para plasmarlos en una antología sobre lo que no debe escribirse, pues no solo contiene términos de la jerga médica y de la de servicios de emergencia que muy pocos conocen, sino que está plagado de errores ortográficos, en los que solo un niño. de cuarto grado de primaria podría incurrir.

En el primer fragmento hay mayúsculas mal utilizadas, falta de tilde en varias palabras, omisión de la coma, palabra mal escrita, como heminotero, que debía ser himenóptero, además de que, al ser una palabra de género masculino, debía concordar en número con el adjetivo que la califica: himenóptero desorientado.

Y en el segundo la situación es más graciosa aún, pues aparte de una abreviatura de la terminología médica (IDX), que al común de los mortales le sería muy difícil saber de qué se trata, hay dos mayúsculas innecesarias, y la coma no aparece. por ningún lado, además de que a la frase Síndrome Anafilactico y la falta de tilde en anafiláctico. Pareciera que la doctora fue la que estuvo afectada por el síndrome mencionado.

Al redactor del malhadado texto le hubiera quedado mejor escribir enjambre de abejas, que Heminotero desorientadas, diagnóstico, en vez de IDX; y reacción antialérgica, antes que Síndrome Anafilactico.

Y no es que no puedan ser utilizados términos de la jerga de profesiones y oficios; el asunto es que deben escribirse bien; y segundo, debería explicarse el significado, si la intención es informar; pero si la razón es mostrar buen manejo del lenguaje, con esos errores no es posible lograr el objetivo.


domingo, 12 de enero de 2025

¡Entre gerundio y gerundio!


Por 

David Figueroa Díaz  


11/01/2025

El artículo de la semana pasada, ideado con la finalidad de mostrar la diferencia entre sexo y género, fue objeto de manifestaciones de agradecimiento y de comentarios elogiosos, que agradezco altamente.

Muchas personas lograron despejar la duda, y eso me complace, pues el objetivo de este trabajo de divulgación periodística es que, las personas cuya ocupación habitual es el lenguaje escrito y oral, puedan adquirir las herramientas para deshacerse de esos vicios que ajan y envilecen la escritura y la expresión oral.

Sin embargo, quedan las que no logran entender y las que creen que ambos vocablos podrán utilizarse indistintamente en un mismo contexto. Lo cuestionable es que quienes se aferran a eso último, no tienen un argumento sólido que pueda convalidar su «teoría».

Lo lamentable es que quienes defienden la sinonimia de sexo y género, son personas que estimadas como poseedoras de un buen manejo del aspecto gramatical y lingüístico, entre esas, comunicadores sociales, educadores y otros profesionales que escriben y actúan ante el público de manera regular, como locutores, conferencistas, predicadores y otros.

A los que aún mantienen la duda, les recalco que lo que define si un ser vivo es macho o es hembra, es el sexo, no el género. Deberán persuadirse de que los seres humanos tienen sexo; y género, las palabras y las cosas inanimadas.

De lo que también deben convencerse, es de que esa afirmación no es un capricho mío; es algo que se deduce si lee con atención la definición que de ambas palabras muestra el DLE (Diccionario de la Lengua Española).

A propósito del gerundio

El uso y abuso del gerundio es uno de los casos que a lo largo de treinta años he expuesto de manera reiterada, y afortunadamente ha habido avances significativos; pero al igual que lo de sexo y género, quedan muchos resabios.

De buenas a primeras podría parecer complicado; pero si se le presta la debida atención, podrá notarse que no lo es. Para aprender a usarlo correctamente, es necesario valorar la importancia de escribir bien, para lo cual -como he dicho muchísimas veces-, no es necesario ser catedrático del idioma español.

Gerundio es la forma impersonal del verbo, que se distingue en las palabras terminadas en «ando» y «endo»: amando, buscando, cantando, describiendo, escribiendo, cociendo, emprendiendo, etc.

Esta es la forma más sencilla de definirlo, pues no quiero entrar en honduras gramaticales que pudieran complicar el asunto, y que más de uno pudiera quedar in albis.

Existen reglas que, si se leen y se aplican, el mito de la complejidad del gerundio desaparecerá.

Para que esté bien utilizado el gerundio, algunos autores señalan que deberá haber simultaneidad o anterioridad a la acción principal. Lo de la anterioridad ha sido asimilado a posteridad casi inmediata.

En Venezuela, y a lo mejor en otros países de habla hispana, hay un ejemplo de mal uso del gerundio que se ha mantenido per saecula saeculorum, y que siempre uso cuando hablo de gerundio: «El antisocial huyó siendo capturado al día siguiente».

Los cronistas de sucesos no han podido entender que entre la acción de huir y ser detenido no hay simultaneidad ni posteridad casi inmediata, por lo que esa palabra en gerundio (siendo) está mal utilizada. Lo adecuado sería: «El antisocial huyó, y fue capturado al día siguiente».

En la amplia gama de casos de mal uso, hay otro que aparece muy frecuentemente en crónicas de personajes, sobre todo cuando se muestran datos biográficos, como, por ejemplo: «Simón Bolívar nació en Caracas, casándose con María Teresa del Toro Alayza…». Visto de esa manera, significaría que el Genio de América nació y se casó a la vez, lo cual es un absurdo. Lo correcto sería: casó (se casó) o contrajo nupcias.

Así sucede en casi todos los relatos de ese estilo, pues los autores, por descuido o por desconocimiento, no se percatan de que para que el gerundio esté bien utilizado, lo digo una vez más, debe haber simultaneidad o posteridad casi inmediata con la acción principal, que estará determinada por el verbo principal.

Si yo escribo: «El alumno entró al aula de clases dando un portazo», ese dando (gerundio) está bien utilizado, pues la acción de llegar y de dar el portazo ocurrieron casi al mismo tiempo. Y si escribo: «El borracho llegó cantando rancheras», también está bien utilizado, toda vez que las acciones de llegar y cantar ocurrieron al mismo tiempo. ¿Vieron que no es difícil?

 

sábado, 4 de enero de 2025

Sexo y género

Por:

David Figueroa Díaz    


El comienzo de un nuevo año conlleva muchas cosas, entre ellas la continuación de tareas que no pudieron completarse en el año que ha terminado, o emprender otras que habían sido concebidas y planificadas para ser ejecutadas en el ciclo que supone la llegada de un nuevo período.

Y como dice el coro de una vieja canción navideña de una legendaria orquesta venezolana: «Año nuevo, vida nueva».

En el año que acaba de concluir, aunque hubo varias ocasiones en las que, por diversas razones, no me fue posible publicar el acostumbrado artículo sabatino, sentí la satisfacción del deber cumplido, ya que hubo personas a las que les fue muy provechoso este aporte semanal, pues a decir de ellas, han disipado muchas dudas y han adquirido gran soltura en escribir bien y en hablar de mejor manera. ¡Eso me satisface y me motiva a continuar aportando elementos para un mejor uso del idioma español!

Ratifico mi compromiso de mantener este trabajo de divulgación periodística, que solo es y será interrumpido por motivos de fuerza mayor; pero estaré siempre en la mejor disposición de sortear los obstáculos para tratar de no faltar a la cita de los sábados.

Habrá temas nuevos y otros nada nuevo, pues por la persistencia en las impropiedades de lenguaje en los medios de comunicación y en el habla cotidiana, siempre será oportuno volver sobre temas ya tratados, como el de hoy, del que no llevo la cuenta de las veces que lo he abordado. ¡Ahí voy!

Antes, hace ya varios años, creía que la confusión en cuanto al uso inadecuado de los vocablos sexo y género era exclusivo de Venezuela; pero hoy puedo afirmar que no es así, a juzgar por el lenguaje que se emplea en los doblajes al español de producciones de canales estadounidenses para Hispanoamérica.

No sé si aparte de Chile habrá otro país en el que haya empresas que se dedican a hacer ese tipo de trabajo; pero el de Chile está plagado de vicios que, inclusive, se han conquistado en la habla del común de los hablantes de esta parte del mundo. Con esto no quiero decir que el problema haya surgido en ese país sureño; pero es una fuente inagotable de propagación del mal.

Hoy es difícil que en Venezuela y en cualquier otra nación de la América hispana se usen las palabras sexo y género de manera adecuada. Es posible que haya excepciones; pero hasta ahora no han aparecido, por lo menos en lo que he percibido. Ello ocurre porque muchos periodistas, locutores, publicistas, educadores y otros profesionales no se han percatado de que sexo es una categoría biológica, y género, de acuerdo con la definición que aparece en el DLE, es sinónimo de tipo, especie, categoría, variedad. , apartado, etc. Es «grupo al que pertenecen los seres humanos de cada sexo, entendido este desde un punto de vista sociocultural en lugar de exclusivamente biológico».

Si se lee con atención el enunciado anterior, copiado textualmente de la versión electrónica del diccionario mencionado, podrá notar que ambos términos no son sinónimos, y en virtud de lo cual no podrán usarse indistintamente. Puede ser que en inglés u otro idioma, sexo y género sean la misma cosa; pero en español no. Esa diferencia es la que no ha sido captada, y por eso se los usa de manera inadecuada.

Sexo, lo digo otra vez, es una categoría biológica, íntimamente relacionada con los seres vivos; en tanto que género se circunscribe a lo social, a lo cultural o a otro aspecto que no sea el de los seres vivos. Lo que determina si un ser vivo o en cualquier estado es macho o es hembra, es el sexo, no el género. Género tienen las palabras y las cosas inanimadas.

Ahora, ¿por qué algunas personas cuando se refieren a los seres vivos, hablan de género y no de sexo? Hay dos razones: la primera es porque creen que sexo y género son sinónimos. La otra razón, asociada a la anterior, es porque, aun cuando lo tengan claro, evitan hablar de sexo, pues como generalmente se asocia más con el acto carnal que con su categoría biológica, entonces prefieren no pronunciar la palabra mencionada, que se ha vuelto tabú, para evitar críticas y controversias.

Yo prefiero llamar las cosas por su nombre. ¿Y usted?

Reporterismo de sucesos en Venezuela (3)

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