sábado, 31 de agosto de 2019

¡Un problema grave, agudo y esdrújulo!

NUESTRO IDIOMA

El artículo del sábado 17 de agosto de 2019 motivó varios comentarios, entre ellos uno del colega venezolano Héctor González Burgos, joven talentoso, con quien cursé estudios de Comunicación Social en la siempre recordada Universidad Católica Cecilio Acosta de Maracaibo, Centro Local de Apoyo Barquisimeto.
Héctor es además escritor y aficionado del buen decir, lo cual lo distingue del grupo de periodistas que en la actualidad ejercen el noble oficio de educar, entretener e informar. Es corresponsal en el estado Cojedes de un importante canal de televisión nacional. Su inquietud son las frecuentes impropiedades en cuanto a la tilde, especialmente en las palabras agudas, cuyos autores son personas a las que sería impensable tacharles un error de esa naturaleza, dada su condición de profesionales que usan el lenguaje como herramienta básica de trabajo.
La  preocupación de este diarista y además deportista, me dio pie para volver una vez más sobre el tema de las palabras por la índole de la entonación, que se han convertido, además de agudo, en un problema grave y esdrújulo, y por eso trataré de contribuir con la disipación de las dudas, con ejemplos claros y sencillos.
Siempre he dicho que el meollo del asunto está en que muchas personas no tienen claro lo que es el acento y lo que es la tilde, diferencia sutil que conviene advertir en función de evitar confusiones y por ende errores. Hay quienes confunden entonación con terminación, y aunque tengan una pequeña noción del tema, omiten la tilde, y la colocan en donde no debe ir, como en el caso de “vinierón”, “estudiarón”, “discutierón”, “Nelsón”, etc. Todas terminan en  “N”; pero la mayor entonación de voz está en penúltima sílaba. No llevan tilde: vinieron, estudiaron, discutieron, Nelson.
Las palabras por su entonación se clasifican en agudas, graves, esdrújulas y sobresdrújulas, y aunque son un caso sencillo, se han convertido en el dolor de cabeza de muchos redactores, profesionales y no profesionales, muchos de los cuales se precian de no tener errores ortográficos.
Las agudas son las que tienen la mayor entonación de voz (acento) en la última sílaba. Esa mayor fuerza en la expresión se marca con una tilde (´) en la última sílaba, que se les coloca cuando termina en vocal o en consonante “N” o “S”: ají, balcón, balón, camión, café, maní, estás, vendrás, estudiarás, llevó, publicó, etc. El enunciado de esta modalidad de palabras advierte que no todas las palabras agudas deben llevar tilde; pues arroz, barniz, candil, mercantil, David, perfil, alcohol, estudiar, vencer, etc., son igualmente agudas. No se les coloca la tilde porque no terminan en vocal ni en consonante “N” o “S”.
Las palabras llanas (o graves, que es lo mismo) son aquellas donde la mayor intensidad de voz (sílaba tónica) se ubica en la penúltima sílaba. Se les coloca la tilde cuando terminan en cualquier consonante menos “N” o “S”, y si terminan en vocal, tampoco se les coloca: ángel, azúcar, fácil, dólar, dócil, fósil, Héctor, Néstor, débil, etc. Llanas también son: abanico, abuela, mochila, cuaderno, nube, muestra, cuchara, peine, cinta, etc. Cabe destacar que entre este tipo de palabras están las que terminan en ía, que debe colocárseles la tilde para evitar el diptongo: María, venía, quería, energía, entendía, prometía, desearía, despertaría, convendría, etc.
Las esdrújulas son las que su mayor entonación de voz está en la antepenúltima sílaba. Son las menos complicadas, dado que a todas se les coloca la tilde: cámara, cábala, sábana, método, módico, plástico, clásico, súbito, rústico, etc. Las sobresdrújulas son una variante de las esdrújulas, y llevan la tilde en la sílaba anterior a la antepenúltima: acláraselo, ábremelo, bébanselo, coménteselo, demuéstramelo, dibújamelo, enfríaselo, escóndeselo, entrégaselo, etc.
Como habrán podido notar, el asunto de la tilde y el acento no es una cosa que debe atemorizar a nadie, toda vez que solo es necesario un poquito de sentido común para saber distinguir entre acento y tilde, memorizar las reglas para la colocación u omisión, y sobre todo tomar en cuenta la importancia de escribir con propiedad, sin que eso signifique erigirse en un erudito de la gramática. Para una buena escritura no es necesario ser individuo de número de la Real Academia Española. Cabe acotar que las sílabas se cuentan de derecha a izquierda, en el siguiente orden: última, penúltima y antepenúltima.

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