Médico de Cabecera y Santo Sanador

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sábado, 6 de enero de 2024

Dos redundancias

Por:                               

David Figueroa Díaz 


06/01/2024                   

Durante 2023, lo dije en el más reciente artículo, que por cierto fue el último del año, varias fueron las veces que falté a la acostumbrada cita de los sábados. Los motivos van desde fallas en la energía eléctrica, que por supuesto afectan a la Internet, hasta problemas de salud de quien esto escribe; pero aun así pude satisfacer mis inquietudes y las de un considerable número de lectores que han adoptado este aporte periodístico como una guía de consulta para disipar sus dudas, lo cual, también lo he expresado muchas veces, me honra y me impulsa a seguir navegando en el ancho mar de nuestro idioma, abundoso en ricas expresiones y sinónimos.

Muchos saben que el sistema eléctrico de Venezuela está en pésimas condiciones, y lo peor es que no se vislumbra una solución a corto, mediano y largo plazo. Todo a lo que nunca más se le hizo mantenimiento preventivo, se está deteriorando de manera acelerada, y las consecuencias directas son las constantes interrupciones (por fallas o por racionamiento) y las fluctuaciones de voltaje, que son las que dañan electrodomésticos, especialmente computadoras, como en mi caso.

Entonces, por muy previsivo que quisiera ser para escribir y enviar a tiempo mi artículo semanal, de manera muy frecuente hay algo que lo impide. No es de la situación de mi país de lo que quiero hablarles; pero estimé prudente hacerlo, aprovechado la cobertura de este medio de comunicación, para destacar que la realidad no es la que muestran algunos portales informativos, que pretenden hacer creer que acá vivimos de maravilla. ¡No es así!

La redundancia, de buenas a primeras, es un vicio que debería evitarse; pero cuando se la usa con consciencia, podría ser provechosa. Lo lamentable es que esa es la forma en la que menos se utiliza. Una muestra es la muy conocida frase «los primeros pininos», usada muy frecuentemente en autobiografías y en crónicas de artistas, deportistas, diplomáticos, políticos y otras figuras.

Lo que también es lamentable es que, quienes la usan sin saber que incurren en algo inadecuado, son personas a las que sería impensable tacharles un yerro de esa naturaleza, pues por lo general manejan con relativa facilidad el lenguaje que emplean.

En algunos países, como en España, se habla de pinitos y no pininos. Esto lo digo porque la primera vez que en este medio escribí la palabra pininos, al lado de esta, entre paréntesis, fue colocada pinitos. Entendí que la acotación fue con la intención de evitar confusiones en lectores de otros países en los que la palabra usada en Venezuela y otras naciones de habla hispana sea desconocida.

Pininos (pinitos) son los primeros pasos que da un niño o alguien que, luego de haber perdido la movilidad, intente caminar, que de seguro lo hará con dificultad, lo cual lo asemeja a una criatura aprendiendo a caminar. Al decir los primeros pininos, se incurre en redundancia. Por extensión se aplica a alguna actividad en la que se comienza: «Fulano de Tal dio sus pininos en radio en los años setenta».

Eso de los primeros pininos se lee y se oye casi a diario en los portales digitales y redes sociales, con tan asombrosa frecuencia, que pareciera que quienes la usan, sintieran una especial satisfacción al hacerlo. No han podido darse cuenta de que incurren en algo inadecuado, y que además, esa misma intención pueden expresarla con otros vocablos, sin riesgos de redundar. ¡Pininos son los primeros pasos, no hay más!

Hay otra redundancia que no es muy conocida; pero que vale la pena mencionar, en aras de que el mal no haga metástasis en otras áreas. La leí por primera vez hace muchos años, en la novela «La Muerte de Honorio», del admirado escritor venezolano Miguel Otero Silva (+). No recuerdo si la usó en boca de uno de los personajes o en la del narrador. Lo cierto es que en uno de los pasajes de esa producción literaria se habla de «un mendrugo de pan», de lo cual muchos dirían que no tiene nada de malo; pero si se revisa un diccionario, se encontrará que un mendrugo es un pedazo de pan, y sin dudas, un mendrugo de pan es una redundancia.

Ahora, la prudencia o imprudencia del uso que hizo el connotado escritor, de la mencionada frase, podría ser tema para un debate sano que podría disipar las dudas que pudiera haber.


sábado, 16 de diciembre de 2023

¡Parecen errores; pero no lo hijo!

Por                                 

David Figueroa Díaz  


16/12/2023                    

En el ámbito gramatical y lingüístico hay figuras muy respetadas, pues cada explicación, cada exposición, constituye una cátedra. Da gusto oírlos hablar y leer sus escritos sobre algo que manejan con gran facilidad. Con esa misma facilidad se dan a entender. En cambio, hay otras que no tienen la noción mínima de lo que hablan, y para colmo, «se deleitan» tratando de encontrar errores en donde no los hay.

Hacen cuestionamientos sobre palabras y expresiones supuestamente viciadas; pero cuando se les pide que den una explicación, dejan traslucir su desconocimiento del asunto, dado que su intención es aparentar erudición, es mostrarse como muy cultivados; pero no son más que simples necios con caprichos de intelectuales.

Me ha tocado lidiar con ese tipo de personas, que como no tienen argumentos, en cada tertulia siempre sacan la peor parte, además de que sus herramientas por lo general son la insolencia, el insulto y la descalificación de sus interlocutores. Les gusta hablar de lo que no saben, y eso tiene sus riesgos.

Siempre he dicho que no pretendo dictar cátedra de gramática ni de lingüística, pues solo soy un aficionado del buen decir; pero no me sonrojo al decir que tengo la suficiente madurez para debatir con argumentos sólidos sobre las impropiedades más frecuentes en los medios de comunicación y en el común de los hablantes.

¡Esa es la diferencia entre aquellos que se dedican a hablar sin fundamentos, y alguien que ha dedicado gran parte de su vida a aprender y a enseñar a través de los medios de comunicación y por otras vías!

Las personas a las que he audido, les parece incorrecto que se diga, por ejemplo, que «el primero de enero de 2024 será lunes». Insisten en que para el primer día del mes debe escribirse 1, no primero; pero cuando se les pregunta el porqué, no dan una respuesta convincente.

A ese respecto es prudente anunciar y anunciar que ambas opciones son válidas: primero de enero o 1 de enero. En España se prefiere la forma cardinal (1); en tanto que en América, la ordinal (primero).

Algo sucede parecido en el caso de expresiones con las que se desea señalar algo que sucederá en el día por venir, es decir mañana, a una hora determinada o indeterminada, antes del mediodía. Se escandalizan cuando alguien, por ejemplo, dice que «la asamblea de socios será mañana a las diez de la mañana». Señalan que hay una redundancia; pero cuando se les pide que indiquen dónde está, tampoco saben explicarlo.

No hay redundancia; Hay una casi inevitable repetición de sonidos, que no es igual que redundar. El primer mañana, indica el día después de hoy, y el segundo, el lapso del día en el que después de hoy se llevará a cabo la actividad, en este caso la asamblea.

Si se dice que la asamblea será mañana a las diez, solo por adivinación podrá saberse si es en la mañana o por la noche. De modo pues que, no existir deberá temor a decir «mañana a las diez de la mañana», pues aunque a algunos les parezca redundante, es la forma adecuada de señalar el momento preciso en que habrá de suceder algo.

Otra de esas expresiones que de buenas a primeras a algunos les parecen impropias, es «la Tierra del Sol Amada», nombre con que se conoce a Maracaibo, segunda ciudad de Venezuela y capital del estado Zulia. No es difícil colegir el origen de ese apelativo, pues el calor que caracteriza, no solo a esa ciudad, sino a toda la región zuliana, lo define claramente. De eso no hay dudas; lo que produce inquietud, es que sea sol amada y no sol amado.

Eso tiene una explicación desde el punto de vista lingüístico, en lo que por ahora no voy a ahondar. Baste con saber que es sol amada, pues el autor de la frase, con una exquisita poesía, mediante una elegante figura retórica, quiso decir tierra amada por el sol, en alusión al abundante calor; solo que por métrica y cadencia, fue necesaria la alteración del orden sintáctico.

Con esta breve y sencilla exposición, es suficiente para que alguien pueda argumentar la validez de las expresiones que algunos sabidillos del idioma español se empeñan en tachar como impropias; pero no tienen el conocimiento necesario para convencer con su «erudición».

No deberás haberte preocupado, pues los equivocados son otros. ¡Así de simple!


sábado, 18 de noviembre de 2023

El verbo

Por                                


David Figueroa Díaz  

18/11/2023

Durante los veintinueve años en los que me he dedicado a escribir sobre el tema lingüístico, cumplidos recientemente, he procurado hacerlo de la manera más amena, sencilla y desprovista del rigor gramatical, bajo la óptica de alguien que no es catedrático del idioma español, sino un apasionado del buen decir.

No me sonrojo al expresar que a la luz de las observaciones y recomendaciones que de manera regular hago a través de este medio y por otras vías, muchas han sido las personas que han adquirido soltura y madurez cuando de redactar se trata.

Muchas también han sido las que, de manera cordial, se han autocalificado como asiduas seguidoras de este trabajo de divulgación periodística, lo cual valoro grandemente, pues es una demostración de que el esfuerzo no ha sido en vano. Entre esas hay diaristas, educadores y otros profesionales cuya ocupación habitual les impone el buen uso del lenguaje escrito y oral.

A veces ha sido necesario tocar un tema una y otra vez, con el deseo de disipar las dudas que hayan quedado. En cada una procuro mostrar ejemplos fáciles de asimilar, adaptados a la realidad actual, y por eso algunos de los lectores han adoptado este aporte como una guía práctica para resolver sus asuntos en esta materia. ¡Eso me honra!

El tema de hoy lo he mostrado en varias ocasiones, bien porque me lo han pedido, o porque he estimado prudente hacerlo en vista de la alta frecuencia con la que aparecen impropiedades en las que el meollo es el verbo.

Mucho he hablado del gerundio, del uso de verbos con significado diferente del que registran los diccionarios o como de la palabra tergiversar, que algunos periodistas y educadores han deformado y dicen tragiversar. No ha habido ni forma ni manera de persuadirlos de la ridiculez en la que incurren.

Los verbos son la parte de la oración que expresa la acción que hace el sujeto: comer, cantar, vivir, hacer, pensar, soñar, escribir, etc. Los hay de diferentes tipos: intransitivos, transitivos, ditransitivos y otras clasificaciones que por ahora no voy a mencionar, pues esta entrega está orientada al mal uso de algunos, una vez más.

Iniciar es un verbo que, por ser sinónimo de comenzar, se utiliza de manera inadecuada e indiscriminada. Aunque parezca una exageración, ya a casi nadie le gusta comenzar, sino iniciar, pues a lo mejor piensan que de esa forma es más elegante, lo cual no tendría nada de criticable (la elegancia); solo que lo usan como no debe ser.

En notas informativas de prestigiosos medios de comunicación se lee y se escucha que, por ejemplo: «Hoy inicia la Campaña de Vacunación de las Américas»; «Mañana inicia una huelga de educadores en reclamo de un salario justo»; «Ayer inició el juicio civil contra Donald Trump», etc.

Para evitar despropósitos, es necesario tener claro que iniciar y comenzar, aunque sean sinónimos, no se construyen de la misma manera. Los eventos no inician, se inician, por lo que, lo correcto es no omitir el pronombre personal «se»: «Hoy se inicia la Campaña de Vacunación de las Américas»; «Mañana se inicia una huelga de educadores en reclamo de un salario justo»; mencionado «Ayer se inició el juicio civil contra Trump Donald ».

Y como iniciar es sinónimo de comenzar, este último pudiera usarse sin ningún riesgo, dado que no necesita el pronombre: «Mañana comienza el Censo Nacional de Población y Vivienda». No pretendo imponer el uso de uno sobre el otro, sino, que a iniciar se lo use de forma adecuada.

De esa misma gama son estrenar e incrementar. El primero se lo usa de forma incorrecta, muy frecuente en los canales de estadounidenses para habla hispana, cuyas promociones comerciales y de otra índole, son de empresas chilenas, como por ejemplo Universal TV. He oído anuncios en los que se dice que la producción cinematográfica tal, «estrena el sábado 25 de noviembre». Lo prudente, lo normal y lo correcto, es se estrena o el estreno será…

En cuanto a incrementar, lo he leído y escuchado de contenidos informativos de portales de Venezuela y de otros países de Sudamérica, sobre todo en sucesos y notas de economía. Se dice que, por ejemplo: «La cantidad de fallecidos por el terremoto incrementó en…». O que «las ganancias incrementaron» en diez pr ciento.

Se aplica el mismo criterio, pues en ambos casos la lógica sugiere el uso del pronombre personal «se»: «La cantidad de fallecidos (…) se incrementó»; «Se incrementaron las ganancias». En el primero podrá decirse aumentó; y en el segundo, aumentaron. ¡Y sanseacabó!


domingo, 12 de noviembre de 2023

¡Evite errores mayúsculos y minúsculos! (y II)

Por:                               


David Figueroa Díaz 

10/11/2023

La semana pasada estaba prevista la segunda entrega de esta serie de dos artículos relacionados con el uso y el abuso de las letras mayúsculas y minúsculas, tema que surgió de una inquietud de mi admirada colega periodista venezolana Cynthia Higuera.

Con Cynthia (vía WhatsApp) suelo compartir inquietudes en cuanto al lenguaje de los medios de comunicación social, con especial énfasis en el de las denominadas redes sociales y del habla cotidiana. Varios han sido los artículos que han surgido de esos intercambios, lo cual me satisface doblemente, pues por un lado compruebo que mi esfuerzo no ha sido en vano; y por el otro, me agrada saber que aun con tantos diaristas, educadores y otros profesionales que se conformaron solo con las clases de gramática y ortografía elementales que recibieron en primaria y bachillerato, exista alguien que haya ido más allá.

Para darle continuidad al tema, estimo prudente recordarles que el uso de las mayúsculas y minúsculas está enmarcado en reglas, unas muy sencillas y otras un tanto confusas. Lo risible es que la mayoría de faltas, son de las más elementales. Muchos son los que se disgustan porque no los llaman doctor, licenciado, abogado o ingeniero; pero cuando escriben, demuestran que esos títulos de los que se ufanan, no concuerdan con su pobreza gramatical y ortográfica.

A manera de repaso les repito que los meses del año, las estaciones y días de la semana, excepto si forman parte del nombre, como Viernes Santo, barrio 23 de Enero, van con inicial minúscula. Los gentilicios también deben ir con inicial minúscula: rioplatense, español, acarigüeño, regiomontano, guanariteño, vegabajeño etc. Además, los nombres propios de personas, animales o cosas, se escriben con inicial mayúscula. Y algo que nuestros maestros nos repetían: después de punto y seguido y de punto y aparte, se escribe con inicial mayúscula. ¡No se les olvide!

Los cargos, títulos académicos, dignidades y tratamientos de cualquier tipo, se escriben con inicial minúscula: presidente, secretario general, canciller, ministro (a), magistrado (a), conde (sa), gobernador, alcalde, etc., siempre que estén acompañados del nombre propio de la persona que los posee o del lugar o ámbito al que corresponde: El rey Felipe IV, el papa Juan Pablo II, el presidente de Guyana, el ministro del Trabajo.

En este caso, muchos redactores, por desconocimiento o simplemente por adulación, escriben el cargo con inicial mayúscula: «El Gobernador Ricardo Montalbán estará de visita en nuestro municipio»; «Ramón Valdez, Alcalde de San Ignacio del Cocuy, le dio el ejecútese a la nueva Ordenanza de Convivencia Ciudadana».

Ocurre con frecuencia, por lo menos en Venezuela, que muchos gobernadores, alcaldes, ministros y directores de institutos autónomos, obligan a sus encargados de Prensa, a que sus cargos se escriban con inicial mayúscula, y así apareen en los medios de comunicación, pues por tratarse de notas de entes gubernamentales, no son revisados ni menos aun corregidos. Claro, eso ocurre en medios en los que la buena escritura no es la preocupación fundamental.

Los nombres genéricos que forman parte del paisaje urbano deben escribirse con inicial minúscula: calle Camejo, avenida Páez, plaza Bolívar, iglesia La Corteza, etc. En esta clasificación están los accidentes geográficos, como ríos, caños, montañas, lagunas, mar (mares), etc., que irán con inicial minúscula, a menos que formen parte del nombre: «el río Caparo marca los límites entre los estados Barinas y Táchira».

Cité adrede el caso de la plaza Bolívar, pues cada vez que la escribo de esa manera, en los medios de comunicación a los que les hago llegar mis notas informativas que elaboro en mi condición de director de Prensa de la Alcaldía de Guanarito, me cambian la «p» minúscula por una «P» mayúscula, y en muchas ocasiones me han desazonado el día.

Para cerrar esta entrega y esta serie, les recalco que la palabra ESTADO, cuando se refiere a división territorial o a otros casos, debe ir con inicial minúscula: «El estado Táchira es el estado de Venezuela que tiene más municipios»; «Las calles de la zona céntrica se encuentran en un deplorable estado».

Se escribirá con inicial mayúscula cuando se refiera al país como entidad de derecho público: «En este país la explotación del espectro radioeléctrico es un asunto privativo del Estado»; «Ante la privatización de la empresa de telecomunicaciones, el Estado se reservará el 51 por ciento de las acciones».

Sobre este tema hay mucho más; pero he mostrado los casos más sencillos, en función de que los redactores, sobre todo los diaristas, tomen conciencia de lo necesario que es evitar errores mayúsculos y minúsculos.

domingo, 29 de octubre de 2023

¡Evite errores mayúsculos y minúsculos! (1)

 


Por

David Figueroa Díaz 


28/10/2023

Siempre he dicho que muchos de los artículos publicados en este espacio de divulgación periodística surgen de sugerencias y peticiones que de manera regular recibo por diversas vías.

En el selecto grupo al que semanalmente le hago llegar mi publicación semanal, hay periodistas, educadores, locutores, publicistas, abogados, médicos, ingenieros y gente que no es profesional universitaria, pero se esmeran por escribir bien y hablar de mejor manera, aunque habrá otros a los que no les preocupe mejorar.

Esas sugerencias y esas peticiones me facilitan el trabajo de selección de los temas, me permiten evidenciar que este esfuerzo no ha sido en vano y, por supuesto, me honran. ¡Gracias por esa deferencia!

En el selecto grupo al que aludo en el párrafo anterior está la periodista venezolana Cynthia Higuera, quien en varias ocasiones me ha manifestado lo útil que le han sido los temas sobre los que ha leído desde que comenzó a ser asidua seguidora de esta publicación.

Me pidió que le reenviara un artículo escrito por mí no sé cuándo ni dónde está, relacionado con el uso y el abuso de las letras mayúsculas; pero para mí fue más fácil volver a escribir sobre ese asunto, a manera de repaso y con el deseo de disipar las dudas que hayan quedado, tanto de ella, como de los que se preocupan por mejorar cada día su expresión escrita y oral. Cynthia se preocupa, y por eso ha marcado la diferencia. ¿Quiénes más podrán decir lo mismo?

El uso de letras mayúsculas innecesarias se ha convertido en un vicio casi indesarraigable. Hay personas que a todo le colocan mayúscula, como si con eso pudieran impactar al lector. Ignoran que el exceso aja y envilece la escritura, además de que evidencia poca preocupación por hacer un buen uso del lenguaje que emplean, o desconocimiento, en el peor de los casos.

Es justo y necesario destacar que en cuanto al uso de mayúsculas hay mucha ambigüedad, sobre todo en las explicaciones que ofrece la Real Academia Española, que deberían ser simplificadas; pero hay otras que son sencillas de manejar. A ello se une el criterio de muchos autores que, quizás con la intención de facilitar la comprensión, las han condensado en grupos; pero han generado muchas confusiones. Es frecuente leer: «Los cinco, los ocho, los diez y hasta los cincuenta, usos más frecuentes de las mayúsculas».

Para esta entrega he seleccionado ejemplos tomados de algunos blogs y publicaciones que aparecen en Google, con el deseo de contribuir con la disipación de las dudas. ¡Espero que le saquen el mayor provecho; esa es la finalidad! Les aclaro que algunos los adapté a la realidad venezolana.

Se debe tener presente que no se usa letra mayúscula al comienzo de una palabra para escribir los meses del año, estaciones y días de la semana, excepto si forman parte del nombre, como Viernes Santo, barrio 23 de Enero. Los gentilicios también deben ir con inicial minúscula: rioplatense, español, acarigüeño, regiomontano, guanariteño, vegabajeño etc.

Es prudente acotar que muchas personas no saben lo que es el gentilicio, y por eso creen que se refiere a mucha gente. Gentilicio es el nombre que se le da a persona o cosa personificada, de acuerdo con su lugar de origen. En tanto que gentío es grupo, muchedumbre, multitud: «Luego de los disparos, un gentío se refugió en el salón de convenciones». ¡Téngalo claro, y no se le ocurra decir gentido, porque la puede pasar muy mal!

Los nombres de entidades o de organismos cuando se usan de forma genérica, van con inicial minúscula; pero con mayúscula cuando se menciona el nombre propio: «La prueba de acceso a la universidad, es un requisito sine cua non»; «La Universidad Central de Venezuela es la máxima casa de estudios de ese país».

Los puntos cardinales cuando se usan para indicar la orientación o la dirección de un sitio: «Los países del norte de Europa»; pero deberá escribirse: «Corea del Norte», Corea del Sur», «Norte de Santander», etc.

Estas son las formas que considero más sencillas, y por tal razón creo que no habrá complicaciones para asimilarlas, aunque el venidero sábado le daré continuación al tema, no sin antes repasar la entrega anterior. Espero que con esta primera entrega de esta serie, que no sé cuántas serán, pueda haber mayor claridad en cuanto al uso de mayúsculas y minúsculas.


domingo, 22 de octubre de 2023

¡Descubrimiento por siempre!

 

Por:

David Figueroa Díaz  


14/10/2023

Hay acontecimientos históricos, geográficos y de otras naturalezas, de los que, por mucho que pasen los años, nunca dejará de hablarse. Ha habido y habrá polémicas per saecula saeculorum, pues cada quien tratará de imponer su criterio, y eso no es cuestionable.

Lo inquietante y que hasta pudiera ser detestable, es que muchas de esas controversias obedecen más a caprichos, que a hechos comprobables e irrefutables.

Los más sobresalientes, en mi opinión, son el arribo de Cristóbal Colón a costas americanas y la llegada del hombre a la Luna.

Los antiyankis aseguran que la célebre foto que se convirtió en el ícono de ese hecho histórico, fue tomada en un estudio fotográfico de Hollywood. Lo cierto es que de eso, que sepa yo, no se ha mostrado un argumento sólido que desvirtúe lo que hasta ahora ha sido el hecho, lo digo una vez más, uno de los más sobresalientes del siglo veinte.

Ha habido otros que han generado y aún generan polémicas, menos publicitados, como la muerte de Manfred von Richthofen, célebre piloto de la Primera Guerra Mundial, más conocido como el Barón Rojo. Unos aseguran que un piloto inexperto, que ni siquiera estaba autorizado para volar, mediante una sorprendente maniobra, desapareció de la vista del Barón, y segundos después ametralló la nave de este, luego de lo cual, se precipitó a tierra.

Otros sostienen que fue derribado desde tierra. Sobre esto último, el canal de televisión estadounidense History Chanel ha proyectado una especie de dramatización mediante adelantos tecnológicos, del momento en que supuestamente fue baleado desde tierra el avión Fokker Dr.I.

Otro acontecimiento que ha generado controversias es la muerte de John F. Kennedy. La historia oficial señala como autor material a Lee Harvey Oswald; pero hay quienes lo niegan, además de que cuestionan algunos detalles sobre ese hecho que conmovió al mundo.

Pero lo que en mi opinión es una polémica que con el transcurrir de los años pareciera avivarse, es sin dudas lo que ocurrió el 12 de octubre de 1492, lo cual ha dado pie varios cambios de nombre, escogidos a la conveniencia de quienes ostenten el poder.

Desde mi época de estudiante de primaria e incluso de secundaria, se hablaba de Día de la Raza. Luego se le llamó Encuentro de dos Mundos. Ahora, en Venezuela y quizás en otras naciones de gobierno socialista, se le llama Día de la Resistencia Indígena, lo cual no tiene nada de cuestionable.

Lo que sí es debatible y que ha sido el detonante de las controversias, es que muchas personas, por desconocimiento, por chauvinismo u otra causa, se han empeñado en negar que hubo descubrimiento. Para defender su tesis, se basan en que para el momento de la llegada de Colón, ya esta realidad geográfica hoy llamada América, existía.

Ese es un argumento muy simplón, pues la condición sine qua non para que algo sea descubierto, es que exista, pues de lo contrario es imposible. Cuando se dice, por ejemplo, que la Policía descubrió a los autores del hecho, sin dudas que los autores debieron existir.

El mismo criterio se aplica para otros casos, como los que se dedican a explorar las capacidades y habilidades (cazatalentos) de los seres humanos, como músicos, cantantes, atletas e intelectuales, entre otros. Si en esos músicos, cantantes, atletas e intelectuales no existiera talento, jamás podrían ser descubiertos, por la sencilla razón de que solo se descubre lo que existe. ¡No hay otra manera!

Los detractores del descubrimiento dicen que no podrá llamársele de esa manera, porque hubo muertes y desolación, lo cual es cierto; pero no es suficiente para negar que lo ocurrido el 12 de octubre de 1492, fue un descubrimiento. No soy historiador ni pretendo serlo; pero las muertes y la desolación creo que no llegaron con el descubrimiento, sino con la Conquista, que es un proceso histórico muy diferente.

Podrán colocarle el nombre que mejor les parezca; pero el asunto no es un cambio de nombre, sino un acontecimiento histórico que, para bien o para mal, desde el punto de vista del hecho en sí, fue un descubrimiento doble además, pues por un lado los forasteros descubrieron a los nativos, y estos a los forasteros. ¡Ah, que a usted y a mí nos cause indignación el ultraje, la humillación y la matanza de seres inocentes, eso es otra cosa!

No tengo temor de que alguien, con intenciones de darme lecciones de historia y de nacionalismo, me diga que no hubo descubrimiento y me tilde de apátrida, como se escucha hoy día. Una cosa es cuestionarlo y otra es demostrarlo. Eso de que no nos descubrieron porque ya existíamos, es un argumento muy pobre ¡No se les olvide!


martes, 10 de octubre de 2023

Por:

David Figueroa Díaz 

10/07/2023

En el artículo de la semana pasada me referí al vicio en el que se ha convertido la supresión de la preposición «A», en casos en los que está precedida por el verbo hacer en infinitivo, como por ejemplo, «vamos a hacer una cosa» ; «qué vamos a hacer», ya muchos lectores, entre ellos el profesor José Vásquez Manzano, les agradó el enfoque que le di al tema. Siempre trato de que los lectores saquen el mayor provecho de este aporte semanal. De lo contrario no tendría sentido.

Con el profesor Vásquez Manzano, lo he dicho en reiteradas ocasiones, suelo intercambiar opiniones acerca de las impropiedades gramaticales y lingüísticas más comunes en los medios de comunicación social y en el habla cotidiana. Sus inquietudes en ese aspecto han sido plasmadas muchas veces en este trabajo de divulgación periodística, lo cual agradezco, pues me ha facilitado la terea de seleccionar los temas por publicar.

Les dije además, que la causa de la mayoría de los despropósitos, según la opinión de muchos expertos, tiene su origen en el mal manejo de las preposiciones. Por eso, a manera de refrescamiento, les di una breve definición y una enumeración de las más usadas. Cité el caso del «vaso de agua», expresión que muchos no se atreven a usar, por temor a que algún sabidillo del idioma español, que los hay por montones, con inusitado regocijo y «autoridad», les diga que es incorrecto, pues los vasos no están construidos de agua. ¡Muy pobre, ese argumento!

Para seguir en la misma onda de la semana pasada, les mostraré varios ejemplos del uso de la preposición «DE», algunos tomados de una publicación en Google y otros adaptados por quien esto escribe, con el deseo de que, quien sepa, repase; y quien no sepa, aprende. Esa es la finalidad de estos temas, que comenzaron a publicar el 12 de noviembre de 1994. O sea, en este año se cumplirán veintinueve.

La preposición mencionada puede indicar muchas cosas, que conviene manejar con relativa facilidad, en función de llamar las cosas por su nombre.

Se usa para señalar posesión, propiedad o parentesco: «Este es el libro de Marta»; «Esa canción es de Marcela Gándara»; «Ese es el hermano de Lucía». Indica el material con el que están construidas las cosas: «Ayer comimos en platos de peltre»; «anillos de oro; «cadenas de plata», «vasos de cartón», sillas de plástico. Contenido: «Una copa de vino y una paella». Temas: «un libro de inglés», «una guía de términos médicos». Momento o un punto de origen en el tiempo: «Yo trabajo de lunes a viernes». Horario: «de 3.00 a 5.00». Punto de origen o procedencia en el espacio: «Ese avión viene de Madrid». Modo: «Hoy estás de mal humor, ¿verdad?»

La preposición «DE» también se usa para referir el uso de algunos objetos: «máquina de coser», «máquina de escribir», «aguja de bordar». Se debe tener presente que cuando se une con el artículo determinado «EL, se contrae en una sola palabra: «DEL». Podrá utilizarse para describir o identificar: «La chica del pelo largo y de la chaqueta azul» o: «La de la mochila azul», en alusión a una canción que popularizó el cantante mexicano Pedrito Fernández.

Del uso de esa proposición para indicar contenido, es de donde surge la polémica por la que el bendito vaso de agua, expresión que a muchos les parece incorrecta, y sin más ni más se atreven a corregir a los ellos consideran que están equivocados. Sin darte cuenta de que los equivocados son otros.

Cuando se dice un plato de sopa, una copa de champán, una taza de café, y por supuesto, un vaso de agua, no se alude al material con que están construidos los recipientes, sino a lo que cabe en ellos. De modo pues que, no existir deberán dudas ni temor de pedir un vaso de agua, que es una expresión válida, consistente en la cantidad exacta de agua que cabe en un vaso. ¿Así o más claro?

Con esa sencilla explicación, sobre todo la del vaso, usted podrá repeler el ataque de aquellos que solo se aprendió uno o dos usos de la preposición «DE», y por eso se creen con el derecho de corregir a los equivocados. No tienen argumentos sólidos, por lo que siempre sacan la peor parte cuando de lenguaje se trata. ¡Ese es el riesgo de hablar de lo que no se sabe!


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