sábado, 15 de diciembre de 2018

ARRIBAZÓN, ATARRAYA Y ACÉRRIMO

Por
David Figueroa Díaz

Hay que escribir correctamente en español

Hace pocos días un ciudadano venezolano, que se precia de ser poeta, escribió en la red social Facebook una frase que me llamó la atención, y en virtud de ello le señalé algunas impropiedades vertidas. Por supuesto que la respuesta no se hizo esperar, acompañada de comentarios de algunos usuarios que salieron en su defensa, pues estimaron que yo lo había ridiculizado, y era necesario salvar el honor del reputado poeta. Hubo incluso personas que pretendieron dictar cátedra.

Quienes me conocen y han leído mis artículos, saben que mi intención al escribir sobre asuntos gramaticales y lingüísticos, es aclarar dudas y contribuir con un mejor uso del lenguaje oral y escrito, siempre convencido de que nunca se termina de aprender, además de que no soy catedrático del idioma español.

“Estoy pensando arrejerar los anzuelos que llegó la ribason”, publicó el aludido poeta, con lo cual, supongo, quiso expresar su intención de irse de pesca o algo así, habida cuenta de que en los actuales momentos en Venezuela estamos en el período de sequía, que hace que los peces remonten el cauce de los ríos y se produzca lo que se conoce como arribazón.

Luego de mis observaciones escribió varios comentarios en los que deja traslucir su enojo y su intención de justificar el uso de la malhadada frase, con base en una supuesta autenticidad en el empleo del lenguaje, pues seguramente no tiene claro qué es ser auténtico y qué es ser chabacano.

La frase en cuestión tiene varios aspectos que conviene conocer, para no incurrir en impropiedades, evitables y  aun cuestionables, sobre todo cuando los responsables son personas que por el rol que cumplen en la sociedad, están llamados a ser ejemplos del buen decir, como poetas, escritores, docentes, periodistas y demás profesionales cuya ocupación habitual se basa en la redacción.

El común de las personas dice ribazón en lugar de arribazón, que es la palabra original, y que por comodidad en la pronunciación, muchos han adoptado. De hecho, así está registrada en el Diccionario de la Lengua Española (DLE). Pero una cosa es ribazón, que es una deformación fonética de arribazón, y otra es ribason. Sin dudas, el autor de la mencionada frase  quiso mostrar sus cualidades poéticas y amplios conocimientos gramaticales; pero ignora que arribazón o ribazón se escriben con “Z” y son palabras agudas que  tienen la mayor entonación de voz de en la última sílaba, terminadas  en “N”, y por lo tanto llevan tilde. Son palabras que aluden a una multitud, es decir, aumentativas.

Algo parecido ocurre con palabra atarraya, que la mayoría de los hablantes, por lo menos en mi país, pronuncia tarraya, por las mismas razones por las que dice ribazón en lugar de  arribazón. Pero una cosa es escribir tarraya, y otra, tarralla, como frecuentemente aparece en las principales redes sociales. Lo lamentable de todo eso es que quienes incurren en ese desliz son personas a las que se las ha estimado como cultas e instruidas.

El DLE registra tarraya, y lo señala como propio de Andalucía, Badajoz, Antillas, Nicaragua y Venezuela, por lo que se puede usar sin el temor que de algún sabidillo del lenguaje pueda cuestionarla por impropia.

De la misma gama de palabras mal utilizadas está aférrimo, muy habitual en lenguaje de algunos políticos, sobre todo en Venezuela, en donde abunda la política del micrófono y de las redes sociales. Acérrimo es sinónimo de fuerte, vigoroso, tenaz. Es un adjetivo que se aplica a varios sustantivos, para ponderar la actitud o actuación de algunas personas: “enemigo acérrimo”, “opositor acérrimo”, “perseguidor acérrimo”. También se puede usar para señalar la intransigencia, el fanatismo o el extremismo de alguien.

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