Por
David Figueroa Díaz
17/01/2026
Con el nombre de «Muestrario de los errores más frecuentes», entre el 15 de noviembre y 27 de diciembre de 2025 escribí siete artículos con los casos que consideran más notorios y causantes de equívocos, tanto en las redes sociales como en la habla cotidiana.
Me complace saber que fueron aprovechados por muchas personas, lo cual les ha permitido disipar dudas y adquirir soltura para escribir bien y hablar de mejor manera. Esa es la finalidad de este trabajo de divulgación periodística y, por eso, una vez más siento la satisfacción del deber cumplido.
Hice la salvación de que, existen más, los que mostré son los que se han vuelto casi indesarraigables, y aunque a veces sea como nadar contra la corriente, nunca estarán los demás escribir para que algo quede, tal como lo sugerencia el periodista y humorista venezolano Francisco «Kotepa» Delgado , en el suplemento Séptimo Día , del diario El Nacional .
Antes de esto ha habido dos entregas, que también han sido provechosas, como el caso de « el hoy occiso », que se ha convertido en una especie de comodín al que muy frecuentemente apela la mayoría de los redactores de sucesos de Venezuela , para describir casos de personas que deciden poner fin a su existencia, con el uso de mecate u otro material que hayan utilizado como cuerda.
Pero como no todo puede ni debe ser malo, es justo y necesario señalar que varios diaristas de este país se han dado cuenta de que habían estado utilizando mal la frase referida, y por eso ya no es tan repetitiva. Decir «el hoy occiso», per se no constituye un error; solo que su utilización es muy seguida y con significado diferente del que registran los diccionarios y los textos de Medicina Legal y de Derecho .
A pesar de los recursos con los que hoy se cuenta para aclarar dudas gramaticales y lingüísticas, hay quienes siguen utilizando palabras y frases que no corresponden con el uso que debe dárseles. En la redacción de sucesos y en otros ámbitos son fases frecuentes como: « Fulano de tal , titular de la cédula de identidad número V-1.234.567». De esa manera no es un número, sino un alfanumérico. La solución sería omitir la palabra número, y asunto arreglado.
Del mismo tenor es el tema de los extranjeros, transeúntes o residentes, con relación a su documento de identidad, a los que erróneamente se les llama titulares. Ellos son portadores; los titulares son los que han nacido en este país. Pareciera una nimiedad; pero para llamar las cosas por su nombre, es necesario saber la diferencia.
En cuanto a los alquileres, embargos, ventas u otras relacionadas con el ramo, se leen y se oyen acciones frases como: «Los bienes inmuebles están ubicados…», lo cual es algo inadecuado, dado que en el lenguaje del Derecho Mercantil, estos (los inmuebles) están situados; en tanto que los muebles, ubicados. Es otra sutil diferencia, que conviene conocer para no incurrir en error.
¿Por qué se insiste en escribir: «el día 5 de agosto de 1995», cuando en realidad esa es una fecha y no un día, tomando en cuenta que los días son de lunes a viernes, y las fechas del 1° al 30-31 de cada mes? ¿Por qué decir Estados Unidos de Norteamérica , si el nombre correcto es Estados Unidos de América y, además, en Norteamérica existe otro país cuyo nombre oficial es Estados Unidos Mexicanos ? ¿Por qué llamar americanos a los ciudadanos de Estados Unidos de América, si americanos todos los que hemos nacido somos en el continente americano? ¡Ellos son estadounidenses, no se les olvide!
Son vicios de lenguaje arraigados por mucho tiempo, que solo serán minimizados en la medida en que se tome en cuenta la importancia de escribir y de hablar con claridad y precisión, sobre todo si se hace para el público.
Agradecimiento
Hace pocos días recibí la cordial invitación del Colegio Nacional de Periodistas seccional Cojedes , en la persona de la licenciada Pilar Guerra, para dictar un taller sobre los términos correctos en una nota periodística de sucesos, que tendrá lugar el día jueves 26 de febrero de este año. Será un placer y un honor estar en ese lugar para compartir con colegas y futuros colegas, con el ferviente deseo de que puedan aclarar dudas y deshacerse de esos vicios que ajan y envilecen el lenguaje escrito y oral. ¡Dios mediante, allá nos veremos!

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