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sábado, 27 de diciembre de 2025

Muestrario de los errores más frecuentes (y 7)

 

 

Con esta entrega culmina la serie de artículos dedicados a los que considero los errores en los que incurren muchas personas que escriben con regularidad y usan la expresión oral en medios de difusión. Esta recopilación, de ningún modo implica que sean los únicos, pues existe una larga lista; pero son estos los que más dudas y equívocos generan, en mi opinión, que es compartida con otros a los que les apasiona el tema gramatical y lingüístico.

Han sido de gran ayuda los aportes de inquietudes de muchas personas que se han interesado en el tema y que están convencidas de que siempre hay algo que aprender. Esa debe ser la actitud de todo el que desee deshacerse de esos vicios que impiden escribir bien y hablar de mejor manera. ¡Esa es la finalidad y mi intención de lo que escribo en este espacio!

Antes de entrar en materia, les expreso mi gratitud a todas esas personas que de manera regular siguen este trabajo de divulgación periodística, y también a los que ocasionalmente han podido aprovechar esta ventana para disipar dudas.

En este último sábado de diciembre del presente año, aprovecho la ocasión para desear que 2026 esté lleno de alegría y logros; de oportunidades y sobre todo de voluntad para alcanzar las metas; paz para disfrutar cada momento, con Dios siempre presente.

Nobel

Sobre esta palabra han surgido dudas y polémicas en cuanto a su pronunciación, y por eso la he incluido en este compendio, en aras de poder contribuir para que haya claridad. Lo primero que debe tomarse en cuenta es que, es un vocablo agudo, y por tal razón su acento está en la última sílaba. No se le coloca la tilde porque no termina en vocal ni en consonante «n» o «s». En este punto es necesario recalcar que entre acento y tilde hay una sutil diferencia que conviene conocer, para evitar incorrecciones. El acento se refiere a la entonación de la palabra, en la que siempre habrá, excluidos los monosílabos, una partícula que se pronuncia con mayor énfasis, llamada sílaba tónica; en tanto que tilde es el signo que se usa para marcar esa diferencia en el tono. La sílaba tónica de Nobel (que de colocársele la tilde sería Nobél), está al final; pero no se le coloca por las razones que he mencionado en este párrafo.

Novel

Para este término se aplica el mismo criterio anterior (novél); solo que, mientras el primero se refiere a los premios y a su creador, este significa «principiante», «novato», con «poca experiencia». Ahora bien, la fuerza de la costumbre ha conducido a que a ambos vocablos se los pronuncie con entonación aguda, pues son y han sido muy raras las ocasiones en las que alguien las haya usado de forma correcta, aun en altas esferas del saber, que es lo más curioso.

Porqué, porque, por qué, por que

Porqué (con tilde y junto) es un sustantivo que se usa para expresar motivo o razón: «No entiendo el porqué de tanto drama». Porque (sin tilde y junto), se usa para explicación o causa: «Es famoso porque tiene talento». Por qué (separado y con tilde), se usa para preguntar: «Por qué no viniste». En este caso la forma para la respuesta a esa pregunta es porque… Por que (separado y sin tilde), es la unión de por más que: Lucha por que sus sueños se hagan realidad». En muchos casos puede sustituirse por «por el cual» o «por la cual». El contexto y el sentido común determinarán cuál usar.

¿Vídeo o video?

En este caso también han surgido polémicas, que considero innecesarias, pues solo basta con saber que «es una palabra de doble acentuación: prosódica y gráfica. En España utilizan esa palabra como esdrújula: «vídeo»; mientras que en América es llana (grave) y no lleva tilde: «video». De modo pues que, podrá usarse en razón de gusto. Yo prefiero la que más se usa por estos lares.

Algo más: los que generan esas polémicas, son personas a las se las conoce como las sabelotodo, que les encanta hablar de lo que no tienen ni siquiera la mínima noción. ¡Nos rencontraremos el venidero sábado!




sábado, 20 de diciembre de 2025

Muestrario de los errores más frecuentes (6)

Por

David Figueroa Díaz 


20/12/2025

Con material tomado de las redes sociales y con algunos aportes de asiduos seguidores de este trabajo de divulgación periodística, he recopilado las que, en mi opinión, son las impropiedades en las que más incurren muchas personas que escriben frecuentemente para el público. El inmenso poder inductivo de los medios de comunicación ha hecho que esas situaciones se hayan tornado en vicios casi indesarraigables.

Algunas personas han tomado en cuenta la importancia de escribir bien y hablar de mejor manera; pero hay otras que lamentablemente no lo han hecho, pues para ellas lo importante es que se entienda lo que expresan. Lo malo de todo esto es que muchos, por su rol que desempeñan ante la sociedad en la que se desenvuelven, deben ser ejemplos del buen decir; no obstante lo cual, se conforman con lo que sean entendidos, sin importar los disparates que empleen, por vía escrita u oral; les da igual.

Siempre he dicho que hay un creciente interés por aclarar dudas y adquirir soltura en esto de escribir bien y hablar de la mejor manera, sin pretensiones de eruditos; pero también subsisten focos en los que están aquellos a los que lo único que les importa es escribir o expresarse de cualquier manera, entre los que hay periodistas, locutores, publicistas, influencers, educadores y otros profesionales.

Existen casos de locutores, muchos de los cuales se jactan de que su certificado se lo otorgó la UCV, con graves defectos de pronunciación; periodistas y educadores cuya redacción ronda la pobreza crítica; pero como a ellos (ya ellas también) solo los alienta el deseo de ser entendidos, dirán que eso de escribir bien y expresarse de mejor manera, en esta era moderna no es necesario. ¡Válgame de Dios! Para aquellos que han ponderado la importancia de hacerlo bien, con mucho cariño y respeto es este trabajo de divulgación periodística.

Las patas de gato

Cuando alguien pretende involucrase en algo que no es de su incumbencia o, que en el peor de los casos correría un gran riesgo, es frecuente que alguien le sugiera: «no les busques las cinco patas al gato», lo cual es un error, y ya verán por qué. Primero, no es al gato, sino a la palabra gato. Se habla de tres, cuatro, cinco, seis y hasta siete patas, porque creen que esa expresión alude al animal como tal.

Resulta que antiguamente, a las sílabas de los vocablos se les llamaba pie o pata. Entonces, como la palabra gato tiene solo dos sílabas (es decir, dos patas), no hay para buscarle más. De modo tal que, no le busque las tres patas a gato. Esto de las patas a gato lo aprendí de mi amigo Manuel Castillo Rivero, quien aparte de fútbol, ​​maneja con facilidad el lenguaje que emplea.

Escapulario ajeno

Hay quienes, con la pretensión de mostrar su «gran nivel de preparación» y su «elocuente prosa», les cambian la composición a algunas frases. Una de esas es la que alude a las personas que tienen la mala y aborrecible costumbre de arrogarse el producto del esfuerzo de otros.

Por eso existe la expresión «ganar indulgencia con escapulario ajeno», que es la forma que se conoce desde siempre, cuyo origen lo desconozco.

En la dinámica actual se lee o se oye: «Hacer gracia con escapulario ajeno», lo cual no compagina con la original. ¡No tiene sentido hacer gracia con escapulario ajeno; es ganar indulgencia!

¿Al final o a la final?

Los cazadores de gazapos siempre están a la espera de que alguien incurra en un despropósito, para que ellos, con la «gran sabiduría» que los caracteriza, le observen que no se dice así, sino así. Eso de andar corrigiendo a los demás sin argumentos, tiene sus riesgos, los cuales yo no corro. Cuando no sé algo, lo admito y ya.

En el caso de al final ya la final, debe saberse que hay unos aspectos que han de tomarse en cuenta, para no pasar de corrector a corregido. La frase al final es sinónimo de «finalmente» o «a fin de cuentas». Es la más recomendada; pero también existe a la final, que es una variante usada muy frecuentemente en Colombia, Venezuela y Ecuador. Con esa masificación del uso, aunque sea en el ámbito coloquial e informal de esos países, no hay razón para cuestionarla. Además, para indicar la instancia final de un evento, es la adecuada: «El equipo no pudo llegar a la final.

No y nos

Un vicio que también es frecuente encontrar en las redes sociales, es la confusión del adverbio de negación no y el pronombre nos. Por esa razón, a mi amigo Jesús Silva Hernández, otro apasionado por el buen decir, le provocó «estragos» una frase que apareció en una red social, en la que debía ir nos y apareció no, lo cual desvirtuó la intención original: «…el béisbol no los quitaron


domingo, 14 de diciembre de 2025

Muestrario de los errores más frecuentes (5)

 Por David Figueroa Díaz- 13/12/2025 


Antes de darle continuación a esta serie dedicada a los errores más frecuentes, tanto en redes sociales como en la habla cotidiana, debo agradecer los comentarios elogiosos de parte de algunas personas que se han autocalificado como asiduas seguidoras de este trabajo de divulgación periodística, y que a su vez lo han adoptado como una guía práctica de consulta.

Ese gesto me honra, me satisface y me demuestra que, como siempre lo repito, el esfuerzo no ha sido en vano.

Este muestrario es, en esencia, la agrupación de varias situaciones que él mostró por separado en muchas ocasiones; pero ahorita existe la facilidad de tenerlas en una sola entrega. No tienen orden alfabético; pero si alguien pudiera agruparlas, le sería más fácil de usar como manual de consulta.

Para este propósito seleccionó los casos que, a mi juicio, son los más comunes. Además, he recibido aportes de lectores, con lo cual se ha enriquecido la gama, y ​​el provecho ha sido mayor, pues han sido disipadas muchas dudas entre quienes escriben y se expresan de forma oral regularmente.

¡Esa es la intención, dado que a los que les apasiona el tema y leen con regularidad, deben entender y admitir que nunca se termina de aprender!

¡El bendito vaso de agua!

No llevo la cuenta de las veces que he escrito, y de los otros que han hecho lo propio sobre este tema, con lo que no habría dudas; pero todavía existen los que sostienen que esa frase es incorrecta, toda vez que los vasos no están hechos de agua.

Es el único argumento que tienen, lo cual deja en evidencia que no saben de lo que hablan, y que su intención es llevarle la contraria a los que sí están claros. Ignoran que en ese caso la preposición de no alude al material en el que está construido el vaso, sino a su contenido, lo cual permite inferir que un vaso de agua es la cantidad exacta de agua que cabe en un vaso, aun cuando los sabidillos del idioma lo consideran incorrecto, y por eso, según ellos, debe ser «un vaso con agua».

Pero ocurre que un vaso con agua puede ser desde una gota hasta que el vaso esté lleno, lo cual es impreciso; mientras que un vaso de agua es la cantidad del líquido preciado que cabe en un vaso, es decir, una medida. No hay entonces razón para eximirse de decir un vaso de agua, pues es una forma correcta.

Valla, vaya, baya

Estos tres vocablos son homófonos, es decir, tienen el mismo sonido, pero no así el significado ni la forma de escribirlos.

El primero es cerca (de cercado), estaca, barda, obstáculo, etc. El segundo es una forma imperativa del verbo ir, y el tercero es una fruta. No creo que haya problemas para distinguir una de otra.

Estabanos, ibanos, veníanos

Esas tres palabras, utilizadas por muchas personas, incluidos profesionales universitarios, son las formas incorrectas de estábamos, íbamos y veníamos, correspondientes a las formas infinitivas estar, ir y venir.

El mal uso deriva de la confusión con el pronombre nos con las conjugaciones del pretérito imperfecto de indicativo de la primera persona del plural (nosotros/as); pero si usted no quiere complicaciones gramaticales, tenga presente que es mos y no nos: almorzábamos, abrazábamos, bailábamos, buscábamos, buceábamos, cantábamos, cazábamos, desarrollábamos, nos dirigíamos, estudiábamos, estacionábamos, etc.

Si alguien que se precie de periodista, locutor, publicista, educador, además de que alardea de ser buen lector; pero dice estudiabanos en vez de estudiábamos, sería interesante saber cómo hizo para graduarse y dónde estudió, aunque eso (saberlo) no sería muy difícil.

La cantidad de los casos mostrados no obedece a ninguna orden, pues hay en los que la explicación es breve; pero hay otros en los que ha sido necesario emplear más palabras con ejemplos claros y sencillos, en función de aclarar dudas, que es la finalidad de este trabajo de divulgación periodística.

En la venidera entrega mostraré inquietudes aportadas por mi amigo Jesús Silva Hernández, quien es un asiduo seguidor y lector de este aporte semanal, además de que maneja con relativa facilidad el lenguaje que emplea.

Las entregas anteriores han servido para disipar muchas dudas y permitir que una cantidad considerable de usuarios del lenguaje escrito y oral hayan adquirido soltura. ¡Aún queda material por publicar!

sábado, 13 de diciembre de 2025

Muestrario de los errores más frecuentes (4)



 

Antes de darle cabida a la cuarta entrega de esta selección de las que en mi opinión son las impropiedades lingüísticas que más aparecen en los medios de comunicación social y que se han arraigado en el habla cotidiana, acuso recibo de una observación que me hizo el cineasta, periodista y excompañero de estudios en la siempre recordada Universidad Católica Cecilio Acosta de Maracaibo, Luis Rahamut, con relación al artículo 3 de este muestrario.

Algunos que no me conocen y menos aun leen mis artículos, han dicho que no acepto equivocaciones, lo cual no es cierto, pues siempre que incurro en despropósitos, los admito sin ningún complejo. Ahora, lo que no acepto son las necedades de algunas personas que, sin el debido conocimiento, pretenden dictar cátedra sobre lo que no saben, especialmente en el lenguaje escrito y el oral. ¿Notaron la diferencia? ¡Gracias!

El ojo avizor de Luis captó el desliz que tuve al mostrar los ejemplos sobre el uso inadecuado de más mas. Sin ánimos de justificar la pifia, debo decir que al escribir los casos en los que el referido vocablo no lleva tilde, creí haberlo hecho bien; pero el procesador de palabras de mi computadora (ordenador) me jugó una mala pasada, como muy a menudo les ocurre a muchas personas, incluidas algunas que son poseedoras de un sobresaliente nivel de instrucción; pero por no revisar bien lo que publican, de cuando en cuando se les cuelan algunos gazapos. El error fue doble, dado que creí haber escrito estuve; pero apareció tuve. ¡Pido disculpas!

Entonces, con los mismos ejemplos del pasado sábado, una vez más les recalco que se escribe más (con tilde) cuando es adverbio de cantidad o comparativo: «Hubo más personas que ayer»; «El precio del dólar cada día está más elevado»; «Quiero más azúcar»; «Las selecciones de Centroamérica son las más débiles que participarán en el Mundial de Fútbol de 2026».

No la lleva cuando sustituye a pero: «Me gustaría viajar; mas no tengo dinero»; «Todos estaban contentos con el resultado; mas yo no estuve de acuerdo».

Ay, ahí, hay

Muchos son los redactores que no tienen claro el uso de esas tres palabras, por lo que no está demás decirles que ayes una interjección que se emplea para expresar dolor, sorpresa u otra emoción derivada de algo que ocurre de manera intempestiva: «¡Ay, qué vergüenza!»; «¡Ay, papá, la cosa se está poniendo buena!»; «¡Ay, amor, no esperaba menos de ti!».

Ahí es un adverbio de lugar físico o abstracto: «Ahí está ubicado el rectorado de nuestra Alma Mater»; «Ahí se consiguen precios más bajos!»; «Ahí está el detalle»; «Ahí en ese caso deberás actuar con mucha prudencia».

Haya, allá, aya

Las mismas dudas y confusiones ocurren con estos vocablos, que algunos creen que por su parecido fonético podrán usarse indistintamente.

La primera, sin complicaciones gramaticales, es una conjugación del verbo haber: «Siempre que haya (no haiga) la disponibilidad podremos ayudarte»; «Mientras haya disturbios, las actividades comerciales estarán reducidas al mínimo».

La segunda es un adverbio demostrativo de lugar: «Allá la cosa está buena»; «De allá para acá me detuve en la Encrucijada»; «Si Dios quiere, por allá nos veremos».

Aya, aparte de que es una fruta que no conozco, se refiere a la «mujer encargada de custodiar niños y cuidar de su crianza», aunque ese trabajo también puede realizarlo alguien de sexo masculino, y en ese caso se le llamaría ayo.

Con tilde o sin ella

La regla general de acentuación establece que a los monosílabos no se les coloca tilde; pero exceptúa de ella a los que cumple más de una función dentro de la oración: él/el, tú/tu, té/te, sí/si, mí/mi, sé/se, dé/de, más/mas.

Entre los que no llevan el signo gráfico están: mes, bien, sol, ve, ya, son, fe, fue, vio, dio, guion.

Vez y ves

Es indispensable que esas personas a las que les gusta escribir en medios digitales y en redes sociales de manera muy frecuente, y otras que lo hacen de manera esporádica, sepan que vez y ves son homófonas (suenan igual); pero no significan lo mismo. Vez es sinónimo de momento u ocasión: «Me comprometo en que esta vez no fallaré»; «La primera vez que fui a Caracas…».

Ves es del verbo ver: «¿Qué me ves?»; «Si me ves que estoy llorando…».

¡El problema es grave!

 Por  David Figueroa Díaz    24/01/2026 Es innegable que día a día crece el interés de personas por mejorar su escritura y su expresión oral...