Por
David Figueroa Díaz
29/11/2025
En las entregas anteriores, como en esta, he sintetizado casos sin complicaciones gramaticales, con la finalidad y el deseo de que este material contribuya a que muchas personas puedan deshacerse de las dudas y adquirir solución en la escritura y en la expresión oral.
No sé cuántos artículos contendrán esta serie; pero estoy seguro de que serán de gran utilidad para que pueda haber una mejora sustancial en esas personas que se interesan por aprender cada día más y que su ocupación habitual les impone escribir y hablar de manera frecuente, sobre todo periodistas, locutores, educadores y otros profesionales.
De lo que también estoy convencido, es de que es un muestrario de las situaciones que más generan dudas que conducen a equívocos; no obstante, si se les presta la debida atención, el riesgo será menor y, el beneficio, mayor.
Aún y aun
Aunque suenen igual, ambos vocabularios tienen funciones diferentes, y de ahí la importancia de saber usarlos, para no incurrir en despropósitos.
Aún (con tilde), significa todavía: «Aún es tiempo de recapacitar»; «El dinero no nos ha llegado aún»; «Aún puedes intentarlo».
No llevará el signo gráfico cuando signifique hasta, también, inclusive (o incluso con negación): «Aun (inclusive, hasta) los más ingenuos lo saben»; «Aún los sordos han de oírme»; «No hizo nada por él ni aun (ni siquiera) lo intentó».
Cabe recordar que en cuanto a aun (sin tilde) hay una norma para la pronunciación (monosílaba o bisílaba), de la que por ahora no voy a ahondar, pues mi interés es que se entienda que solo cuando es sinónimo de todavía, llevará tilde.
Mas y más
Algo sucede parecido con estas palabras: algunas personas le colocan la tilde cuando no debe llevarla, y la omiten cuando sí es necesaria. Ante esto, es prudente acotar que se le colocará cuando sea adverbio de cantidad o comparativo: «Hubo más personas que ayer»; «El precio del dólar cada día está más elevado»; «Quiero más azúcar»; «Las selecciones de Centroamérica son las más débiles que participarán en el Mundial de Fútbol de 2026».
No lleva tilde cuando sustituye a pero: «Me gustaría viajar; mas no tengo dinero»; «Muchos estaban contentos; más yo no tuve de acuerdo con el resultado».
Armamento, maquinaria, vialidad.
En el periodismo venezolano, especialmente en las áreas de comunidad y sucesos, muy pocas son las veces en que estos términos son bien utilizados, y ello ocurre porque la mayoría de los redactores, editores y reporteros no han entendido que las tres son colectivas, es decir, aluden a plural.
En sucesos, por ejemplo, es frecuente leer u oír que «los funcionarios, tras la captura del ciudadano, al requisarlo, le fue incautado un armamento», por decir, un arma. ¡Claro que sí es posible incautar un armamento; pero que este haya estado oculto en la ropa que llevaba puesta, es un tanto difícil, a menos que ese individuo se haya disfrazado de Rambo! ¡Un arma, y ya está, pues un armamento es un grupo de armas!
Con maquinaria ocurre algo similar, y por eso, algunos han escrito que «con el uso de una maquinaria fueron retirados los escombros que habían obstruido el paso vehicular». Es posible que hayan usado una maquinaria para tales efectos, con el entendido de que fueron varias máquinas: retroexcavadora, excavadora, pala cargadora frontal (pailoader), motoniveladora (patrol), mototradilla, etc. Pero si se usó una sola, es eso: una máquina, no una maquinaria.
Y cuando de vialidad se trata, la situación de las anteriores se repite. Estaría perfecto que un redactor o reportero escriba o describa que «los gobiernos estadales de Portuguesa y Cojedes están reacondicionando la vialidad Acarigua – San Carlos», siempre que implica la reparación de los tramos viales secundarios entre ambas localidades; pero si ese no es el caso, entonces será: «…la vía Acarigua-San Carlos», que pudiera ser la autopista (autovía) o la antigua carretera vieja, conocida también como Troncal 005.
Nada de lo mencionado está ocurriendo, y solo lo he citado como ejemplo para tratar de que los redactores, editores y reporteros, sobre todo los que estén conscientes de que nunca se termina de aprender, se persuadan de la importancia de escribir y hablar bien, sin pecar de sabelotodo.
Lo de más y más me lo sugirió el profesor José Vásquez Manzano, a quien estimo como uno de los pocos educadores que manejan con gran facilidad el lenguaje que emplean; en tanto que armamento, maquinaria y vialidad, fue una inquietud de Héctor González Burgos, excompañero de estudios en la siempre recordada Universidad Católica Cecilio Acosta. Es un preocupado por el buen decir, lo que le ha permitido distinguirse como comunicador social de primera.

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