Médico de Cabecera y Santo Sanador

Médico de Cabecera y Santo Sanador
ES DURO, PERO TU PUEDES...QUITA LA PANDEMIA

sábado, 27 de diciembre de 2025

Muestrario de los errores más frecuentes (y 7)

 

 

Con esta entrega culmina la serie de artículos dedicados a los que considero los errores en los que incurren muchas personas que escriben con regularidad y usan la expresión oral en medios de difusión. Esta recopilación, de ningún modo implica que sean los únicos, pues existe una larga lista; pero son estos los que más dudas y equívocos generan, en mi opinión, que es compartida con otros a los que les apasiona el tema gramatical y lingüístico.

Han sido de gran ayuda los aportes de inquietudes de muchas personas que se han interesado en el tema y que están convencidas de que siempre hay algo que aprender. Esa debe ser la actitud de todo el que desee deshacerse de esos vicios que impiden escribir bien y hablar de mejor manera. ¡Esa es la finalidad y mi intención de lo que escribo en este espacio!

Antes de entrar en materia, les expreso mi gratitud a todas esas personas que de manera regular siguen este trabajo de divulgación periodística, y también a los que ocasionalmente han podido aprovechar esta ventana para disipar dudas.

En este último sábado de diciembre del presente año, aprovecho la ocasión para desear que 2026 esté lleno de alegría y logros; de oportunidades y sobre todo de voluntad para alcanzar las metas; paz para disfrutar cada momento, con Dios siempre presente.

Nobel

Sobre esta palabra han surgido dudas y polémicas en cuanto a su pronunciación, y por eso la he incluido en este compendio, en aras de poder contribuir para que haya claridad. Lo primero que debe tomarse en cuenta es que, es un vocablo agudo, y por tal razón su acento está en la última sílaba. No se le coloca la tilde porque no termina en vocal ni en consonante «n» o «s». En este punto es necesario recalcar que entre acento y tilde hay una sutil diferencia que conviene conocer, para evitar incorrecciones. El acento se refiere a la entonación de la palabra, en la que siempre habrá, excluidos los monosílabos, una partícula que se pronuncia con mayor énfasis, llamada sílaba tónica; en tanto que tilde es el signo que se usa para marcar esa diferencia en el tono. La sílaba tónica de Nobel (que de colocársele la tilde sería Nobél), está al final; pero no se le coloca por las razones que he mencionado en este párrafo.

Novel

Para este término se aplica el mismo criterio anterior (novél); solo que, mientras el primero se refiere a los premios y a su creador, este significa «principiante», «novato», con «poca experiencia». Ahora bien, la fuerza de la costumbre ha conducido a que a ambos vocablos se los pronuncie con entonación aguda, pues son y han sido muy raras las ocasiones en las que alguien las haya usado de forma correcta, aun en altas esferas del saber, que es lo más curioso.

Porqué, porque, por qué, por que

Porqué (con tilde y junto) es un sustantivo que se usa para expresar motivo o razón: «No entiendo el porqué de tanto drama». Porque (sin tilde y junto), se usa para explicación o causa: «Es famoso porque tiene talento». Por qué (separado y con tilde), se usa para preguntar: «Por qué no viniste». En este caso la forma para la respuesta a esa pregunta es porque… Por que (separado y sin tilde), es la unión de por más que: Lucha por que sus sueños se hagan realidad». En muchos casos puede sustituirse por «por el cual» o «por la cual». El contexto y el sentido común determinarán cuál usar.

¿Vídeo o video?

En este caso también han surgido polémicas, que considero innecesarias, pues solo basta con saber que «es una palabra de doble acentuación: prosódica y gráfica. En España utilizan esa palabra como esdrújula: «vídeo»; mientras que en América es llana (grave) y no lleva tilde: «video». De modo pues que, podrá usarse en razón de gusto. Yo prefiero la que más se usa por estos lares.

Algo más: los que generan esas polémicas, son personas a las se las conoce como las sabelotodo, que les encanta hablar de lo que no tienen ni siquiera la mínima noción. ¡Nos rencontraremos el venidero sábado!




sábado, 20 de diciembre de 2025

Muestrario de los errores más frecuentes (6)

Por

David Figueroa Díaz 


20/12/2025

Con material tomado de las redes sociales y con algunos aportes de asiduos seguidores de este trabajo de divulgación periodística, he recopilado las que, en mi opinión, son las impropiedades en las que más incurren muchas personas que escriben frecuentemente para el público. El inmenso poder inductivo de los medios de comunicación ha hecho que esas situaciones se hayan tornado en vicios casi indesarraigables.

Algunas personas han tomado en cuenta la importancia de escribir bien y hablar de mejor manera; pero hay otras que lamentablemente no lo han hecho, pues para ellas lo importante es que se entienda lo que expresan. Lo malo de todo esto es que muchos, por su rol que desempeñan ante la sociedad en la que se desenvuelven, deben ser ejemplos del buen decir; no obstante lo cual, se conforman con lo que sean entendidos, sin importar los disparates que empleen, por vía escrita u oral; les da igual.

Siempre he dicho que hay un creciente interés por aclarar dudas y adquirir soltura en esto de escribir bien y hablar de la mejor manera, sin pretensiones de eruditos; pero también subsisten focos en los que están aquellos a los que lo único que les importa es escribir o expresarse de cualquier manera, entre los que hay periodistas, locutores, publicistas, influencers, educadores y otros profesionales.

Existen casos de locutores, muchos de los cuales se jactan de que su certificado se lo otorgó la UCV, con graves defectos de pronunciación; periodistas y educadores cuya redacción ronda la pobreza crítica; pero como a ellos (ya ellas también) solo los alienta el deseo de ser entendidos, dirán que eso de escribir bien y expresarse de mejor manera, en esta era moderna no es necesario. ¡Válgame de Dios! Para aquellos que han ponderado la importancia de hacerlo bien, con mucho cariño y respeto es este trabajo de divulgación periodística.

Las patas de gato

Cuando alguien pretende involucrase en algo que no es de su incumbencia o, que en el peor de los casos correría un gran riesgo, es frecuente que alguien le sugiera: «no les busques las cinco patas al gato», lo cual es un error, y ya verán por qué. Primero, no es al gato, sino a la palabra gato. Se habla de tres, cuatro, cinco, seis y hasta siete patas, porque creen que esa expresión alude al animal como tal.

Resulta que antiguamente, a las sílabas de los vocablos se les llamaba pie o pata. Entonces, como la palabra gato tiene solo dos sílabas (es decir, dos patas), no hay para buscarle más. De modo tal que, no le busque las tres patas a gato. Esto de las patas a gato lo aprendí de mi amigo Manuel Castillo Rivero, quien aparte de fútbol, ​​maneja con facilidad el lenguaje que emplea.

Escapulario ajeno

Hay quienes, con la pretensión de mostrar su «gran nivel de preparación» y su «elocuente prosa», les cambian la composición a algunas frases. Una de esas es la que alude a las personas que tienen la mala y aborrecible costumbre de arrogarse el producto del esfuerzo de otros.

Por eso existe la expresión «ganar indulgencia con escapulario ajeno», que es la forma que se conoce desde siempre, cuyo origen lo desconozco.

En la dinámica actual se lee o se oye: «Hacer gracia con escapulario ajeno», lo cual no compagina con la original. ¡No tiene sentido hacer gracia con escapulario ajeno; es ganar indulgencia!

¿Al final o a la final?

Los cazadores de gazapos siempre están a la espera de que alguien incurra en un despropósito, para que ellos, con la «gran sabiduría» que los caracteriza, le observen que no se dice así, sino así. Eso de andar corrigiendo a los demás sin argumentos, tiene sus riesgos, los cuales yo no corro. Cuando no sé algo, lo admito y ya.

En el caso de al final ya la final, debe saberse que hay unos aspectos que han de tomarse en cuenta, para no pasar de corrector a corregido. La frase al final es sinónimo de «finalmente» o «a fin de cuentas». Es la más recomendada; pero también existe a la final, que es una variante usada muy frecuentemente en Colombia, Venezuela y Ecuador. Con esa masificación del uso, aunque sea en el ámbito coloquial e informal de esos países, no hay razón para cuestionarla. Además, para indicar la instancia final de un evento, es la adecuada: «El equipo no pudo llegar a la final.

No y nos

Un vicio que también es frecuente encontrar en las redes sociales, es la confusión del adverbio de negación no y el pronombre nos. Por esa razón, a mi amigo Jesús Silva Hernández, otro apasionado por el buen decir, le provocó «estragos» una frase que apareció en una red social, en la que debía ir nos y apareció no, lo cual desvirtuó la intención original: «…el béisbol no los quitaron


domingo, 14 de diciembre de 2025

Muestrario de los errores más frecuentes (5)

 Por David Figueroa Díaz- 13/12/2025 


Antes de darle continuación a esta serie dedicada a los errores más frecuentes, tanto en redes sociales como en la habla cotidiana, debo agradecer los comentarios elogiosos de parte de algunas personas que se han autocalificado como asiduas seguidoras de este trabajo de divulgación periodística, y que a su vez lo han adoptado como una guía práctica de consulta.

Ese gesto me honra, me satisface y me demuestra que, como siempre lo repito, el esfuerzo no ha sido en vano.

Este muestrario es, en esencia, la agrupación de varias situaciones que él mostró por separado en muchas ocasiones; pero ahorita existe la facilidad de tenerlas en una sola entrega. No tienen orden alfabético; pero si alguien pudiera agruparlas, le sería más fácil de usar como manual de consulta.

Para este propósito seleccionó los casos que, a mi juicio, son los más comunes. Además, he recibido aportes de lectores, con lo cual se ha enriquecido la gama, y ​​el provecho ha sido mayor, pues han sido disipadas muchas dudas entre quienes escriben y se expresan de forma oral regularmente.

¡Esa es la intención, dado que a los que les apasiona el tema y leen con regularidad, deben entender y admitir que nunca se termina de aprender!

¡El bendito vaso de agua!

No llevo la cuenta de las veces que he escrito, y de los otros que han hecho lo propio sobre este tema, con lo que no habría dudas; pero todavía existen los que sostienen que esa frase es incorrecta, toda vez que los vasos no están hechos de agua.

Es el único argumento que tienen, lo cual deja en evidencia que no saben de lo que hablan, y que su intención es llevarle la contraria a los que sí están claros. Ignoran que en ese caso la preposición de no alude al material en el que está construido el vaso, sino a su contenido, lo cual permite inferir que un vaso de agua es la cantidad exacta de agua que cabe en un vaso, aun cuando los sabidillos del idioma lo consideran incorrecto, y por eso, según ellos, debe ser «un vaso con agua».

Pero ocurre que un vaso con agua puede ser desde una gota hasta que el vaso esté lleno, lo cual es impreciso; mientras que un vaso de agua es la cantidad del líquido preciado que cabe en un vaso, es decir, una medida. No hay entonces razón para eximirse de decir un vaso de agua, pues es una forma correcta.

Valla, vaya, baya

Estos tres vocablos son homófonos, es decir, tienen el mismo sonido, pero no así el significado ni la forma de escribirlos.

El primero es cerca (de cercado), estaca, barda, obstáculo, etc. El segundo es una forma imperativa del verbo ir, y el tercero es una fruta. No creo que haya problemas para distinguir una de otra.

Estabanos, ibanos, veníanos

Esas tres palabras, utilizadas por muchas personas, incluidos profesionales universitarios, son las formas incorrectas de estábamos, íbamos y veníamos, correspondientes a las formas infinitivas estar, ir y venir.

El mal uso deriva de la confusión con el pronombre nos con las conjugaciones del pretérito imperfecto de indicativo de la primera persona del plural (nosotros/as); pero si usted no quiere complicaciones gramaticales, tenga presente que es mos y no nos: almorzábamos, abrazábamos, bailábamos, buscábamos, buceábamos, cantábamos, cazábamos, desarrollábamos, nos dirigíamos, estudiábamos, estacionábamos, etc.

Si alguien que se precie de periodista, locutor, publicista, educador, además de que alardea de ser buen lector; pero dice estudiabanos en vez de estudiábamos, sería interesante saber cómo hizo para graduarse y dónde estudió, aunque eso (saberlo) no sería muy difícil.

La cantidad de los casos mostrados no obedece a ninguna orden, pues hay en los que la explicación es breve; pero hay otros en los que ha sido necesario emplear más palabras con ejemplos claros y sencillos, en función de aclarar dudas, que es la finalidad de este trabajo de divulgación periodística.

En la venidera entrega mostraré inquietudes aportadas por mi amigo Jesús Silva Hernández, quien es un asiduo seguidor y lector de este aporte semanal, además de que maneja con relativa facilidad el lenguaje que emplea.

Las entregas anteriores han servido para disipar muchas dudas y permitir que una cantidad considerable de usuarios del lenguaje escrito y oral hayan adquirido soltura. ¡Aún queda material por publicar!

sábado, 13 de diciembre de 2025

Muestrario de los errores más frecuentes (4)



 

Antes de darle cabida a la cuarta entrega de esta selección de las que en mi opinión son las impropiedades lingüísticas que más aparecen en los medios de comunicación social y que se han arraigado en el habla cotidiana, acuso recibo de una observación que me hizo el cineasta, periodista y excompañero de estudios en la siempre recordada Universidad Católica Cecilio Acosta de Maracaibo, Luis Rahamut, con relación al artículo 3 de este muestrario.

Algunos que no me conocen y menos aun leen mis artículos, han dicho que no acepto equivocaciones, lo cual no es cierto, pues siempre que incurro en despropósitos, los admito sin ningún complejo. Ahora, lo que no acepto son las necedades de algunas personas que, sin el debido conocimiento, pretenden dictar cátedra sobre lo que no saben, especialmente en el lenguaje escrito y el oral. ¿Notaron la diferencia? ¡Gracias!

El ojo avizor de Luis captó el desliz que tuve al mostrar los ejemplos sobre el uso inadecuado de más mas. Sin ánimos de justificar la pifia, debo decir que al escribir los casos en los que el referido vocablo no lleva tilde, creí haberlo hecho bien; pero el procesador de palabras de mi computadora (ordenador) me jugó una mala pasada, como muy a menudo les ocurre a muchas personas, incluidas algunas que son poseedoras de un sobresaliente nivel de instrucción; pero por no revisar bien lo que publican, de cuando en cuando se les cuelan algunos gazapos. El error fue doble, dado que creí haber escrito estuve; pero apareció tuve. ¡Pido disculpas!

Entonces, con los mismos ejemplos del pasado sábado, una vez más les recalco que se escribe más (con tilde) cuando es adverbio de cantidad o comparativo: «Hubo más personas que ayer»; «El precio del dólar cada día está más elevado»; «Quiero más azúcar»; «Las selecciones de Centroamérica son las más débiles que participarán en el Mundial de Fútbol de 2026».

No la lleva cuando sustituye a pero: «Me gustaría viajar; mas no tengo dinero»; «Todos estaban contentos con el resultado; mas yo no estuve de acuerdo».

Ay, ahí, hay

Muchos son los redactores que no tienen claro el uso de esas tres palabras, por lo que no está demás decirles que ayes una interjección que se emplea para expresar dolor, sorpresa u otra emoción derivada de algo que ocurre de manera intempestiva: «¡Ay, qué vergüenza!»; «¡Ay, papá, la cosa se está poniendo buena!»; «¡Ay, amor, no esperaba menos de ti!».

Ahí es un adverbio de lugar físico o abstracto: «Ahí está ubicado el rectorado de nuestra Alma Mater»; «Ahí se consiguen precios más bajos!»; «Ahí está el detalle»; «Ahí en ese caso deberás actuar con mucha prudencia».

Haya, allá, aya

Las mismas dudas y confusiones ocurren con estos vocablos, que algunos creen que por su parecido fonético podrán usarse indistintamente.

La primera, sin complicaciones gramaticales, es una conjugación del verbo haber: «Siempre que haya (no haiga) la disponibilidad podremos ayudarte»; «Mientras haya disturbios, las actividades comerciales estarán reducidas al mínimo».

La segunda es un adverbio demostrativo de lugar: «Allá la cosa está buena»; «De allá para acá me detuve en la Encrucijada»; «Si Dios quiere, por allá nos veremos».

Aya, aparte de que es una fruta que no conozco, se refiere a la «mujer encargada de custodiar niños y cuidar de su crianza», aunque ese trabajo también puede realizarlo alguien de sexo masculino, y en ese caso se le llamaría ayo.

Con tilde o sin ella

La regla general de acentuación establece que a los monosílabos no se les coloca tilde; pero exceptúa de ella a los que cumple más de una función dentro de la oración: él/el, tú/tu, té/te, sí/si, mí/mi, sé/se, dé/de, más/mas.

Entre los que no llevan el signo gráfico están: mes, bien, sol, ve, ya, son, fe, fue, vio, dio, guion.

Vez y ves

Es indispensable que esas personas a las que les gusta escribir en medios digitales y en redes sociales de manera muy frecuente, y otras que lo hacen de manera esporádica, sepan que vez y ves son homófonas (suenan igual); pero no significan lo mismo. Vez es sinónimo de momento u ocasión: «Me comprometo en que esta vez no fallaré»; «La primera vez que fui a Caracas…».

Ves es del verbo ver: «¿Qué me ves?»; «Si me ves que estoy llorando…».

domingo, 30 de noviembre de 2025

Muestrario de los errores más frecuentes (3)

 

Por

David Figueroa Díaz 


29/11/2025

En las entregas anteriores, como en esta, he sintetizado casos sin complicaciones gramaticales, con la finalidad y el deseo de que este material contribuya a que muchas personas puedan deshacerse de las dudas y adquirir solución en la escritura y en la expresión oral.

No sé cuántos artículos contendrán esta serie; pero estoy seguro de que serán de gran utilidad para que pueda haber una mejora sustancial en esas personas que se interesan por aprender cada día más y que su ocupación habitual les impone escribir y hablar de manera frecuente, sobre todo periodistas, locutores, educadores y otros profesionales.

De lo que también estoy convencido, es de que es un muestrario de las situaciones que más generan dudas que conducen a equívocos; no obstante, si se les presta la debida atención, el riesgo será menor y, el beneficio, mayor.

Aún y aun

Aunque suenen igual, ambos vocabularios tienen funciones diferentes, y de ahí la importancia de saber usarlos, para no incurrir en despropósitos.

Aún (con tilde), significa todavía: «Aún es tiempo de recapacitar»; «El dinero no nos ha llegado aún»; «Aún puedes intentarlo».

No llevará el signo gráfico cuando signifique hasta, también, inclusive (o incluso con negación): «Aun (inclusive, hasta) los más ingenuos lo saben»; «Aún los sordos han de oírme»; «No hizo nada por él ni aun (ni siquiera) lo intentó».

Cabe recordar que en cuanto a aun (sin tilde) hay una norma para la pronunciación (monosílaba o bisílaba), de la que por ahora no voy a ahondar, pues mi interés es que se entienda que solo cuando es sinónimo de todavía, llevará tilde.

Mas y más

Algo sucede parecido con estas palabras: algunas personas le colocan la tilde cuando no debe llevarla, y la omiten cuando sí es necesaria. Ante esto, es prudente acotar que se le colocará cuando sea adverbio de cantidad o comparativo: «Hubo más personas que ayer»; «El precio del dólar cada día está más elevado»; «Quiero más azúcar»; «Las selecciones de Centroamérica son las más débiles que participarán en el Mundial de Fútbol de 2026».

No lleva tilde cuando sustituye a pero: «Me gustaría viajar; mas no tengo dinero»; «Muchos estaban contentos; más yo no tuve de acuerdo con el resultado».

Armamento, maquinaria, vialidad.

En el periodismo venezolano, especialmente en las áreas de comunidad y sucesos, muy pocas son las veces en que estos términos son bien utilizados, y ello ocurre porque la mayoría de los redactores, editores y reporteros no han entendido que las tres son colectivas, es decir, aluden a plural.

En sucesos, por ejemplo, es frecuente leer u oír que «los funcionarios, tras la captura del ciudadano, al requisarlo, le fue incautado un armamento», por decir, un arma. ¡Claro que sí es posible incautar un armamento; pero que este haya estado oculto en la ropa que llevaba puesta, es un tanto difícil, a menos que ese individuo se haya disfrazado de Rambo! ¡Un arma, y ​​ya está, pues un armamento es un grupo de armas!

Con maquinaria ocurre algo similar, y por eso, algunos han escrito que «con el uso de una maquinaria fueron retirados los escombros que habían obstruido el paso vehicular». Es posible que hayan usado una maquinaria para tales efectos, con el entendido de que fueron varias máquinas: retroexcavadora, excavadora, pala cargadora frontal (pailoader), motoniveladora (patrol), mototradilla, etc. Pero si se usó una sola, es eso: una máquina, no una maquinaria.

Y cuando de vialidad se trata, la situación de las anteriores se repite. Estaría perfecto que un redactor o reportero escriba o describa que «los gobiernos estadales de Portuguesa y Cojedes están reacondicionando la vialidad Acarigua – San Carlos», siempre que implica la reparación de los tramos viales secundarios entre ambas localidades; pero si ese no es el caso, entonces será: «…la vía Acarigua-San Carlos», que pudiera ser la autopista (autovía) o la antigua carretera vieja, conocida también como Troncal 005.

Nada de lo mencionado está ocurriendo, y solo lo he citado como ejemplo para tratar de que los redactores, editores y reporteros, sobre todo los que estén conscientes de que nunca se termina de aprender, se persuadan de la importancia de escribir y hablar bien, sin pecar de sabelotodo.

Lo de más y más me lo sugirió el profesor José Vásquez Manzano, a quien estimo como uno de los pocos educadores que manejan con gran facilidad el lenguaje que emplean; en tanto que armamento, maquinaria y vialidad, fue una inquietud de Héctor González Burgos, excompañero de estudios en la siempre recordada Universidad Católica Cecilio Acosta. Es un preocupado por el buen decir, lo que le ha permitido distinguirse como comunicador social de primera.

sábado, 22 de noviembre de 2025

Muestrario de los errores más frecuentes (2)

Por

David Figueroa Díaz 


22/11/2025

Con ejemplos claros, sencillos y con una explicación fácil de similar, la semana pasada comenzó a publicar una serie de artículos con un compendio de las que, en mi opinión, son las que más aparecen a diario en los medios de comunicación y en el habla cotidiana.

No sé cuántas publicaciones habrá en lo sucesivo; pero estoy seguro de que será un aporte con el que, el que se lo proponga, podrá aclarar dudas y mejorar su escritura y su forma de hablar. El primer artículo de esta serie ha recibido comentarios elogiosos, lo cual me agrada, me honra y me demuestra que son la confirmación de que el cometido se ha cumplido. ¡Gracias!

Antes de entrar en materia quiero aclarar que talud y alud no son lo mismo; no obstante, muchos reporteros y reporteras de canales de televisión de Venezuela no lo tienen claro.

El día martes 18 de la semana que hoy termina, al describir un suceso en el estado Mérida, una reportera dijo, palabras más, palabras menos, que el «talud» había arrasado unos inmuebles y otros elementos. Sin dudas quiso decir alud, que es el término que debía usar.

Entonces es prudente acotar que talud es «la inclinación de un muro o terreno que se usa para crear superficies planas en terrenos con pendientes». Es, básicamente, una contención; en tanto que alud es, entre otras definiciones, «masa grande de una materia que se desprende por una vertiente», lo cual da pie para afirmar que podrá haber aludes de tierra, nieve, lava u otro material. ¿Vieron la diferencia?

Va ser, va hacer, va ver, va haber

Una impropiedad y mala costumbre que está de moda, es la omisión de la preposición a, lo cual ha abierto el camino para que muchas personas incurran en el uso inadecuado de frases que son producto de descuido o simplemente de falta de conocimiento; pero sea cual sea el motivo, es evidencia de un lenguaje con un nivel muy bajo, inconcebible en personas a las que se las estima como poseedoras de una excelente expresión escrita y oral; pero no es así, lamentablemente.

Entonces, las formas correctas son: va a ser (será), va a hacer (hara), va a ver (verá), va a haber (habrá).

En cuanto a los usos de la preposición mencionada, estos aparecen en manuales físicos de ortografía elemental, pueden encontrarse en Google o, si se prefiere, podrán consultar las publicaciones de la RAE, Fundéu, G. Martí Vivaldi o Sandro Cohen. ¡Usted escoge!

Sino y si no

La primera palabra (sino) es una conjunción adversativa, usada para contrastar dos ideas, de las que una niega y la otra afirma: «No vino a la fiesta, sino que se quedó en casa»; «No es marisco, sino molusco».

Cuando funge de sustantivo se refiere a destino o fatalidad: «Ese será nuestro sino».

En lo que respeta a «si no», vale recalcar que es una estructura usada para expresar una condición con negación, idéntica a «en caso de que no»: «Vendremos si no llueve»; «Si no me lo dices, no lo sabré».

Interrogación y admiración

He visto casos de personas que es posible que piensen que el signo de interrogación y el de exclamaciónsonmeros adornos de la escritura, y por ende podrán usarse o no.

El vicio más común no es usarlo; pero también hay ocasiones en que aparece multiplicado: ¿¿¿¿¿, ?????¡Vaya usted a saber cuál será la intención!

No se debe colocar punto después de interrogación o lo exclamación. Sin embargo, muchos periodistas, educadores y profesores universitarios, sobre todo los que alardean de su larga trayectoria profesional, por mucho que se les insista, siguen incurriendo en el mismo error, por lo cual pareciera que tuvieran teflón en el cerebro (nada se les pega).

También es conveniente saber que para preguntar o exclamar, son dos signos: uno abre y otro que cierra (¿?).

¡Qué curioso, no!

Para cerrar esta entrega les comentario que el idioma español, aparte de ser muy abundante en sinónimos, tiene muchas curiosidades, de las que nunca he escrito; pero ya tendré ocasión de hacerlo.

Lo que quiero destacar en este párrafo de cierre, es que a las palabras imagen, origen, volumen, examen, margen y resumen no se les marca la tilde; pero cuando se escribe sus plurales, sí la llevan: imágenes, orígenes, volúmenes, exámenes y resúmenes.


sábado, 15 de noviembre de 2025

Muestrario de los errores más comunes [1]

Por                                 


David Figueroa Díaz

15/11/2025

En los 31 años dedicado a este trabajo de divulgación periodística he ido aprendiendo muchas cosas sobre el apasionante mundo del lenguaje escrito y oral; pero también he hecho aportes con los que una innumerable cantidad de personas han disipado dudas y han logrado solución en eso de escribir y de hablar bien, por lo cual, lo digo una vez más, me siento satisfecho y convencido de que el esfuerzo no ha sido en vano.

En ese largo recorrido mostró diversas situaciones, desde ortografía elemental, hasta complicados casos de sintaxis, semántica y sindéresis. En cada uno he procurado que el aporte satisfaga las inquietudes de esas personas que se preocupan por mejorar su escritura y expresión oral; Además de que han entendido que nunca se termina de aprender. ¡Esa debe ser la actitud!

Ese trajinar me ha deparado dos cosas: gran facilidad en el manejo del lenguaje que empleo y una visión que me permite hacer una clasificación de las impropiedades más recurrentes en los medios de comunicación (redes sociales) y en el habla cotidiana, con sus causas y consecuencias.

Paradójica y curiosamente, las más frecuentes son las más fáciles de resolver, pues no hace falta poseer grandes conocimientos, sino interés por deshacerse de esos vicios que ajan y envilecen la escritura y la forma de hablar.

En este artículo se mostrarán varios casos que recopiló de publicaciones en Facebook e Instagram, de los cuales habló en reiteradas ocasiones por separado; pero quise juntarlos para que el provecho sea mayor. Para mí, son estos los errores más frecuentes. Lo que también resulta curioso, es que las personas que más incurren en esos deslices, por su rol ante la sociedad en la que se desenvuelven, tienen la obligación moral de ser ejemplos del buen decir. ¡Hola ahí!

Echo, hecho

En este caso conviene saber que echo y hecho son vocablos homófonos, es decir, su sonido es igual; pero no significan lo mismo ni se escriben de igual manera.

El primero es del verbo echar: «Echó la basura en el lugar equivocado»; en tanto que el segundo es una forma del verbo hacer: «Ya he hecho el informe».

Además, hecho es un sustantivo que indica un suceso o una circunstancia: «Ese hecho cambió todo»; «Es un hecho: el equipo tendrá un nuevo director».

Ha, ah, a

La forma ha es del verbo haber: «Ella ha llegado tarde». La partícula ah se usa para expresar asombro, inseguridad u otra forma de reaccionar ante algo inesperado: «Ah, ya entendí». La a (sin la h) es una preposición que indica lugar, tiempo o dirección: «Voy a Caracas»; «El avión llegará a las doce del mediodía, aproximadamente»; «La fiesta comenzó a las nueve de la noche».

Es común que en redes sociales y otros espacios se confunda el uso de a con ha y ah. Es por eso que aparecen frases como: «El juez va ha revisar el caso»; «…a estado pensativo toda la tarde»; «Nos invitaron ah una fiesta de cumpleaños».

Para evitar ese mal uso, es indispensable que se sepa que cuando el fonema representado por la vocal a está precedido de un verbo en infinitivo (no conjugado), se escribe sin h: «Voy a buscar una solución»; «Va a suceder algo que todos estamos esperando»; «El alcalde va a estar todo el día en su despacho».

Cuando sea el caso de que esté acompañando a palabras terminadas en ado o en ido, se coloca con h (ha): «Ha estado lloviendo desde tempranas horas del día»; «Se ha comprobado la eficiencia del nuevo motor»; «La jefa de Talento Humano ha renunciado al cargo»; «Ha surgido un inconveniente»; «No se ha obtenido el resultado esperado»; «Nadie se ha atrevido a dar el ejemplo».

Osea, ósea, o sea

Estas tres palabras tienen un parentesco muy cercano; pero no por eso podrá usárselas indistintamente. La primera se refiere al verbo osear, que significa espantar las aves; la segunda se relaciona con huesos (conformación ósea) y la tercera es una locución que introduce una explicación o consecuencia de algo que ha sido mencionado. Es sinónimo de es decir: «Mañana será el examen final, o sea (es decir), nuestra última oportunidad de avanzar».

El venidero sábado les mostrará otros casos de usos inadecuados, que están en la lista de los que considera los más frecuentes; pero no dudo de que en el transcurso de la semana surjan otros, derivados de inquietudes de personas a las que les apasiona el tema lingüístico y regularmente leen mis escritos. ¡Para eso estoy!



sábado, 8 de noviembre de 2025

¿Para arriba o para abajo?

 

Por                                

David Figueroa Díaz   


08/11/2025

Es agradable saber que a la par de las impropiedades idiomáticas frecuentes en los medios de comunicación (especialmente redes) y en el habla cotidiana, existe en las personas que se dedican a escribir, un marcado interés por deshacerse de las dudas y adquirir soltura para hacerlo bien.

Eso es plausible, además de que es indicativo de que el trabajo de quienes se dedican a comentar sobre temas gramaticales y lingüísticos no ha sido en vano.

Pero hay algo que se debe tomar en cuenta, y es que cuando ese interés surge del desconocimiento, es riesgoso, dado que el resultado pudiera ser más perjudicial que bueno.

Por lo general, siempre me refiero a situaciones en las que los protagonistas son periodistas, locutores, educadores y otros profesionales cuya herramienta básica de trabajo es el lenguaje escrito y el oral, no porque tenga una fijación en ellos, sino porque como profesionales universitarios están obligados moralmente a ser ejemplos del buen decir.

He sido insistente en ese punto, dado que es inconcebible que tengan una ortografía peor que la de un niño de cuarto grado de educación primaria.

Conozco dos abogadas a las que por supuesto les encanta que las llamen doctoras. Una de ellas es docente en una universidad pública de Venezuela. No ha habido formas de hacerla entender la importancia de escribir bien y hablar de mejor manera.

Afortunadamente, ella no litiga, pues de hacerlo tendría muy pocas posibilidades de ganar un caso, ya que los horrores en su escritura serían suficientes para que cualquier juez no le admita un escrito, nada más por eso. Se dice, no me consta, que al afamado jurista venezolano Herman Escarrá, el TSJ (Tribunal Supremo de Justicia) le rechazó un texto por estar plagado de errores ortográficos.

Hay educadores, abogados, médicos, ingenieros, periodistas y otros profesionales que a lo mejor son muy brillantes en sus oficios; pero padecen de una pobreza léxica y una expresión oral que fluctúa entre lo ridículo y lo absurdo. A esos les encanta «dictar cátedra» en redes sociales.

Y cuando digo que a pesar de la multiplicidad de errores en las redes sociales, reitero, hay gente que se preocupa por deshacerse de esos errores que ajan y envilecen la escritura y la expresión oral.

Casi a diario aparecen publicaciones con la intención de contribuir con la disipación de las dudas; pero se debe tener cuidado, toda vez que no todo lo que se publica podrá ser considerado válido.

En los días más recientes ha estado circulando un vídeo en el que aparece un ciudadano que asegura que las expresiones «subir para arriba», «bajar para abajo» y otras parecidas son válidas, son correctas o algo así. A cada rato me llega por vía de WhatsApp, y por eso hoy quiero mostrar mi parecer sobre ese caso que ha causado una especie de revuelo.

No dudo que el audido personaje conozca la materia; pero no da una explicación convincente, además de insinuar que la Real Academia Española las autorizó. Eso me da pie para decir una vez más que la docta institución no es un tribunal para decidir cuál palabra o frase se puede utilizar y cuál no.

Su función es meramente de registro, pues si en materia de uso de vocablos fuese necesario designar una autoridad, ese honor le correspondería al pueblo hablante, que por necesidad expresiva las crea. Ahora, ¿son válidas esas expresiones? ¡Depende de la intención de quien las use!

Son una demostración de un lenguaje muy bajo, que alguien que se precie de escribir y hablar bien debería evitar, a menos que con ellas quiera causar un efecto.

Igual ocurre con la palabra «haiga», de la que muchos aseguran que la RAE la aceptó, con lo cual tienen licencia para usarla. Eso no es cierto, dado que solo ha admitido que en ciertos y determinados estratos de territorios de habla hispana muchos dicen «haiga» de vez de haya, «sube para arriba», en vez de sube; «baja para abajo», en lugar baja; pero de allí a que se haya emitido una orden, un decreto o algo parecido para que tomen el puesto que les corresponden a otras, hay un abismo.

Eso ocurre porque hay personas a las que les gusta hablar en nombre de la Real Academia Española; se autoerigen en catedráticos, aun cuando no tengan la noción mínima de la función de esa corporación.

No sé si el protagonista del video que dio pie a este artículo es lingüista, catedrático o miembro de alguna institución relacionada con el tema; pero lo cierto es que hizo que aumentaran las dudas. Decir «sube para arriba», equivale a decir «el papá suyo de usted». Para evitar complicaciones, les recomiendo que suban o bajen, nada más.


sábado, 1 de noviembre de 2025

«…hubieron muchas enseñanzas»

 

Por David Figueroa Díaz    


01/11/2025                            

De cuando en cuando acudo a la Iglesia cristiana; soy cristiano porque creo en Cristo y en lo que está plasmado en ese compendio sagrado llamado Biblia, inspirado por Dios. Creo en la oración eficaz, creo en el diezmo y no tengo dudas de que todo lo que está escrito habrá de cumplirse. No temo a lo que pueda decirse de mí; no estoy facultado ni autorizado para dictar patrones de cómo deberá conducirse la vida de nadie; pero nadie, excepto Dios, podrá hacer lo propio conmigo.

 

Leo la Biblia, oro, ayuno y procuro abstenerme de pensar e incurrir en actitudes y acciones que al Creador no le agradan; pero como ser humano, no estoy exento de pecar. Soy de los que piensan que no tiene ningún valor memorizar versículos si no se aplica la fe y la solidaridad en la vida diaria; la verdadera fe implica vivir de acuerdo con los principios que se aprenden, no solo reconocerlos intelectualmente. El que se precie de cristiano debe nutrirse del alimento espiritual para poder diferenciar la fe de simples deseos, como les ocurre a algunas personas. La fe, en mis supinos conocimientos doctrinarios, no es solo saber o memorizar, sino también actuar.

 

En una de esas visitas dominicales a la congregación, me llamó la atención algo que hoy les comentaré, sin intención de zaherir a nadie y con el deseo de que puedan sacarle el mayor provecho. El predicador, haciendo uso de una gran facilidad de expresión, logró que su exposición de la palabra de Dios fuese captada que, como se describe en Hebreos 4:12, es dinámica, poderosa y con capacidad de penetrar profundamente en la vida de una persona; solo comparable con «una espada de doble filo», que puede discernir los pensamientos e intenciones del corazón; transformar y guiar a quien la recibe.

 

Me agradó el rico léxico que empleó y la convincente explicación sobre lo que es casa y lo que es hogar. Aunque muchos piensan que son lo mismo, hay en ambos vocablos una sutil diferencia, que conviene conocer en virtud de usarlos de forma adecuada; pero incurrió en el uso incorrecto la forma hubieron, tema del que he perdido la cuenta de las veces que lo he abordado en este espacio, en talleres de lenguaje y en conversaciones informales.

 

Trataré ser lo más explícito posible, con el deseo de que sea asimilado fácilmente.

 

Esa forma verbal es un mal que ha hecho metástasis en varias áreas del saber, y por eso, muchos periodistas, educadores, locutores, los llamados influencers, abogados, ingenieros, médicos, consultores políticos y otros profesionales cuya herramienta básica de trabajo es la expresión escrita y oral, utilizan frases como la que sirve de título a este artículo.

 

¡Ahora! ¿La palabra hubieron es per se incorrecta? ¡No necesariamente!

 

Es incorrecta cuando está seguida de un sujeto, como el caso de «hubieron muchas enseñanzas», «hubieron disturbios», «hubieron detonaciones en la madrugada», «hubieron varias fluctuaciones después del mediodía», etc.

 

La forma correcta es «hubo muchas enseñanzas», «hubo disturbios», hubo detonaciones en la madrugada», «hubo varias fluctuaciones (bajones) de voltaje después del mediodía». ¿Por qué? ¡Porque cuando el verbo haber acompaña a un sujeto, debe aparecer en singular, sin importar la cantidad que se aluda en el mismo! Es indispensable saber el sujeto de la frase.

 

Igual criterio se aplica a había y habrá: «Había (no habían) muchos carros en la vía»; «Había unos quinientos policías para dispersar la manifestación de estudiantes» ¡Y una muy usada!: «Cuando sea millonario habrá (no habrán) señales».

 

¡Entonces! ¿Cuándo se usa la forma hubieron? ¡Se usa en la construcción gramatical pretérito pluscuamperfecto, que no es otra que en el caso de que haya dos acciones, y una depende de la otra!: «Cuando los alumnos hubieron terminado el examen, el profesor los dejó salir». En este caso no debe haber preocupación, pues esa forma de hubieron se usa mayormente en el lenguaje literario, y por tal razón es poco común en el habla cotidiana.

domingo, 19 de octubre de 2025

Las dudas de Liliana

 

Por

David Figueroa Díaz  


18/10/2025

He estado ausente por varios sábados; pero no me he desconectado del ámbito comunicacional: redes sociales y grupos de WhatsApp, en donde me mantengo de manera regular, aunque más como espectador que como autor; pero a veces publico uno que otro contenido.

Había estado imposibilitado de darle continuidad a mi publicación semanal, relacionada con el tema gramatical y lingüístico. La retomo con el deseo de que por lo menos pueda sostenerla hasta que finalice 2025, para lo que ya falta muy poco.

A la computadora en la que transcribía mis textos, se le dañó la fuente de poder, por las frecuentes fluctuaciones (bajones) de voltaje, derivadas del deterioro e inestabilidad del sistema eléctrico de Venezuela, que cada día se torna más angustiante.

Pude conseguir prestado un equipo que, aunque no es tan rendidor como el que se dañó, por ahora me permitirá reanudar este trabajo de divulgación periodística. Si alguien sabe dónde podrá haber una fuente para una computadora Optiplex 790, sabrá agradecerle la información.

Siempre he dicho que muchos de mis artículos en este importante medio de comunicación, surgen de inquietudes de personas que siguen de manera regular esta publicación, e incluso la han adoptado como una guía de consulta. Por eso último, hice un gran esfuerzo para reaparecer.

Les mostraré unos casos que muy gentilmente me hizo llegar Liliana Gudiño, educadora a quien no conozco personalmente; pero gracias a las bondades de la tecnología, hemos establecido una relación que nos permite compartir impresiones acerca de las impropiedades más frecuentes en los medios de comunicación, redes sociales y en el habla cotidiana. Liliana es una de las pocas docentes que hace un excelente uso del lenguaje que emplea, no tengo dudas de eso.

Me contó Liliana, que hace unos días en una tertulia con un grupo de amigos pronunció la frase «es mucha azúcar», e inmediatamente le dijeron que lo correcto es «mucho azúcar». La persona que la corrigió, ignora que la más elemental de las reglas para la igualdad de los accidentes gramaticales, sugiere que esta debe establecerse en género y número. El sustantivo azúcar es femenino y, por tanto, el elemento modificado debe serlo también.

La confusión surge porque algunos piensan que el azúcar es masculino, toda vez que por lo general aparece la frase «el azúcar» y no “la azúcar”. Se escribe de esa manera para evitar la cacofonía que produce el choque de las dos aes: «laazúcar» Igual ocurre con «el agua», «el águila» y «el área».

La otra inquietud de la profesora Liliana Gudiño es la polémica que existe sobre cuándo debe usarse el verbo poner y cuándo colocar. Las discusiones en torno a este caso son muy frecuentes y fuertes, que a veces terminan en desencuentros. Por lo general, los protagonistas de esos encontronazos verbales son personas que el único argumento que esgrimen, es que «las únicas que ponen son las gallinas», lo cual no es del todo cierto, si se toma en cuenta que ese no es el único uso del verbo poner.

Para adquirir facilidad en el manejo de este caso, se debe tener en cuenta que poner y colocar son sinónimos, y solo el contexto determinará el uso de uno u otro, para lo cual es fundamental el sentido común, que es un gran aliado en estas lides.

En muchísimas ocasiones, el verbo poner es sustituto de colocar. Por el contrario, colocar muy pocas veces puede sustituir a poner. Si quiere comprobarlo, haga una lista y verifique cada uso. Eso le permitirá disipar sus dudas, y si no lo logra, entonces, siga escudriñando, para que no busque errores en donde no los hay.


domingo, 17 de agosto de 2025

¡No hay más que insistir!


Luego de cuatro sábados ausente, hoy retomo este trabajo de divulgación periodística, destinado a aclarar dudas y proveer las herramientas básicas que permitan una escritura medianamente aceptable.

Para mí es grato saber que crece cada día el interés por deshacerse de esos vicios que ajan y envilecen la expresión escrita y oral. Digo que me es grato porque por diversas vías recibo inquietudes interesantes sobre las impropiedades más frecuentes en los medios de comunicación y en el habla cotidiana.

Durante la ausencia, que fue por motivos ajenos a mi voluntad, muchos lectores me preguntaron si había decidido retirarme. Nada de eso; solo que mis actividades que derivan de mi ocupación de periodista institucional, aunadas al hecho de que me quedó sin computadora (ordenador), hicieron que me apartara momentáneamente; y aunque todavía no he recuperado el equipo con el que normalmente elabora los textos, dispongo de uno que, aunque es muy básico, me permite seguir siendo útil a aquellas personas que han entendido la importancia de escribir bien y hablar de mejor manera.

Hoy les hablaré de varios casos que he abordado en varias oportunidades por dos razones fundamentales: porque son muy recurrentes y porque algunos lectores me piden que vuelva a mostrarlos. Y como este es un espacio para aclarar dudas y tratar de que los interesados puedan adquirir soltura, cada vez que puedo hacer un repaso, siempre con un enfoque modificado; pero con la misma finalidad.

La omisión de la preposición «a» antes del verbo hacer y otros que comienzan por la letra a, es muy frecuente en escritos publicados en redes sociales y aun en medios digitales, lo cual es indicativo de que el mal ha hecho metástasis en otras áreas. Lo cuestionable es que los autores son personas a las que siempre se les ha estimado por poseedoras de un alto nivel intelectual, lo cual como es lógico suponer, conlleva un relativo manejo de la gramática y la ortografía; pero me he topado con impropiedades que son impensables de alguien que se precie de muy cultivado.

Es frecuente leer expresiones viciadas, como: «Voy hacer la tarea», «Él va hacer un pastel», «Ella va actuar como si nada hubiera pasado, para no despertar sospechas», «Vamos armar el expediente». Cualquier lector descuidado no notará que en cada uno de los ejemplos falta la preposición «a», que en los momentos actuales ha comenzado a tornarse en un vicio difícil de combatir. Las formas correctas son: «Voy a hacer la tarea», «Él va a hacer un pastel», «Ella va a actuar como si nada hubiera pasado, para no despertar sospechas», «Vamos a armar el expediente». Como habrán podido notar, no es nada difícil; solo hace falta un poco de sentido común.      

El caso del bendito vaso de agua , del que he perdido la cuenta de las veces que lo he comentado, se mantiene vigente, pues algunos sabidillos del idioma se han empeñado en cuestionarlo sin ningún argumento que convalide su «tesis». Solo se les ocurre decir que los vasos no están hechos de agua, y lo dicen con regocijado orgullo, porque creen que ese es el único uso de la preposición «de». 

«Un vaso con agua» y «Un vaso de agua», aunque parezcan lo mismo, no lo son. Hay entre ellos una sutil diferencia que conviene conocer en función de usar ambas frases de manera adecuada. Un vaso con agua puede ser desde una gota o hasta que el vaso esté casi lleno o lleno; en tanto que un vaso de agua es la cantidad exacta del líquido preciado que cabe en un vaso, lo cual pudiera ser considerado como una forma de medir líquidos.

De no ser válida la expresión un vaso de agua, tampoco las serán «un plato de sopa», «una copa de vino», «una noche de farra», «un ventilador de techo», «un vaso de leche», «Una taza de café». Se debe tener presente que ambas formas son utilizables; con el entendido de que un vaso de agua no es incorrecto. De modo pues que, amigo lector, amiga lectora, no teman ser corregidos al pedir un vaso de agua, pues los equivocados son otros.

Cierro con una aclaración sobre setiembre y septiembre, pues hay quienes creen que el nombre del noveno mes del año estaría mal escrito si se omitiera la «p». No es cierto. Está en la lista de los vocabularios con doble ortografía. ¡Yo prefiero septiembre! ¿Y ustedes?

¡El problema es grave!

 Por  David Figueroa Díaz    24/01/2026 Es innegable que día a día crece el interés de personas por mejorar su escritura y su expresión oral...