Médico de Cabecera y Santo Sanador

Médico de Cabecera y Santo Sanador
ES DURO, PERO TU PUEDES...QUITA LA PANDEMIA

sábado, 24 de enero de 2026

¡El problema es grave!

 Por

 David Figueroa Díaz  


 24/01/2026

Es innegable que día a día crece el interés de personas por mejorar su escritura y su expresión oral, lo cual es satisfactorio, pues es la confirmación de que el esfuerzo de quienes se esmeran por orientar en ese aspecto no ha sido en vano. Pero innegable también es que, pese a ese creciente y notorio interés, hay situaciones sobre las que es imprescindible hablar cuantas veces sea posible, para que las dudas puedan disiparse y, por ende, muchos vicios puedan ser desarraigados.

A diario en las redes sociales aparecen contenidos que por lo general son de gran utilidad; mas hay otros que, si no se los revisa con la debida atención, el resultado podría ser dañino. Unos están concebidos bajo un criterio excesivamente purista; mientras que otros simplemente son apreciaciones caprichosas y por lo general equivocadas, y que lejos de aclarar, oscurecen, propio de las personas que les gusta hablar de lo que no saben.

He tenido la satisfacción de leer excelentes aportes con explicaciones que me han servido para aclarar muchas dudas, pues aunque manejo con relativa facilidad el aspecto gramatical y lingüístico, no soy ni me creo un erudito en esta materia. Soy simplemente un aficionado del buen decir, que forma parte del grupo de los que están seguros de que nunca se termina de aprender.

La gama de situaciones viciadas es variada y no tan complicada, como a algunas les parece; lo curioso es que las más frecuentes son las fáciles de resolver: falta tilde, colocación en donde no debe ir; omisión y mal uso de signos de interrogación y exclamación; palabras con significado diferente del que registran los diccionarios, mayúsculas y minúsculas mal utilizados y uso inadecuado u omisión de la coma, que es quizás el que más aparece y el que más dolores de cabeza causa (a los que leen).

En redes sociales y en textos de WhatsApp hay escritos que solo por adivinación podrán ser entendidos. Lo malo, cuestionable y lamentable de eso, es que sus autores son profesionales, entre los que «sobresalen» licenciados en Comunicación Social y educadores, que lamentablemente no han podido entender que por su rol ante la sociedad, tienen la obligación moral y aun legal de ser ejemplos del buen decir.

En cuanto a la tilde, que es un tema del que he hablado en muchas ocasiones en este espacio y en otros ámbitos, voy a referirme a un vicio que guarda relación con las palabras graves, que aparece muy seguido en textos elaborados por aquellos que se hacen llamar influencers, y en mensajes de WhatsApp. Aclaro que no tengo nada en contra de ellos; pero la mejor manera de influir en algo o en alguien de forma positiva, es hacer las cosas bien, entre esas escribir medianamente aceptable, por ejemplo.

Hay personas que a lo mejor tienen una pequeña noción de las palabras por la índole de la entonación, especialmente de las tumbas (llanas), y frecuentemente incurren en despropósitos. A toda palabra terminada en «n» le colocando tilde. Por eso escriben «aplaudirón», buscarón, cantarón», «Nelsón», «vierón», «vinierón» y otros términos parecidos. No es exageración de mi parte ni menos aun un ejemplo arbitrario; es un vicio que día a día aparece y tiende a arraigarse, ante lo cual es necesario decir algo, para que los interesados ​​en el tema, y ​​que escriben con frecuencia, puedan deshacerse de él.

Ante eso es preciso señalar que las palabras tumbas son aquellas que tienen la mayor fuerza de voz (acento) en la penúltima silaba. Se les coloca la tilde (signo gráfico) cuando no terminan en consonante «n», «s» o vocal: árbol, lápiz, Gómez, López, azúcar, fácil, difícil, cáliz; carro, carta, baile, base, dedo, diente, estado, estadio, etc. Estos ejemplos muestran las dos modalidades (con tilde o sin ella).

Les recordamos que la confusión en el uso de este tipo de palabra está en los dos tipos que existen, tal como aparecen en el párrafo anterior. Además, a muchos se les hace difícil identificar la sílaba tónica, es decir, en la que recae la mayor fuerza voz.

Adicional a ello se les presenta la dificultad de poder distinguir entre acento y tilde que, aunque parezcan sinónimos, hay una sutil diferencia que es conveniente poder identificarla para evitar despropósitos o errores, como prefieren llamarlos.

El acento es el tono con que se destaca una sílaba, y tilde el signo que, de acuerdo con las reglas, se coloca o se omite. Desde ese punto de vista, toda palabra, con excepción de los monosílabos, tiene acento. ¡Ah, que no se le señale con el signo gráfico, eso es otra cosa, que está explicada en los párrafos anteriores!


domingo, 18 de enero de 2026

Mas casos de persistencia en el error

Por

David Figueroa Díaz

17/01/2026                   


Con el nombre de «Muestrario de los errores más frecuentes», entre el 15 de noviembre y 27 de diciembre de 2025 escribí siete artículos con los casos que consideran más notorios y causantes de equívocos, tanto en las redes sociales como en la habla cotidiana.

Me complace saber que fueron aprovechados por muchas personas, lo cual les ha permitido disipar dudas y adquirir soltura para escribir bien y hablar de mejor manera. Esa es la finalidad de este trabajo de divulgación periodística y, por eso, una vez más siento la satisfacción del deber cumplido.

Hice la salvación de que, existen más, los que mostré son los que se han vuelto casi indesarraigables, y aunque a veces sea como nadar contra la corriente, nunca estarán los demás escribir para que algo quede, tal como lo sugerencia el periodista y humorista venezolano Francisco «Kotepa» Delgado , en el suplemento Séptimo Día , del diario El Nacional .

Antes de esto ha habido dos entregas, que también han sido provechosas, como el caso de « el hoy occiso », que se ha convertido en una especie de comodín al que muy frecuentemente apela la mayoría de los redactores de sucesos de Venezuela , para describir casos de personas que deciden poner fin a su existencia, con el uso de mecate u otro material que hayan utilizado como cuerda.

Pero como no todo puede ni debe ser malo, es justo y necesario señalar que varios diaristas de este país se han dado cuenta de que habían estado utilizando mal la frase referida, y por eso ya no es tan repetitiva. Decir «el hoy occiso», per se no constituye un error; solo que su utilización es muy seguida y con significado diferente del que registran los diccionarios y los textos de Medicina Legal y de Derecho .

A pesar de los recursos con los que hoy se cuenta para aclarar dudas gramaticales y lingüísticas, hay quienes siguen utilizando palabras y frases que no corresponden con el uso que debe dárseles. En la redacción de sucesos y en otros ámbitos son fases frecuentes como: « Fulano de tal , titular de la cédula de identidad número V-1.234.567». De esa manera no es un número, sino un alfanumérico. La solución sería omitir la palabra número, y asunto arreglado.

Del mismo tenor es el tema de los extranjeros, transeúntes o residentes, con relación a su documento de identidad, a los que erróneamente se les llama titulares. Ellos son portadores; los titulares son los que han nacido en este país. Pareciera una nimiedad; pero para llamar las cosas por su nombre, es necesario saber la diferencia.

En cuanto a los alquileres, embargos, ventas u otras relacionadas con el ramo, se leen y se oyen acciones frases como: «Los bienes inmuebles están ubicados…», lo cual es algo inadecuado, dado que en el lenguaje del Derecho Mercantil, estos (los inmuebles) están situados; en tanto que los muebles, ubicados. Es otra sutil diferencia, que conviene conocer para no incurrir en error.

¿Por qué se insiste en escribir: «el día 5 de agosto de 1995», cuando en realidad esa es una fecha y no un día, tomando en cuenta que los días son de lunes a viernes, y las fechas del 1° al 30-31 de cada mes? ¿Por qué decir Estados Unidos de Norteamérica , si el nombre correcto es Estados Unidos de América y, además, en Norteamérica existe otro país cuyo nombre oficial es Estados Unidos Mexicanos ? ¿Por qué llamar americanos a los ciudadanos de Estados Unidos de América, si americanos todos los que hemos nacido somos en el continente americano? ¡Ellos son estadounidenses, no se les olvide!

Son vicios de lenguaje arraigados por mucho tiempo, que solo serán minimizados en la medida en que se tome en cuenta la importancia de escribir y de hablar con claridad y precisión, sobre todo si se hace para el público.

Agradecimiento

Hace pocos días recibí la cordial invitación del Colegio Nacional de Periodistas seccional Cojedes , en la persona de la licenciada Pilar Guerra, para dictar un taller sobre los términos correctos en una nota periodística de sucesos, que tendrá lugar el día jueves 26 de febrero de este año. Será un placer y un honor estar en ese lugar para compartir con colegas y futuros colegas, con el ferviente deseo de que puedan aclarar dudas y deshacerse de esos vicios que ajan y envilecen el lenguaje escrito y oral. ¡Dios mediante, allá nos veremos!


sábado, 10 de enero de 2026

Póstumo, post mortem, secuestro ilegal y drones no tripulados

 

Por lo general cuando ocurren eventos, sobre todo si son inesperados, inmediatamente se generan informaciones con las que los medios tratan de describirlos de la mejor manera, en virtud de que el público lector pueda tener una visión clara de lo sucedido.

Comienzan a aparecer palabras y expresiones que entran en el vocabulario y se mantienen hasta que cesa la conmoción. Ha habido casos en los que se han mantenido por largo tiempo, quizás por su sonoridad, por su elocuencia o por la gracia que contienen.

La historia está llena de ejemplos, y citarlos implicaría dedicarles un comentario aparte; pero hay uno que lo recuerdo claramente y voy a mencionarlo.

En 1982 hubo en Venezuela hubo una propagación de la inflación o irritación de la membrana conjuntiva (conjuntivitis) e inmediatamente la sabiduría popular comenzó a llamarla «las malvinas», en alusión al nombre de la isla por la que Argentina y Reino Unido entraron en conflicto para dirimir la propiedad de ese territorio insular en ese año.

Se dijo que los gases y otras sustancias que emanaban de las explosiones fueron la causa de que muchos venezolanos, en los que me incluyo, sintieran la angustiante irritación en la cavidad ocular. Eso no se demostró científicamente; pero sirvió para crear un nombre popular que, poco a poco fue desapareciendo y que quizás ya muchos no recuerdan.

Lo ocurrido la madrugada del pasado sábado 3 de enero 2026 aún no ha producido hasta ahora, que yo sepa, nada distintivo, nada que la creatividad criolla pueda usar para describirlo de manera popular y ponerlo en boga; pero han resurgido palabras y expresiones que se están repitiendo, y es de lo que les hablaré, con la finalidad y el deseo de contribuir a la disipación de las dudas y, por ende, los equívocos.

Han comenzado a aparecer las palabras póstumo, post mortem las frases «secuestro ilegal» y «drones no tripulados».

Ahora bien, alguien podría preguntarse ¿qué tienen de malo póstumo y post mortem? La respuesta sería nada; el meollo del asunto está en el uso, y es eso lo que trataré de explicar. Ambos vocablos aluden al hecho de algo que sucede o sucederá después de la muerte; no obstante lo cual, tienen usos diferentes, y es lo que los redactores deben tener claro para emplearlos adecuadamente.

Cuando a alguna persona que ha fallecido le sea conferida una medalla, un botón, un diploma u otra distinción luego de ser sepultada, la palabra adecuada es póstumo: «En el acto inaugural del venidero torneo de softbol le será rendido un homenaje póstumo a los peloteros fallecidos el año pasado».

En cambio post mortem debe usarse antes de que los restos sean sepultados. Quede claro que los dos aluden al hecho de la muerte; pero se usan en diferentes contextos.

En cuanto a post mortem debo acotar que, escrito como está, es la forma latina (del latín); pero se puede usar la lexicalizada posmortem, como ocurre con posgrado, posmeridiem y con cualquier otro término que tenga parentesco cercano.

Secuestro ilegal

En cuanto a «secuestro ilegal» debo decir que sería lamentable que la malhadada frase comience a arraigarse en el vocabulario del común de las personas. Lo curioso es que ha empezado a aparecer muy frecuentemente en publicaciones de prestigiosos medios nacionales e internacionales, y quizás por eso muchas personas de las que escriben frecuentemente, especialmente aquellas que se hacen llamar influencers, la han tomado como válida y la usan de manera inmisericorde.

Entiéndase que todos los secuestros son arbitrarios, y por tal motivo comportan la comisión de un hecho punible. Los juristas, y aquí le doy crédito a mi amigo abogado Raimond Gutiérrez, señalan que no hay secuestro (como delito) consensuado ni simulado, este último llamado popularmente «autosecuestro», de lo que por ahora no voy a ahondar.

Lo otro que me llamó la atención fue la frase «drones no tripulados», expresada por una periodista que por mucho tiempo fue reportera del canal venezolano Globovisión, y que hoy día trabaja para la cadena Caracol de Colombia, como corresponsal en Caracas.

Al referirse al caso de los drones que recientemente sobrevolaron el área del palacio de Miraflores, hecho que causó pánico y otras sensaciones, dijo, palabras más palabras menos: «…se notó el sobrevuelo de varios drones no tripulados…».

Un dron es un vehículo aéreo, un equipo o dispositivo no tripulado, utilizado para distintos fines. De hecho, esa denominación ha dado pie al acrónimo Vant, que aunque no ha tenido mayor difusión, podrá usarse como sinónimo de dron.

¡Ahí se las dejo!

sábado, 3 de enero de 2026

El hoy occiso

 

Comienza un nuevo ciclo de este trabajo de divulgación periodística, que comenzó hace ya varios años en este importante medio de comunicación de España, que me dio la gran oportunidad de darle continuación a una labor que nació en 1994, cuando en mi país existían los periódicos de papel, con la finalidad de aportar elementos para un mejor uso del lenguaje escrito y oral, siempre con la convicción de que no soy erudito en la materia ni catedrático, sino un aficionado del buen decir, que ha entendido perfectamente que siempre hay algo que aprender y enseñar

Ha habido dificultades de diversa índole; pero al final las he superado. Me complace que a la luz de lo que se ha difundido por esta vía, muchos han aclarado dudas y han obtenido solución para cumplir el rol en la sociedad en la que les toca desenvolverse. Eso me complace, me honra y me confirma que el esfuerzo ha valido la pena.

Ese apoyo moral que he recibido y que recibo frecuentemente, es el motivo fundamental para superar los obstáculos y seguir siendo útil a una incalculable cantidad de personas que se han autocalificado como «asiduos lectores» de esta sección, y que además la han asumido como una guía práctica de consulta. ¡Muchas gracias y prosperidad en el año que recién ha comenzado!

No sé si en otros países de habla hispana ocurre igual; pero en Venezuela la frase que sirve de título a esta entrega, se ha vuelto una especie de comodín en la redacción de textos relacionados con sucesos en los que ha habido fallecimientos. Es casi imposible no tropezarse con ella en portales digitales, incluidos los de casas periodísticas de gran prestigio, lo que indica que se ha convertido en un mal que ha hecho metástasis en una gran esfera.

Con contadas y honrosas excepciones que distinguen muy fácilmente, los redactores de sucesos venezolanos no conocen el verdadero significado del vocablo occiso, y por eso lo utilizan de forma inadecuada.  

Parece que tuvieran un formato (plantilla) para todos los casos, en el que solo cambia la fecha, el lugar y el nombre de la o las víctimas; lo demás es siempre lo mismo: «El hoy occiso».

No han entendido que no a toda persona que pierda la vida se le podrá llamar occiso, dado que en Medicina Legal y en Derecho Penal existen los términos para especificar la naturaleza de la muerte: cadáver, difunto, interfecto y occiso.

No voy a especificarlos; pero estimo prudente decir que occiso es solo aplicable a casos de personas que hayan muerto de manera violenta; pero que sobre ellas no hubo un acto delictivo (homicidio, por ejemplo). Ahora, ¿es aplicable el vocabulario occiso para casos de personas que se quitan la vida ahorcándose? ¡He ahí el meollo del asunto y es lo que trataré de explicar!

Mis conocimientos con relación al caso, en lo que me ha instruido mi amigo y hermano Raimond Gutiérrez , destacado jurista y profesor de posgrado en varias ramas del Derecho, son escasos; pero como periodista y como alguien que ha sido diarista, puedo afirmar sin ningún temor, que el término no es el adecuado, toda vez que cuando alguien decide ponerle fin a su existencia colgándose de un mecate u otro material, por lo general lo hace de manera silenciosa, oculta, con el cuidado de que alguien pueda percatarse e impedir que ocurra. 

Ha habido casos de personas que se han quitado la vida de esa forma, y ​​que han sido encontradas muchos días después, como ocurrió en un municipio del estado Portuguesa, Venezuela, en donde una persona desapareció y fue localizada treinta y siete días después. El informe de Medicina Legal determina que se ahorcó, no fue ahorcado. ¡Entonces! ¡Dónde estuvo o está la violencia!

Ahora, diferente es el caso, como a veces ocurre en los recintos carcelarios u otros espacios y circunstancias, que por diferentes razones alguien ahorca a otro. Ahí sí es aplicable occiso; pero que alguien busque un mecate, un cable, una sábana (frazada) u otro objeto que le pueda servir de cuerda para poner fin a su existencia, no es válido.

Lo curioso es que la mayoría de los periodistas de sucesos, muchos de los que tienen una larga trayectoria en el oficio, siguen utilizando el vocabulario occiso, no solo para los ahorcados de la forma que describe, sino para cualquier tipo de muerte. ¡Espero haberme explicado!

sábado, 27 de diciembre de 2025

Muestrario de los errores más frecuentes (y 7)

 

 

Con esta entrega culmina la serie de artículos dedicados a los que considero los errores en los que incurren muchas personas que escriben con regularidad y usan la expresión oral en medios de difusión. Esta recopilación, de ningún modo implica que sean los únicos, pues existe una larga lista; pero son estos los que más dudas y equívocos generan, en mi opinión, que es compartida con otros a los que les apasiona el tema gramatical y lingüístico.

Han sido de gran ayuda los aportes de inquietudes de muchas personas que se han interesado en el tema y que están convencidas de que siempre hay algo que aprender. Esa debe ser la actitud de todo el que desee deshacerse de esos vicios que impiden escribir bien y hablar de mejor manera. ¡Esa es la finalidad y mi intención de lo que escribo en este espacio!

Antes de entrar en materia, les expreso mi gratitud a todas esas personas que de manera regular siguen este trabajo de divulgación periodística, y también a los que ocasionalmente han podido aprovechar esta ventana para disipar dudas.

En este último sábado de diciembre del presente año, aprovecho la ocasión para desear que 2026 esté lleno de alegría y logros; de oportunidades y sobre todo de voluntad para alcanzar las metas; paz para disfrutar cada momento, con Dios siempre presente.

Nobel

Sobre esta palabra han surgido dudas y polémicas en cuanto a su pronunciación, y por eso la he incluido en este compendio, en aras de poder contribuir para que haya claridad. Lo primero que debe tomarse en cuenta es que, es un vocablo agudo, y por tal razón su acento está en la última sílaba. No se le coloca la tilde porque no termina en vocal ni en consonante «n» o «s». En este punto es necesario recalcar que entre acento y tilde hay una sutil diferencia que conviene conocer, para evitar incorrecciones. El acento se refiere a la entonación de la palabra, en la que siempre habrá, excluidos los monosílabos, una partícula que se pronuncia con mayor énfasis, llamada sílaba tónica; en tanto que tilde es el signo que se usa para marcar esa diferencia en el tono. La sílaba tónica de Nobel (que de colocársele la tilde sería Nobél), está al final; pero no se le coloca por las razones que he mencionado en este párrafo.

Novel

Para este término se aplica el mismo criterio anterior (novél); solo que, mientras el primero se refiere a los premios y a su creador, este significa «principiante», «novato», con «poca experiencia». Ahora bien, la fuerza de la costumbre ha conducido a que a ambos vocablos se los pronuncie con entonación aguda, pues son y han sido muy raras las ocasiones en las que alguien las haya usado de forma correcta, aun en altas esferas del saber, que es lo más curioso.

Porqué, porque, por qué, por que

Porqué (con tilde y junto) es un sustantivo que se usa para expresar motivo o razón: «No entiendo el porqué de tanto drama». Porque (sin tilde y junto), se usa para explicación o causa: «Es famoso porque tiene talento». Por qué (separado y con tilde), se usa para preguntar: «Por qué no viniste». En este caso la forma para la respuesta a esa pregunta es porque… Por que (separado y sin tilde), es la unión de por más que: Lucha por que sus sueños se hagan realidad». En muchos casos puede sustituirse por «por el cual» o «por la cual». El contexto y el sentido común determinarán cuál usar.

¿Vídeo o video?

En este caso también han surgido polémicas, que considero innecesarias, pues solo basta con saber que «es una palabra de doble acentuación: prosódica y gráfica. En España utilizan esa palabra como esdrújula: «vídeo»; mientras que en América es llana (grave) y no lleva tilde: «video». De modo pues que, podrá usarse en razón de gusto. Yo prefiero la que más se usa por estos lares.

Algo más: los que generan esas polémicas, son personas a las se las conoce como las sabelotodo, que les encanta hablar de lo que no tienen ni siquiera la mínima noción. ¡Nos rencontraremos el venidero sábado!




sábado, 20 de diciembre de 2025

Muestrario de los errores más frecuentes (6)

Por

David Figueroa Díaz 


20/12/2025

Con material tomado de las redes sociales y con algunos aportes de asiduos seguidores de este trabajo de divulgación periodística, he recopilado las que, en mi opinión, son las impropiedades en las que más incurren muchas personas que escriben frecuentemente para el público. El inmenso poder inductivo de los medios de comunicación ha hecho que esas situaciones se hayan tornado en vicios casi indesarraigables.

Algunas personas han tomado en cuenta la importancia de escribir bien y hablar de mejor manera; pero hay otras que lamentablemente no lo han hecho, pues para ellas lo importante es que se entienda lo que expresan. Lo malo de todo esto es que muchos, por su rol que desempeñan ante la sociedad en la que se desenvuelven, deben ser ejemplos del buen decir; no obstante lo cual, se conforman con lo que sean entendidos, sin importar los disparates que empleen, por vía escrita u oral; les da igual.

Siempre he dicho que hay un creciente interés por aclarar dudas y adquirir soltura en esto de escribir bien y hablar de la mejor manera, sin pretensiones de eruditos; pero también subsisten focos en los que están aquellos a los que lo único que les importa es escribir o expresarse de cualquier manera, entre los que hay periodistas, locutores, publicistas, influencers, educadores y otros profesionales.

Existen casos de locutores, muchos de los cuales se jactan de que su certificado se lo otorgó la UCV, con graves defectos de pronunciación; periodistas y educadores cuya redacción ronda la pobreza crítica; pero como a ellos (ya ellas también) solo los alienta el deseo de ser entendidos, dirán que eso de escribir bien y expresarse de mejor manera, en esta era moderna no es necesario. ¡Válgame de Dios! Para aquellos que han ponderado la importancia de hacerlo bien, con mucho cariño y respeto es este trabajo de divulgación periodística.

Las patas de gato

Cuando alguien pretende involucrase en algo que no es de su incumbencia o, que en el peor de los casos correría un gran riesgo, es frecuente que alguien le sugiera: «no les busques las cinco patas al gato», lo cual es un error, y ya verán por qué. Primero, no es al gato, sino a la palabra gato. Se habla de tres, cuatro, cinco, seis y hasta siete patas, porque creen que esa expresión alude al animal como tal.

Resulta que antiguamente, a las sílabas de los vocablos se les llamaba pie o pata. Entonces, como la palabra gato tiene solo dos sílabas (es decir, dos patas), no hay para buscarle más. De modo tal que, no le busque las tres patas a gato. Esto de las patas a gato lo aprendí de mi amigo Manuel Castillo Rivero, quien aparte de fútbol, ​​maneja con facilidad el lenguaje que emplea.

Escapulario ajeno

Hay quienes, con la pretensión de mostrar su «gran nivel de preparación» y su «elocuente prosa», les cambian la composición a algunas frases. Una de esas es la que alude a las personas que tienen la mala y aborrecible costumbre de arrogarse el producto del esfuerzo de otros.

Por eso existe la expresión «ganar indulgencia con escapulario ajeno», que es la forma que se conoce desde siempre, cuyo origen lo desconozco.

En la dinámica actual se lee o se oye: «Hacer gracia con escapulario ajeno», lo cual no compagina con la original. ¡No tiene sentido hacer gracia con escapulario ajeno; es ganar indulgencia!

¿Al final o a la final?

Los cazadores de gazapos siempre están a la espera de que alguien incurra en un despropósito, para que ellos, con la «gran sabiduría» que los caracteriza, le observen que no se dice así, sino así. Eso de andar corrigiendo a los demás sin argumentos, tiene sus riesgos, los cuales yo no corro. Cuando no sé algo, lo admito y ya.

En el caso de al final ya la final, debe saberse que hay unos aspectos que han de tomarse en cuenta, para no pasar de corrector a corregido. La frase al final es sinónimo de «finalmente» o «a fin de cuentas». Es la más recomendada; pero también existe a la final, que es una variante usada muy frecuentemente en Colombia, Venezuela y Ecuador. Con esa masificación del uso, aunque sea en el ámbito coloquial e informal de esos países, no hay razón para cuestionarla. Además, para indicar la instancia final de un evento, es la adecuada: «El equipo no pudo llegar a la final.

No y nos

Un vicio que también es frecuente encontrar en las redes sociales, es la confusión del adverbio de negación no y el pronombre nos. Por esa razón, a mi amigo Jesús Silva Hernández, otro apasionado por el buen decir, le provocó «estragos» una frase que apareció en una red social, en la que debía ir nos y apareció no, lo cual desvirtuó la intención original: «…el béisbol no los quitaron


domingo, 14 de diciembre de 2025

Muestrario de los errores más frecuentes (5)

 Por David Figueroa Díaz- 13/12/2025 


Antes de darle continuación a esta serie dedicada a los errores más frecuentes, tanto en redes sociales como en la habla cotidiana, debo agradecer los comentarios elogiosos de parte de algunas personas que se han autocalificado como asiduas seguidoras de este trabajo de divulgación periodística, y que a su vez lo han adoptado como una guía práctica de consulta.

Ese gesto me honra, me satisface y me demuestra que, como siempre lo repito, el esfuerzo no ha sido en vano.

Este muestrario es, en esencia, la agrupación de varias situaciones que él mostró por separado en muchas ocasiones; pero ahorita existe la facilidad de tenerlas en una sola entrega. No tienen orden alfabético; pero si alguien pudiera agruparlas, le sería más fácil de usar como manual de consulta.

Para este propósito seleccionó los casos que, a mi juicio, son los más comunes. Además, he recibido aportes de lectores, con lo cual se ha enriquecido la gama, y ​​el provecho ha sido mayor, pues han sido disipadas muchas dudas entre quienes escriben y se expresan de forma oral regularmente.

¡Esa es la intención, dado que a los que les apasiona el tema y leen con regularidad, deben entender y admitir que nunca se termina de aprender!

¡El bendito vaso de agua!

No llevo la cuenta de las veces que he escrito, y de los otros que han hecho lo propio sobre este tema, con lo que no habría dudas; pero todavía existen los que sostienen que esa frase es incorrecta, toda vez que los vasos no están hechos de agua.

Es el único argumento que tienen, lo cual deja en evidencia que no saben de lo que hablan, y que su intención es llevarle la contraria a los que sí están claros. Ignoran que en ese caso la preposición de no alude al material en el que está construido el vaso, sino a su contenido, lo cual permite inferir que un vaso de agua es la cantidad exacta de agua que cabe en un vaso, aun cuando los sabidillos del idioma lo consideran incorrecto, y por eso, según ellos, debe ser «un vaso con agua».

Pero ocurre que un vaso con agua puede ser desde una gota hasta que el vaso esté lleno, lo cual es impreciso; mientras que un vaso de agua es la cantidad del líquido preciado que cabe en un vaso, es decir, una medida. No hay entonces razón para eximirse de decir un vaso de agua, pues es una forma correcta.

Valla, vaya, baya

Estos tres vocablos son homófonos, es decir, tienen el mismo sonido, pero no así el significado ni la forma de escribirlos.

El primero es cerca (de cercado), estaca, barda, obstáculo, etc. El segundo es una forma imperativa del verbo ir, y el tercero es una fruta. No creo que haya problemas para distinguir una de otra.

Estabanos, ibanos, veníanos

Esas tres palabras, utilizadas por muchas personas, incluidos profesionales universitarios, son las formas incorrectas de estábamos, íbamos y veníamos, correspondientes a las formas infinitivas estar, ir y venir.

El mal uso deriva de la confusión con el pronombre nos con las conjugaciones del pretérito imperfecto de indicativo de la primera persona del plural (nosotros/as); pero si usted no quiere complicaciones gramaticales, tenga presente que es mos y no nos: almorzábamos, abrazábamos, bailábamos, buscábamos, buceábamos, cantábamos, cazábamos, desarrollábamos, nos dirigíamos, estudiábamos, estacionábamos, etc.

Si alguien que se precie de periodista, locutor, publicista, educador, además de que alardea de ser buen lector; pero dice estudiabanos en vez de estudiábamos, sería interesante saber cómo hizo para graduarse y dónde estudió, aunque eso (saberlo) no sería muy difícil.

La cantidad de los casos mostrados no obedece a ninguna orden, pues hay en los que la explicación es breve; pero hay otros en los que ha sido necesario emplear más palabras con ejemplos claros y sencillos, en función de aclarar dudas, que es la finalidad de este trabajo de divulgación periodística.

En la venidera entrega mostraré inquietudes aportadas por mi amigo Jesús Silva Hernández, quien es un asiduo seguidor y lector de este aporte semanal, además de que maneja con relativa facilidad el lenguaje que emplea.

Las entregas anteriores han servido para disipar muchas dudas y permitir que una cantidad considerable de usuarios del lenguaje escrito y oral hayan adquirido soltura. ¡Aún queda material por publicar!

¡El problema es grave!

 Por  David Figueroa Díaz    24/01/2026 Es innegable que día a día crece el interés de personas por mejorar su escritura y su expresión oral...