martes, 17 de abril de 2018

EL HABITO DE ESCRIBIR

Por: Marcos David Figueroa

Siempre he dicho que para escribir medianamente aceptable, es indispensable poseer algunos conocimientos básicos, como por ejemplo las palabras por la índole de la entonación, signos de puntuación y las partes de la oración. Si alguien con vocación por la escritura sabe lo que es una palabra aguda, grave o esdrújula; si está en capacidad de conocer la función de las palabras dentro de las diferentes estructuras; y si sabe usar de manera relativa los signos de puntuación, sin dudas podrá convertirse en un excelente redactor. Para redactar bien, lo digo una vez más, no es necesario conocer gramática, pues existen y han existido periodistas y escritores que no tienen o no tuvieron profundos conocimientos gramaticales, y sin embargo escriben o escribieron con propiedad y elegancia. Pero hay otros que, aun cuando estudiaron en instituciones de cierto prestigio, su escritura carece de los elementos básicos que se adquieren en la educación primaria y se repasan en el bachillerato y en la universidad.

Todo este cuento viene a colación en virtud de que hoy día han resurgido las impropiedades que en el pasado habían quedado relegadas. Muchos  protagonistas son personajes de los que sería impensable una falta gramatical u ortográfica, dada su formación académica. Las denominadas redes sociales están plagadas de errores, al punto de que algunas personas, con cierta dosis de humor y a manera de chanza, han propuesto que Facebook y Twitter impongan la obligación de rendir una prueba de admisión basada en conocimientos ortográficos, o en el peor de los casos, que les sea anulada la cuenta a los que de manera frecuente destrozan el idioma español.

Sin dudas que lo anterior pudo haber sido o es un chiste, una muestra de creatividad; pero deja entrever la intención de que esos instrumentos de la comunicación actual sean depurados, en virtud de que cumplan la función para la que fueron creados. Lo lamentable es que cuando alguien se atreve a hacerles una corrección, inmediatamente esgrimen los argumentos más absurdos, como el de una periodista de las nuevas generaciones, que solía promover y desarrollar cursos, talleres y diplomados para profesionales universitarios y estudiantes. Ante una observación mia sobre unos errores en un breve texto suyo, de cuatro o cinco líneas en Facebook, la joven y atractiva comunicadora me respondió que ella escribía de esa forma, porque esa era la tendencia actual, usada para llamar la atención. Luego de reponerme del impacto que me produjo semejante respuesta, le di mi parecer, y con mucho respeto, pero con firmeza, le recalqué que lo de ella no era un recurso para sobresalir ni una innovación comunicacional de las nuevas generaciones, sino simple y llanamente errores ortográficos, que se eliminan muy fácilmente, siempre que haya la intención de admitirlos, cuestionables desde todo punto de vista, máxime en alguien que como ella, está llamada a ser ejemplo del buen decir y mejor escribir, por su condición de periodista y locutora. Para llamar la atención, estimados lectores y colegas periodistas, no hay nada mejor que escribir con sencillez y claridad, y para eso es necesario obtener los conocimientos básicos, mencionados en la introducción de este escrito, además de  admitir los errores y aprender de los que saben.

Y no solo las redes sociales están invadidas de impropiedades, pues solo basta con abrir un periódico, para toparse con verdaderos horrores que denuncian la incultura y desconocimiento de sus autores. Algunos impresos por diversas razones, han eliminado la figura del corrector, y por eso a diario se ven antetítulos, títulos, sumarios, cuerpo de la información y fotoleyendas, con faltas de tilde, puntuación inadecuada y errores semánticos, producto, en primer lugar del descuido, y en segundo, del desconocimiento, pues el hecho de ser periodistas no significa que manejen la escritura con facilidad. Hay, por supuesto, contadas y honrosas excepciones. 

Practico el habito de la escritura desde hace varios años, dado que me inicié como articulista de este diario en 1983, cuando tenía apenas 17 años y estudiaba bachillerato en la siempre recordada Escuela Técnica Industrial Acarigua, de la que egresé el 27 de julio de 1984, hace ya casi treinta y cuatro años. Me desenvuelvo con facilidad en el ámbito periodístico; pero me considero más lingüista que periodista, aunque amo mi profesión y ocupación de diarista.

dfigueroa64@gmail.com
@nuestroidioma65 
nuestroidioma65.blogspot.com                                             
   

     
                                    

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